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El balance de los gobiernos del Frente para la Victoria dejó algo más que una “pesada herencia” en el área de Defensa: contribuyó fuertemente a la indefensión de la Argentina dentro de un proceso de brutal decadencia e irrefrenable pérdida de capacidades, medios y recursos, que se inicia en el sector luego de la Guerra de Malvinas. Cabe decir que no hay protección de la Nación ni respaldo de una política exterior soberana sin capacidades de defensa.

El valor estratégico del Atlántico Sur.
Los espacios geográficos particulares en cuanto a su posición relativa, cambian su valoración estratégica a lo largo del tiempo, según la evolución de la situación internacional; en particular con posterioridad a cada una de las grandes guerras mundiales o imperiales y a la evolución tecnológica que siempre las acompaña, en un proceso de realineamientos y búsqueda de equilibrios, que conocemos como posguerras, conducidas por el núcleo de poder triunfante.

 

Las Islas del Atlántico Sur, en particular las Islas Malvinas, han tenido alternativamente valores diferenciados, según las necesidades de la potencia hegemónica que moderara esas posguerras, la Pax en curso, a través de los años.

 

En 1833, cuando Londres produce la usurpación con un acto de violencia, lo hace con una embarcación de bandera estadounidense, desplazando al gobierno y población argentinos hacia el continente y reemplazándolos por ocupantes ingleses. En esa oportunidad, el valor estratégico prioritario era “económico”.

 

En 1982, cuando el Reino Unido produce el “detonante de crisis” en las Islas Georgias, con un incidente provocado y por consiguiente con la agresión que nos lleva a una “guerra limitada”, el objetivo estratégico en juego era eminentemente “político-estratégico-militar”,en el escenario de la lógica bipolar Este-Oeste.

 

Los entretelones de la política internacional son fundamentales para entender por qué ingresamos en un estado de guerra sin proponérnoslo.

 

Podemos empezar cuando  EE.UU. ,(Nixon-Kissinger) con la visita a Pekín (al “gigante dormido”) de 1972, presionando a Moscú y luego con la aparición del Trilateralismo en 1973.

 

Se denomina con esta palabra a las ideas y estrategias sustentadas por la Comisión Trilateral constituida en Tokio el 23 de octubre de 1973 por empresarios, políticos, economistas y diplomáticos influyentes de Estados Unidos, Europa y Japón con el propósito de buscar una mayor cohesión, dentro del mundo occidental, entre las grandes <corporaciones transnacionales a fin de fortalecer el poder del capitalismo y resistir la presión de los países comunistas de ese tiempo y de los del tercer mundo.

 

Su carta fundacional señala que se necesita “la creación de una comunidad de naciones desarrolladas que pueda hacer frente con efectividad a los más grandes desafíos que afectan a la humanidad”. Pero el senador norteamericano y candidato presidencial Barry Goldwater expresó en 1979 que “lo que realmente desean los trilateralistas es la creación de un poder económico mundial superior a los gobiernos políticos de las naciones y/o Estados implicados. Como creadores y gerentes de este sistema, ellos manejarían el mundo”.

 

Barry Goldwater
La idea original y sus fundamentos teóricos se deben al político norteamericano Zbigniew Brzezinski, que seis años más tarde se convirtió en asesor del presidente Jimmy Carter de los Estados Unidos, quien propuso, después del desastre de Vietnam, que los Estados Unidos compartieran su poder con las otras dos partes del sistema económico trilateral: Japón y Europa (especialmente Alemania).

 

Zbigniew Brzezinski
James Carter

 

Además James Carter, en 1979, consolida la relación con China restableciendo relaciones diplomáticas plenas.

 

Con el acceso de Carter al poder, la Comisión Trilateral, inspirada por  Brzezinski y
conducida por David Rockefeller, intentó un gobierno mundial a través de un “socialismo diversificado”.
David Rockefeller
La respuesta de la URSS a través de su premier Leonid Brezhnev no se hizo esperar.
Los rusos reaccionaron ocupando Afganistán, la única salida rusa al Indico a través de las murallas montañosas de su límite Sur, completando el cerco de China. (Afganistán, India, Vietnam y Siberia).

 

Leonid Brezhnev

 

Esta maniobra se complementa con acciones políticas y revolucionarias (dirigidas contra la NATO) que controlarán la “yugular del petróleo”. (Irak, Adén, Egipto, El Cuerno de África, Mozambique, Angola y  Guinea).

 

En el Caribe, la revolución cubana salta al continente, con los sandinistas en Nicaragua, orientándose a Guatemala y a Chiapas. El Almirante Sergéi  Gorshkov ya había declarado que la Armada Soviética estaba presente en todos los mares del mundo, gracias a un plan de construcciones navales sin precedentes.
En diciembre de 1979 los ministros de Asuntos Exteriores de los países miembros de la OTAN aprobaron la decisión de instalar en Europa occidental 464 misiles de crucero y 108 cohetes «Pershing 2», cuyo alcance les permitía llegar a la Unión Soviética. Estas 572 nuevas armas atómicas («euromisiles») vendrían a sumarse a las más de 7 000 que la OTAN poseía ya almacenadas en suelo europeo y suponían un innegable impulso a la carrera de armamentos.

 

Sin embargo, esta decisión estaba muy lejos de haber recibido la unanimidad de los estados afectados: Noruega y Dinamarca no aceptaban armas nucleares dentro de sus fronteras, Bélgica y Holanda manifestaron serias reticencias al respecto y en Alemania Occidental, Italia y Reino Unido la opinión pública era claramente contestataria. Entre los países señalados como receptores de las nuevas armas, Reino Unido era el más firme partidario de la instalación de euromisiles, pero la decisión final no estaba clara ante el resultado incierto de las próximas elecciones.

 

Una sucesión de hechos obscuros complicaron el asunto, como el derribo de un avión comercial italiano (junio 1980) o el accidente de un submarino soviético cerca de la base naval sueca de Karlskrona (octubre 1981), al parecer durante un minado nuclear de los estrechos escandinavos. En tal clima de tensión se podía saltar sin transición del agudo estado de alerta al fuego cruzado nuclear, con el agravante de que los miembros europeos de la OTAN, cuyos ejércitos contribuían en la Organización con casi el 90% de tropas, carros de combate y aviones, no estaban dispuestos a poner en peligro su economía encareciendo los presupuestos militares y padecían una crisis de confianza en sí mismos.

 

La inflexible política monetarista aplicada por el Gobierno conservador de Margaret Thatcher se había plasmado en un aumento espectacular del desempleo y las bajas de la producción industrial y de las exportaciones de bienes manufacturados, lo que se concretó en un avance de la izquierda laborista, que afirmaba su oposición a la nuclearización del país.

 

En marzo de 1981 la izquierda laborista quedó dividida con el providencial lanzamiento de un nuevo partido de centro-izquierda, socialdemócrata, que rompió formalmente con el Partido Laborista. Los problemas de este partido no confirmaron la seguridad de la primera ministra conservadora para un segundo mandato y la izquierda, aun dividida, se oponía a los planes de la OTAN: el Partido Liberal, en su congreso de septiembre de 1981, aprobó la condena de la instalación de los euromisiles norteamericanos en territorio británico; y el Partido Laboralista, en su congreso de octubre en Brighton, aprobó una resolución a favor del desarme nuclear unilateral y el cierre de las bases extranjeras.

 

En Estados Unidos se produce entonces la reacción con “la nueva derecha” a través de un grupo de intelectuales, organizados como “Grupo de Santa Fe”. Eligen a un ex gobernador de California, actor de Hollywood, con facilidad para desarrollar un nuevo discurso político –Ronald Reagan- y le entregan la posibilidad de salir del juego ofensivo de la disuasión nuclear.

 

En 1981 “la Nueva Derecha Americana” retomó el poder en Washington:
• intervino en Grenada,
• redesplegó los misiles de corto y medio alcance en Europa (luego de la Guerra de Malvinas),
• enunció la resolución de llevar adelante la Iniciativa de Defensa Estratégica,
• apoyó la llegada de Solidaridad al gobierno de Polonia y a los opositores de los gobiernos marxistas en Nicaragua, Angola, Etiopía y Afganistán,
• equipó militarmente a Israel frente a Siria, apoyada por los soviéticos en El Líbano.

 

Lanzaron una opción muy importante, -que conllevaba la necesidad de sostener a Margaret Thatcher en Inglaterra – quién tenía sólo el 10% de la opinión pública a su favor, después de haber vendido la flota de superficie, el emblema del imperio-.

 

Reagan necesitaba reinstalar en Europa los misiles de corto y mediano alcance, que habían sido retirados por James Carter. La única potencia europea que aceptaba el retorno, era el Reino Unido. Allí surge la necesidad de un “hecho político-estratégico”: se planifica una guerra y se logra una victoria.
Thatcher-Reagan

GUERRA DE MALVINAS

CAUSAS INMEDIATAS DEL CONFLICTO

El enfrentamiento entre Argentina y Gran Bretaña se inicia a partir de las actividades empresarias de un argentino, Constantino Davidoff. Su actividad principal eran los negocios relacionados con la chatarra.

Constantino Davidoff (actual)

 

En el mes de Septiembre de 1979 firmó en Londres un contrato con la empresa Christian Salvensen de Edimburgo, adquiriendo las instalaciones balleneras abandonadas en las islas Georgias, a un valor inferior a los u$s 200.000.

Esto representaba un brillante negocio que dejaría excelentes ganancias, pues el precio de la chatarra, permitiría en ese momento obtener cifras cercanas a los u$s 10.000.000. Para desmantelar las instalaciones era necesario transportar a las islas personal y equipos.

Davidoff gestionó en la Embajada Británica en Buenos Aires el servicio del buque antártico HMS Endurance, de la armada británica. Pero su pedido fue denegado y, seguidamente, la Armada Argentina se pone a su disposición para llevar a cabo la tarea.

En Diciembre de 1981, Davidoff zarpa con destino a Puerto Leith, llegando a la Bahía Stromness unos días después. Si bien Davidoff envió una carta comunicando a la Embajada Británica su viaje al archipiélago de Malvinas, no especificó que lo haría en un barco de las características del rompehielos ARA Almirante Irizar, ni que se dirigiría directamente a las Georgias sin antes tramitar su desembarco en Grytviken. Este breve viaje sirvió para tomar fotografías (3500) e inventariar el material existente en las ex-factorías.

El 19 de Marzo de 1982, nuevamente Davidoff regresa a las Georgias, pero ahora en el buque de la armada ARA Bahía Buen Suceso, que llevaba 41 personas, en su mayoría operarios, que permanecerían unos 4 meses realizando las tareas de desmantelamiento.

En este desembarco se produce el hecho que se utilizó como desencadenante del conflicto, y por el cual las autoridades británicas acusaron formalmente a los argentinos: el izado de una bandera argentina.

Al desembarcar los argentinos, las autoridades británicas en Grytviken notificaron al gobernador de Malvinas Rex Hunt sobre una bandera argentina izada. El Foreign Office ordenó el envío del navío HMS Endurance con el objeto de obligar a los operarios a arrear la bandera y evitar además el supuesto desembarco de personal militar y armas de fuego.

El 21 de Marzo, zarpa de regreso el ARA Bahía Buen Suceso, dejando al grupo de Davidoff en tierra para proseguir con sus tareas. El HMS Endurance debía llegar a Leith el día 24 de Marzo, pero por órdenes del canciller de Gran Bretaña Lord Carrington, el buque debió aguardar en Grytviken. Simultáneamente se solicitó al gobierno argentino que dispusiera el regreso del Bahía Buen Suceso a Leith para ser éste quien desalojara a los operarios allí apostados.

El 23 de Marzo, la Junta Militar, en respuesta a los sucesos de Leith, envía el transporte ARA Bahía Paraíso, que se encontraba en Orcadas con el grupo Alfa a bordo (formado por comandos de marina, denominados “Lagartos”, al mando del Teniente de Navío Alfredo Astiz).

Alfredo Astiz

Llegan a Georgias el día 24 de Marzo a las 23:40 hs. Su misión era la de evitar que los marines ingleses del HMS Endurance desalojaran por la fuerza a los trabajadores argentinos. Se suceden una serie de reuniones y conversaciones de alto nivel mandatario, con las que se buscaba suavizar el tono de la negociación diplomática.

El gobierno argentino quería realizar una ocupación no violenta de las islas, estableciendo presencia firme en ellas y provocar que las fuentes diplomáticas británicas tomaran iniciativas para encontrar una solución de fondo sobre la Soberanía en Malvinas. La opinión internacional favorecía el reclamo de nuestro país sobre la Soberanía en Malvinas.

Gran Bretaña sólo podía establecer un panorama geopolítico tal que indujera al gobierno argentino a considerar la ocupación militar de las islas como única solución viable.

Se había llegado a un punto sin retorno, la acciones militares eran inminentes…

El gobierno militar consideró, a finales de 1981, que a pesar de las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas y de los esfuerzos diplomáticos y económicos argentinos, el Reino Unido no accedería a negociar sobre la soberanía.

Por tanto, la Junta Militar previó una alternativa militar para el caso de que fracasaran las tratativas diplomáticas.

Aprobó la idea del Almirante Jorge Isaac Anaya de recuperar las Malvinas mediante una acción sorpresiva e incruenta para las fuerzas inglesas, y posteriormente negociar el traspaso de la soberanía.

Anaya, Galtieri y Lami Dozo

Se creó una Comisión de Trabajo Conjunta para realizar el planeamiento de la recuperación. La Comisión de Trabajo estableció como fecha más temprana para realizar la operación el 15 de mayo. Sin embargo, durante marzo de 1982 se producen acontecimientos que alteraron esa fecha, e incluso, lo que era sólo una alternativa se transformó en el objetivo principal.

Por lo expuesto la Junta Militar decidió recuperar las islas Malvinas el día 1º de abril de 1982, basando la acción en las siguientes suposiciones:

-Que el Reino Unido no reaccionaría con violencia.
-Que EEUU se mantendría al margen.
-Que se podría controlar la crisis y, por lo tanto, habrían negociaciones por la cesión de la soberanía.

Así, la Argentina buscó recuperar un espacio territorial cuya legitimidad ha sido reconocida por los organismos internacionales con injerencia en el caso: la ONU, al reconocer la naturaleza colonial de diferendo en su Resolución 1514 y la validez de los reclamos argentinos sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur en su Resolución 2065, invitando a ambos gobiernos a mantener negociaciones por el futuro de las islas.

La cronología del desarrollo de la guerra no es objeto para esta página, sí sus consecuencias.

La Argentina fue víctima de una magistral operación de “engaño” por parte de los “anglo-norteamericanos” pero la responsabilidad principal recae sobre los Estados Unidos. El gobierno militar argentino y las autoridades de la Cancillería Argentina no están exentas de las suyas, por su ignorancia e incompetencia por no haber podido detectar y desconocer las especiales aptitudes de estos países para las acciones pérfidas.

Estados Unidos en lugar de ser un “favorecedor” de la causa Argentina como se presentaba o un actor neutral, por el contrario, fue un aliado activo de Gran Bretaña, tomando la iniciativa de calificarnos como un “país agresor”, habilitando y apoyando así la “solución militar inglesa”. Además facilitó a Inglaterra, desde antes del 2 de abril, un apoyo irrestricto de inteligencia, logístico y de equipamiento militar, hasta ofrecerle el portaviones USS Eisenhower.

Lo primero que tenemos que decir es que esta etapa de la guerra en el Atlántico Sur tiene como agresor al Reino Unido a pesar que hay una mayoría de argentinos que creen que el agresor fue la Argentina.

A tal punto ha llegado la mala comunicación de la política de defensa, que tenemos cambiado hasta las visiones del problema.

El Reino Unido puso un señuelo en Grytviken y la Argentina mordió el anzuelo.

A partir de ahí se produce una escalada que permitía ir a una negociación que estaba abierta.

En Washington se creyó que valía la pena hacer un esfuerzo diplomático para tratar de resolver el conflicto y, así, no verse obligado a perder a su aliado sudamericano, al que seguía necesitando para sofocar los incendios centroamericanos.

El 6 de abril, Alexander Haig, general y secretario de Estado de Reagan, citó al canciller argentino Nicanor Costa Méndez para iniciar conversaciones personales en Washington. En un clima de simpatía mutua, ambos barajaron la posibilidad de abortar la invasión militar argentina y la expedición de la Task Force británica, mediante la creación de un gobierno interino tripartito de las islas Argentina, Gran Bretaña y Estados Unidos mientras se buscaba una solución global.Con esa idea bajo el brazo, al día siguiente Haig partió hacia Londres para comenzar su shuttle diplomacy (diplomacia itinerante) al estilo Henry Kissinger.

Galtieri-Costa Méndez-Haig

Pero Haig no iba a encontrar la misma receptividad en los británicos, que no alcanzaban a comprender la neutralidad, al menos aparente, de EEUU en el conflicto. En el avión se enteró de que Londres había establecido un bloqueo naval y una zona de exclusión marítima de 320 kilómetros en torno a las Malvinas, dentro de la cual todo barco de guerra argentino sería atacado.

 El 30 de abril de 1982, el propio Haig, evidentemente preocupado, se comunicó con el presidente peruano Fernando Belaúnde Terry , que hablaba inglés fluido, y le dijo: “Lo llamo a usted por encargo directo del presidente Ronald Reagan”.

Haig no era cualquier general sino un jefe con honores y medallas, héroe de la guerra de Corea, asistente del general Douglas Mac Arthur. “¿Qué quiere que haga?”, preguntó Belaúnde. “Llame usted a Galtieri”, le dijo Haig, y le explicó que era útil la buena relación de Perú con la Argentina.

Cuando Belaúnde acepta que llamará, Haig agrega: “Oiga, esto se lo digo como militar y como general. Gran Bretaña ganará de todas maneras, y mandará los barcos y los aviones que tenga que mandar hasta triunfar. Intervenga ante Galtieri porque no hay vueltas”.

Ante la posibilidad de llegar a un estado de negociación  Margaret Thatcher  comete un error.

El error fue aceptar negociar .Entonces cuando el comité de crisis de Londres se enteró le dijo, “necesariamente tenemos que hundir al crucero General Belgrano” de modo tal que no se caiga la posibilidad de una victoria.

Las razones de esa necesidad eran de políticas internas del Reino Unido, y de políticas estratégicas de Estados Unidos ya que Reagan  tenía que volver a colocar los misiles de mediano y corto alcance en Europa que Carter había retirado.

Por eso es que tiene de secretario de estado a un general de 4 estrellas ,el general Haig, que es el que está involucrado en este proceso para que no haya posibilidad alguna de evitar la necesaria victoria de las armas de la NATO. Esto es lo que pasó allí.

Thatcher entonces adelanta las elecciones después de la victoria y las gana. Se recupera el control del paso oceánico sudafricano. Cuando la Comisión Trilateral impuso los derechos humanos sobre el “apartheid” en Sudáfrica, la respuesta de ese gobierno fue retirar a los americanos la base naval de Simons Town, donde estaban los sensores que controlan el paso de los petroleros y los submarinos nucleares.
Los asentamientos de reemplazo de los sensores electrónicos para la detección de los submarinos nucleares, se reinstalarán en las islas Juan García, Asunción, Malvinas y de Pascua.
Era necesario sostener en las Islas Malvinas a una potencia “confiable” y Argentina no
llenaba esa condición.

 

Pero  además la derrota argentina en combate produce el colapso del Proceso y el colapso del Proceso permite que los elementos del entrismo revolucionario en los dos partidos más importante sean los que ingresan en el Congreso a dictar las leyes que se dan en la década del 80.

Las secuelas del militarismo dictatorial ocasionaron graves quiebres en la sociedad argentina. Esto, sumado a la despreocupación política, ha imposibilitado modernizar y perfeccionar su sistema de Defensa.

La década del 80 es una década negra para la Argentina porque ahí es donde se produce este cambio cultural que trae las consecuencias que vivimos hoy.

El que no entiende esto sigue hablando de lo anecdótico  y no de lo central.

Este es la gran importancia que ha tenido la guerra del Atlántico Sur .El colapso de un proceso que entregó con los brazos caídos el poder a un hombre que no era radical, no era de la Unión Cívica de Alem era un social demócrata que venía asociado como sabemos con los  estalinistas y lo vemos ahora con los kirchneristas.

Veinticuatro horas después de hacerse cargo Raúl Alfonsín el 10 de Diciembre de 1983 firma el decreto 158/83 .El borrador de ese decreto lo trae el doctor Carlos Nino de Oxford.
Carlos Nino
Oxford es la universidad donde se forma la inteligencia británica de las fuerzas armadas y  del  Foreign Office . Ese decreto es una operación de aproximación indirecta perfecta, magnifica, que no puede ser entendida por la mentalidad lineal del argentino occidental, que no ve lo que es la aproximación indirecta, ve lo que es directo.

 

Esta decisión del Dr. Alfonsín violó el Art. 18 de la Constitución Nacional que dice: “Ningún habitante puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa…..”

La manipulación y tergiversación de la información que fundamentan el decreto y los considerandos ya analizados  demostraron que la decisión para juzgar a las Juntas del proceso estaba tomada con anterioridad y no interesaba si la forma de lograrla estaba al margen de la Constitución y sus leyes. Sólo querían cumplir el objetivo propuesto: desprestigiar a las FFAA y debilitar su imagen ante la opinión pública para disminuir de una vez y para siempre el papel político de la FFAA en el futuro del país, aún a costa de afectar la defensa nacional.

El empecinamiento de no querer considerar que lo acontecido fue una “guerra interna” tenía como base “la teoría de los dos demonios” esbozada por Alfonsín .
CONSECUENCIAS

Charles Darwin  hace ya largo tiempo señaló que en el mundo “no sobrevive el más fuerte, sino el más apto”. Sin embargo, entre nosotros pareciera que éste concepto aun no se asimiló. Ante el clamor generalizado por el grave nivel de inseguridad alcanzado, nuestros dirigentes prometen aumentar el número de policías o bien, conocido el fracaso del sistema educativo, responden elevando el presupuesto del área. Con ello nuestros representantes entienden que han satisfecho el reclamo de sus representados. Es evidente que no han entendido a Charles Darwin. ¿O no lo quieren entender?

Si captamos la idea del inglés, antes de actuar deberíamos reparar en la naturaleza y categoría del desafío a resolver: conceptualizarlo y luego adoptar el modo de acción más apto, factible y aceptable. No es solo una sencilla respuesta de cuantificación. Es necesario ingresar en la compleja comprensión del nuevo fenómeno, provocado por la aceleración de la innovación producida por la investigación y el desarrollo científico-tecnológico. Gran parte de nuestra ideologizada y aculturizada dirigencia está estratificada en el tiempo de la primera revolución industrial y en el ámbito de la finalizada guerra fría.

En 1984 los argentinos acumulábamos las experiencias directas de dos recientes guerras, hijas de la presencia de los arsenales QBN (Químico-Biológico-Nuclear) en el hemisferio Norte, desde 1947. En el Estado Mayor Conjunto Argentino, el Tte Gral. Julio Jorge Fernández Torres resolvió aprovechar ese conocimiento, adquirido a altísimo precio. El Ministro de Defensa del presidente Alfonsín ,Raúl Borrás ,apoyó la iniciativa y se avanzó rápidamente en el planeamiento de transformaciones estructurales en el área de la Seguridad Nacional.

Alfonsín-Borrás

Desgraciadamente, a partir de la muerte del Ministro a fines del ´84, no solo se retrogradó y anuló todo lo hecho, sino que en el Congreso Nacional los “entrismos” (del ERP, en la representación radical -la coordinadora- y de Montoneros, en el peronismo renovador -la cafieradora-) lograron, entre 1988 y 1991 la aprobación de la legislación de Seguridad Nacional, vigente actualmente.

Allí está la clave de la actual y total indefensión e inseguridad argentinas.

Es en esos años críticos cuando la Renovación Peronista pierde las elecciones primarias en su bastión bonaerense y la UCR ingresa a la Internacional Socialista. El partido de Alem, Irigoyen y Alvear transmuta a la social-democracia y el Justicialismo se “desperoniza”. El “relato” profundiza su intensidad, permeando a las masas, pero especialmente está dirigido a las clases medias, para llevarla a una transculturación gramsciana: “deben ser socialistas -marxistas- sin saberlo ni quererlo”.

Las leyes de Defensa Nacional -1988- y de Seguridad Interior -1991- se construyeron desde la ideología revolucionaria derrotada en combate en los ´60, ´70 y ´80. Fueron promulgadas en el momento histórico en que terminaba la guerra fría y emergían “nuevas amenazas y riesgos estratégicos”.

Pero el legislador, cooptado ideológicamente, no consideró la naturaleza y tipología de los nuevos conflictos, para evitarlos, a través de la reorganización institucional de la Seguridad Nacional. Su objetivo fue otro. Se dictaron estas leyes para anular a las FFAA en el cumplimiento de sus roles constitucionales y para proscribirlas dentro del propio Estado.

Este despropósito legal complicó las funciones establecidas para las Fuerzas de Seguridad y Policiales, que debieron salir de sus andariveles naturales asumiendo responsabilidades estratégicas, que les eran ajenas, sufriendo sucesivas sangrías y el castigo de un desprestigio permanente. Progresivamente el crimen organizado y el delito común crecieron exponencialmente a lo largo de las tres últimas décadas.

Nuestros estrategas civiles no consideraron construir lo más “apto para sobrevivir” sino lo más conveniente para alcanzar, por ésta vía, la “pseudo-revolución marxista” que había fracasado con las armas. Para ello se creó el “relato”, que aun hoy mantiene como eje a la “política de derechos humanos”, vaca sagrada intocable, a pesar de los graves delitos cometidos por sus principales abanderadas. Así se anestesió al electorado, principalmente urbano y de clase media.

Las consecuencias de esta perversidad están a la vista y ello obliga al estalinismo y a la socialdemocracia -bolcheviques y mencheviques- encubiertos como “progresistas” -hoy mayoría en el Congreso Nacional- a retener al “relato”. El complejo “progresismo” encubierto como opositor, ha votado toda la legislación propuesta por el Ejecutivo de los Kirchner, ayudando a profundizar con hipocresía las falacias de “el modelo”, como necesaria condición de continuidad y alternancia en el poder de los “aliados”.

El eje y común denominador de ésta disimulada “alianza revolucionaria” seguirá siendo la “política de derechos humanos y el igualitarismo”, con futuras consecuencias políticas ya programadas e inevitables: a) la reforma constitucional sobre el modelo cubano, b) el total control político de las FFAA , de la Justicia y de los medios y c) la consolidación de una “pseudo-democracia” de partido único.

El relevo o alternancia en el poder dentro de la “alianza revolucionaria” entre bolcheviques estalinistas y mencheviques gramscianos, estuvo como deseo hasta las elecciones del 2015 donde se vio interrumpido, por suerte, por el triunfo de Mauricio Macri.

Hoy gran parte de la clase política argentina ha borrado de modo tácito la Defensa Nacional como tema. Educación puede ser una “asignatura pendiente”, asunto que no se arregla pero de lo que al menos se discute. El avance sobre la Justicia pareciera ser el tema central. De Defensa casi no se habla, ni en campaña electoral ni en el debate parlamentario. ¿Con qué resultados? Uno muy evidente es el creciente estado de indefensión e inseguridad del país.

Urge rescatar la institucionalidad de las fuerzas armadas y su respeto ante el pueblo de la Argentina. La gran mayoría abriga esperanzas de que políticos, diplomáticos, trabajadores humanitarios, dirigentes, transformen los conflictos en paz y las amenazas en esperanzas, y se encuentre la manera de vivir en armonía sin violencia ni opresión. Pero hasta que llegue ese día tendremos que hacer que los ideales y los errores humanos encuentren un punto medio. Es importante dejar en claro que es necesario impedir la politización de las FF.AA. bajo la noción de control civil objetivo y la profesionalización de las mismas, defendiendo a sus hombres y mujeres que están dispuestos a arriesgar sus vidas.

La guerra global se ha vuelto impracticable. La increíble letalidad del armamento nuclear y su adopción por muchos países lo volvió de uso imposible, al menos desde 1945 hasta hoy. ¿No es una paradoja casi increíble?

Incluso el desacreditado sistema financiero internacional, agente de todo tipo de aprietes, recesiones, desigualdades e injusticias, se ha vuelto –tal vez a su pesar- un factor invisible pero poderoso que actúa contra las conflagraciones internacionales. Los bancos pueden financiar alguna pequeña guerra aquí y otra allá para hacerse de oro, petróleo o diamantes en el mundo más pobre, pero si trataran de hacer ganancias con un conflicto masivo, además de ver perder en segundos el valor de sus activos, serían objeto de la más justiciera persecución pública por parte de los Estados-nación. Y es que, mal que les pese a los bancos, los Estados-nación están diseñados para durar mucho más que las entidades y agencias de crédito.

Una excepción a esta tendencia: los Estados fallidos, que son el mayor peligro de conflicto del día de hoy. El colapso de un Estado desata un “frenesí alimenticio” horripilante por parte de sus vecinos, e incluso de terceros hasta el momento desinteresados, pero fundamentalmente de organizaciones subnacionales sumamente oportunistas y malvadas.

Lo estamos viendo delante de nuestras narices. Los tres enemigos favoritos a nivel nacional de Estados Unidos, respectivamente el Irán de los ayatollahs, luego el Irak del dictador Saddam Hussein y finalmente la dictadura los Assad en Siria, colapsaron en buena medida por acción directa e indirecta de Estados Unidos.

En lugar del renacimiento milagroso de democracias, el vacío de poder de esa zona del planeta fue llenada por el ISIS, el pseudo-Estado integrista que se propone hacer de la Tierra un califato global regido por la interpretación más medieval, atrasada y sanguinaria de la “Shariah”, la ley islámica. Y ante el nuevo estado de cosas, Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Rusia y China, es decir el “Club Nuclear” oficial que representa al Consejo de Seguridad Permanente de las Naciones Unidas, se aviene a negociar con Irán poniendo condiciones sumamente laxas.

Pero el fulminante dominio territorial del ISIS tras el colapso de los estados de Irak y Siria y su capacidad de violencia contra las minorías islámicas y no islámicas dejó atónito al planeta. Lo que necesitan los Estados Unidos es una nueva Triple Alianza entre Estados fuertes y muy bien armados en la región, aunque estos se detesten históricamente entre sí, y son Arabia Saudita, Israel e Irán. Estados Unidos hará, de hoy en más, lo imposible por afianzar la estabilidad de estos actores locales con capacidad de contener y destruir a ISIS.

La Argentina cumplió 201 años como república, de los cuales ya lleva más de dos décadas en creciente indefensión, en un mundo cada vez más armado. Las Fuerzas Armadas, plenamente integradas a la democracia, no saben para qué están.

Esa es la gran incógnita. Como lo han hecho muchos países que han emergido de conflictos internos, hoy anteponen el interés nacional y dan vuelta la página del pasado en nombre de un bien superior. Asimismo, se sugiere actualizar las bases legales que permitan definir una política de defensa y elaborar un diseño estratégico de fuerzas; reinstalar el sistema educativo militar de calidad; debatir un presupuesto militar para alcanzar un determinado fin y que rija la escala salarial del personal; definir un programa de desarrollos tecno-industriales para la defensa.

Las Fuerzas Armadas de cualquier democracia están obligadas a ser operativamente respetables. Si no lo son de un modo evidente, lo que se vuelve increíble a la larga es el modelo de país. ¿Cuánto puede durar? Lo que tarde otro Estado u organización subnacional en afectar algún interés vital de la sociedad, sean sus recursos naturales, su aparato productivo o su mismísimo modelo social.

El nivel de indefensión expone seriamente la vida y libertad de los ciudadanos y la supervivencia de la Nación.


Es importante tener conocimiento de la clasificación del tipo de guerras según el siguiente esquema para entender la realidad que nos toca vivir en el inicio del siglo XXI.

Primera Generación: surgen en el Renacimiento junto al concepto de Estado Nación. Son guerras limitadas con objetivos definidos y tropas profesionales. Interesa lo cuantitativo. La batalla se trata de evitar. Son dinásticas. Paradigmas: Carlos V y Francisco I.

Segunda Generación: se asumen como compromisos sociales con una causa, tal el caso de la revolución francesa y de las revoluciones industriales y de los transportes. Aparece la guerra de masas, la artillería, las comunicaciones, la organización, la evolución táctica. Interesa el poder de fuego. Son guerras nacionales. Paradigma: Napoleón y San Martín.

Tercera Generación: se correlacionan con la motorización. Se privilegia a los medios tecnológicos en confrontación. Se combate por ideas y el componente social inercial activado tiende al aniquilamiento. La guerra se hace ilimitada, total. Interesa la maniobra. G.M. II. Paradigmas: Rommel y Montgomery.

Cuarta Generación: aparecen con la globalización posguerra fría, a partir del 2001. El hombre pasa a ser su eje. La “imagen” comunicacional es central para el dominio de la opinión pública. Se apela a lo emocional, no a lo racional. En nuestro mundo iberoamericano se caracterizan por su informalidad (2), su asimetría, su acción corruptora, y por la licuación de las fronteras físicas y conceptuales. Se desarrollan en nuestro mundo periférico, tales los casos de Irak, Afganistán o Iberoamérica. Son guerras que se han retirado de los teatros de operaciones militares y se han posado sobre las sociedades.

Kal Holsti , respondiendo a un interrogante de Adam Jones acerca de la caracterización de las nuevas guerras en Iberoamérica, dio una respuesta sumamente ilustrativa -en el año 2001- para los dirigentes argentinos de hoy:

“Si Ud. desea conocer la situación estratégica de un país o una región sudamericana, observe el estado del Estado”.

El Gral. David Petraeus, que comandó las operaciones contra insurreccionales en el Gran Medio Oriente, es el teórico de las Guerras de Cuarta Generación más reconocido.

William Lind continuó estudiando la evolución de las nuevas guerras y ha perfilado a las de “Quinta Generación” como: “…la lucha del Estado para mantener su monopolio sobre la fuerza y la organización social, de cara a los desafíos de las guerras de Cuarta Generación. El siglo XXI será cada vez más marcado por las guerras de Quinta Generación y su raíz tecnocibernética en todos los ámbitos de las telecomunicaciones. ”

Como dato puede agregarse que en la serie de televisión Homeland en su quinta temporada se indica: …“los soldados serán hackers y el campo de batalla será Internet”….

Entiendo que en los párrafos precedentes queda claramente demostrada la acelerada transformación de la guerra, en la última década.

A pesar de ello, la Argentina “encapsulada”, sumida en la profundidad de una inseguridad generalizada, con un inédito número de víctimas inocentes que aplasta a la sociedad, no ha logrado que la dirigencia política se ocupe de la más alta preocupación de la sociedad y principal responsabilidad del Estado.

La Seguridad Nacional sigue siendo un tema tabú. “De eso no se habla”. Es el reaseguro de la continuidad del “actual estado de guerra civil revolucionario”.

En las nuevas guerras  el plano militar no es  necesariamente el más relevante. Esa es la razón por la que debe referirse a la Seguridad Nacional y no a la Defensa Nacional.

Algunos dirigentes políticos -aun no cooptados totalmente por el “progresismo de izquierda”-, ante el reclamo de la Iglesia lanzaron la propuesta de “comprometer a las FFAA en la lucha contra narcotráfico”, recibiendo la inmediata admonición del gobierno kirchnerista y de los pseudo-opositores “neomarxistas”, encubiertos como “progresistas”, dando lugar a una discusión absurda, con justificaciones ridículas que avergüenzan u ofenden a la razón de quienes conocen el tema con rigor académico.

Mientras la Argentina avanzaba deliberada y decididamente hacia el “Estado fallido”, interrumpido en el 2015 ,y los ciudadanos de a pie percibíamos una progresiva tensión y ansiedad social, ante un anunciado y reiterado desastre económico,  nuestros dirigentes políticos continúan, aún hoy,“debatiendo”, como meros espectadores inconscientes e irresponsables.

Nuestra dirigencia ¿está confundida y por ello se equivoca, es ignorante por graves carencias de formación o tiene propósitos que oculta con total hipocresía?..

Dijimos que el plano militar no es  necesariamente el más relevante, y aquí está la equivocación entre quienes proponen operar con las FFAA contra el narcoterrorismo y quienes se oponen.

Ambos están equivocados. No entienden la naturaleza de las guerras de Cuarta Generación. ¿Están confundidos, son ignorantes o están comprometidos con el “enemigo sin rostro”?

Quienes adscriben al Foro de San Pablo, cubren -sin duda- las tres probabilidades.

La primera condición para superar la demoledora acción mafiosa del narcoterrorismo -que es la forma más importante del crimen organizado en nuestro continente- es la recuperación institucional de Estado, mientras ello sea viable . De lo contrario habrá intervención externa.

Las instituciones estatales constituyen el objetivo principal a ocupar por éste enemigo. El objetivo subsiguiente es el control de la población. Estas son “guerras civiles”, “internas”, que nuestra legislación prohíbe planificar, es decir, prever, desde 1988. Consecuentemente están en pleno desarrollo -como estado de guerra civil revolucionario-  ante una conducción nacional irresponsable y comprometida, un pueblo inconsciente y un Estado ciego ante estas amenazas. Si a estas guerras no se las comprende, no hay posibilidad alguna de contenerlas, reducirlas o eliminarlas.

Hasta la fecha no existe ningún indicio de comprensión, en el oficialismo ni en la oposición. Por el contrario, abundan indicios de un pacto con el agresor, en ambos sectores.

La Ley de Defensa Nacional 23.554 fue promulgada durante la guerra fría, en 1988. Puede afirmarse y lo reiteramos, que podríamos llamarla sin temor a equivocarnos Ley de Indefensión Nacional. El 12 de Junio de 2006, dieciocho años después, a cinco años de iniciada la nueva guerra mundial “Contraterrorista Global” y en pleno desarrollo de las guerras de Cuarta Generación, la entonces ministro de Defensa Nilda Garré la reglamenta, profundizado los desconceptos de la Ley al punto que, afirmamos: la reemplaza con un decreto.
Nilda Garré es una militante montonera ex mujer del montonero Abal Medina y su pasado ha sido utilizado por el presidente Kirchner para demostrarle a los uniformados que el que mandaba era él y los montoneros que había elegido en su defecto.

Nilda Garré

Para demostrar la perversidad de la Ley y su decreto reglamentario 727/06, se transcribe un párrafo del Art. 1° de éste último:

“Se entenderá como “agresión de origen externo” el uso de la fuerza armada por un Estado contra la soberanía, la integridad territorial o la independencia política de nuestro país, o en cualquier otra forma que sea incompatible con la Carta de las Naciones Unidas”.

En un momento histórico en que -en el mundo- el 99,5% de las guerras en acto son “interiores”, la Argentina organiza al Estado para pelear guerras internacionales -exclusivamente-, “contra FFAA de países vecinos”, con los que -se dice- estamos en proceso de integración. Estos despropósitos no conmovieron ni conmueven a nuestra dirigencia, pero sí preocupan a las de los vecinos.

El mismo decreto expresa:

“Que por ello deben rechazarse enfáticamente todas aquellas concepciones que procuran extender y/o ampliar la utilización del instrumento militar hacia funciones totalmente ajenas a la defensa, usualmente conocidas bajo la denominación “nuevas amenazas”

Esto deja en manos policiales la lucha contra el narcoterrorismo.

Este expreso rechazo a “las nuevas amenazas” nos deja en soledad en la región, en el continente y en el mundo. Además, nos avergüenza como argentinos cuando participamos de encuentros internacionales.

¿Confusión, ignorancia o compromiso con el nuevo agresor? No olvidemos quienes fueron los proponentes de esta legislación. Concretamente: a fines de la guerra fría, simpatizantes del terrorismo ideológico nos impusieron la actual legislación de Inseguridad Nacional.

Así como la caída de la educación no se resuelve aumentando los presupuestos, la inseguridad nacional no se logrará aumentando el número de los agentes de policía o llamando a un abogado “progre” para que remedie al “gatillo fácil”.

La Constitución establece idoneidad para ocupar cargos en el Estado y en el área de la Seguridad Nacional hace décadas hay solo diletantes y algún aprendiz de brujo. Mientras tanto, avanzamos inconscientemente hacia el “Estado fallido” y diariamente “las nuevas amenazas” cobran vidas en las calles del país, en progresión geométrica.
El “relato”, sostenido en las últimas tres décadas con éxito, impide que una gran mayoría de los ciudadanos realice una lectura correcta de su circunstancia.

Mira, pero aún no ve, mientras el gobierno kirchnerista actuaba sobre un espejismo opuesto a la realidad que intentaba ocultar.

De a poco se está vislumbrando que las hipótesis de conflicto del Siglo XXI serán la de los alimentos, agua, energía y la atención de regiones escasamente pobladas pero altamente productivas. Ese escenario hace que varios países latinoamericanos trabajen para reforzar sus sistemas de Defensa.

En el caso de Argentina, uno de los recursos naturales más importantes que posee es el acuífero Guaraní. Esta reserva de agua dulce, la más grande del mundo, abarca los cuatro países del Mercosur. Su extensión aproximada es de un millón 190 mil kilómetros cuadrados. En Argentina abarca casi la totalidad del litoral, ocupando las provincias de Misiones, Corrientes y Entre Ríos; incluso hay expertos que consideran que se expande hasta el Sur de la región pampeana y el Norte de la patagónica. Al Norte del Brasil ocupa una superficie de unos 850.000 kilómetros cuadrados; en Paraguay 700.000 y hacia el Este, en Uruguay, 45.000 kilómetros cuadrados.
El acuífero Guaraní posee suficiente agua para abastecer a toda la población del mundo, seis mil millones de habitantes, durante 200 años.
Asimismo,  el gobierno argentino presentó ante Naciones Unidas (ONU) la información sobre los límites de la plataforma continental argentina, más allá de las 200 millas de sus costas, con la intención de que se reconozca la legalidad de sus aguas jurisdiccionales y de su Zona Económica Exclusiva hasta las 350 millas.
La importancia económica de esta área reside en su potencial pesquero y en la corteza oceánica, donde, se calcula, existe una cuarta parte del petróleo y el gas que quedan en el planeta.

 

El tema Defensa en nuestro país es un tema tabú porque se lo identifica con militarismo o dictadura, lo cual es un grave error. Lamentablemente pagaremos las consecuencia de ese ideologismo caduco.

 

Ningún país que se precie de serio carece de sistemas de inteligencia, que es lo primero que se debe mantener para adecuar un pensamiento geopolítico y un sistema de defensa acordes con los objetivos nacionales permanentes. Es la forma de utilizar correctamente los recursos económicos y tecnológicos con ese fin.

 

¿Cuáles son nuestro aliados y nuestros adversarios? ¿Dónde debemos tener más presencia y preparación en la defensa de nuestros legítimos intereses? Son preguntas que nos debemos hacer como Nación.

 

En el siglo XX el único gobierno argentino que tuvo un pensamiento geopolítico y de Defensa propio fue el encabezado por el presidente Juan Domingo Perón, quien se animó a no desempeñar el rol que le había trazado primero el Reino Unido y tiempo más tarde la potencia que lo reemplazó, Estados Unidos.

 

En relación a la importancia que le dio el gobierno peronista al desarrollo de políticas de Defensa,se implementó la ocupación definitiva de la Patagonia y se fortaleció nuestra presencia en la Antártica, con la Creación de la Dirección Nacional de la Antártida.

 

Se desarrolló el complejo industrial militar , fortaleciendo las industrias de punta: la aeroespacial con aviones a reacción, aviones de ala en flecha y misiles teledirigidos; la naval con la construcción de buques y equipamientos y la petroquímica, con la independencia en el suministro de productos que sólo se obtenían en Estados Unidos.

 

Se implementó la doctrina de la Nación en Armas, no como un país de desarrollo imperialista, sino como un país eje para la integración regional. En ese marco, las Fuerzas Armadas actuaron en campañas para la eliminación de enfermedades endémicas y en la lucha contra plagas que afectaban profundamente a nuestra economía agropecuaria.

 

En 1952 Juan Perón planteó la unión del Cono Sur con la alianza de Argentina, Brasil y Chile, conocida como el Proyecto ABC. La formación de ese bloque tenía como propósito resistir el apetito hegemónico de Estados Unidos.

 

En un discurso realizado el 11 de noviembre de 1953, en la Escuela Nacional de Guerra, Perón decía: “Pensamos que la lucha del futuro será económica (…) La República Argentina sola no tiene unidad económica; Brasil solo no tiene tampoco unidad económica; Chile solo, tampoco; pero estos tres países unidos conforman quizá, en el momento actual, y sobre todo para el futuro, una extraordinaria unidad económica”.

 

Sobre ese punto, los intentos de implementar un acuerdo integracionista con el Proyecto ABC fueron atacados por Estados Unidos, siguiendo la geopolítica de posguerra que había diseñado Nicolas John Spykman, quien con claridad planteó que Estados Unidos no debía permitir el surgimiento de ningún bloque en las Américas.

 

Quien tiene el poder mundial no es quien controla directamente el “corazón del mundo”, es quien es capaz de cercarlo, como los Estados Unidos lo hicieron durante toda la Guerra Fría, y lo siguen haciendo hasta nuestros días.

 

Nicholas John Spykman

 

Ellis Briggs, director de la oficina de Asuntos de las Repúblicas Americanas del Departamento de Estado, en un memorándum del 20 de marzo de 1947, observaba: ‘existe el peligro de que Argentina aspire a organizar un bloque del Cono Sur, bajo su dominación política y económica’. Al mismo tiempo expresaba que Estados Unidos debía oponerse a toda posibilidad que pudiese facilitar la formación de tal bloque”.

 

En la actualidad, Argentina se enfrenta a grandes desafíos, como proteger sus reservas de agua dulce (Acuífero Guaraní y los hielos continentales). Recordemos que ese será el recurso natural que causará más tensiones en los próximos años, situación que obliga al trazado de políticas de defensa adecuadas.

 

De la misma forma, deberá controlar el nuevo espacio marítimo que se incorporó con el reconocimiento de las 350 millas, para lo cual se requieren fuertes inversión y sistemas de control eficaces.

 

Al respecto, las hipótesis de conflictos actuales son varias, la más grave es nuestra indefensión del Mar Argentino y sus recursos. Argentina es un país agredido por una potencia ocupante y esto no es hipótesis. Vemos que nuestros mares son depredados en sus recursos pesqueros con autorización del Reino Unido, Estado que, además, está en la búsqueda de recursos minerales”.

 

Están reforzando la base militar Malvinas con aviones ultima generación y equipos electrónicos sofisticados. Recientemente, expertos ingleses han asesorado a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) diciendo que la misma debe reforzar sus bases en ultramar, o sea en el estrecho que separa a las Malvinas.

 

La navegación por el estrecho de Drake se incrementará seguramente por las dificultades que tienen los gigantes del mar para utilizar el canal de Panamá. Debe ser tenida en cuenta asimismo la proyección sobre la Antártida conforme fue planteado recientemente en la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, destacó.

 

El kirchnerismo profundizó la obra destructiva del menemismo en materia de medios y recursos militares; dejo una más que discutible maraña normativa a la que llamó “reforma de la Defensa”; hipertrofió estructuras públicas de forma irresponsable para “hacer caja”; politizó los mandos castrenses, distorsionó y pervirtió el subsistema de inteligencia militar y continuó la degradación salarial, que ya venía de larga data comenzando a inicios de los ´90 con el plan de desmantelamiento de la Defensa ejecutado por el menemismo y “sugerido” por presiones externas en sintonía con los tiempos: Consenso de Washington, supremacía estratégica de Estados Unidos, necesidad de insertar a la Argentina en circuito financiero global y la viabilidad del Plan Brady.

 

El kirchnerismo se jactó de desarrollar la industria para la Defensa; pero tanto Fabricaciones Militares –que hoy tiene imputado por delitos en la gestión a su último director kirchnerista y a su extravagante esposa y mano derecha-, el CITEDEF, FADEA S. A. y otros organismos se transformaron en meras “cajas” políticas sin aportes sustanciales al desarrollo científico-técnico para la Defensa.

 

Por cierto y para los que conocen la historia, todo está claramente en las antípodas del espíritu y objetivos de los Gobiernos presididos por el General Perón entre 1946 y 1955, cuando la industria de la Defensa Nacional registró avances inéditos como parte de un proyecto estratégico y autónomo para el país. Nada más lejos del relato kirchnerista.

 

A raíz de lo mencionado anteriormente, el actual gobierno argentino ha tomado algunas medidas para reforzar su sistema de defensa nacional.

Hasta aquí el relato, que se fue y que contribuyó trágicamente a la indefensión real de la Argentina y a la degradación sistemática de la Defensa Nacional.

El actual gobierno tendrá que estar a la altura del desafío y desandar mucho camino de la política que sometió a la Defensa Nacional a ser una galería de sinsentidos, dislates, pauperización, irresponsabilidad y “premio” para dirigentes mediocres, y así poder transformarla en una eminente política de Estado que se complemente estratégicamente con la política exterior, así como con una matriz de desarrollo científico-técnico autónoma con horizonte de proyección.

El obsoleto debate de “Estado chico o Estado grande” debe ser superado por la fórmula del “Estado inteligente” y útil para lograr objetivos y consolidar intereses nacionales.
Hay algunas señales positivas desde el Ministerio de Defensa en la línea de lo que se debería hacer, lo cual no siempre coincide con lo que se quiere o se permite.

Habrá que ver cuál orden de prioridades y cuál jerarquía se dará a la cuestión, a 18 meses de cambio en el poder. Lo fundamental que debería encarar el gobierno es la reversión inmediata de las políticas más dañinas sobre el sector, que comprometen la seguridad y defensa de la Nación, en suma: sus intereses vitales.

A la herencia del relato no se la puede superar con incertidumbre. Hay que trabajar, en un marco plural de amplia discusión política, de aporte democrático para que lo urgente –que siempre es importante-, no desplace a lo importante que tampoco deja de ser urgente.

El control ciudadano y por parte de la oposición política –sensata y racional- es una obligación pública, propia de la responsabilidad y madurez democráticas, y contribuye también a la coherencia y racionalidad institucional para el caso y para el resto de las acciones de gobierno.

Respecto de la recuperación de la Defensa Nacional, los intereses vitales de la Nación van en ello. Argentina hoy está indefensa ante un mundo incierto y peligroso.

Y mañana puede ser demasiado tarde.

Fuentes:
IEEBA
Gral. Heriberto Auel
Renitor
Infosur
Infobae
Clarín
La Nación
El País

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