El presidente Mauricio Macri, en su discurso de apertura de las Sesiones Ordinarias del Congreso, realizó un claro diagnóstico: “La educación pública tiene severos problemas de calidad y hoy no garantiza la igualdad de oportunidades”.

Nadie puede dudar lo acertado de esta afirmación. El Presidente expresó que “para insertar a la Argentina en el Siglo XXI todo empieza con la educación, ahí es donde se gesta el futuro del futuro. Por eso, hace unas semanas, en Jujuy, el ministro Bullrich, junto a todos los ministros de Educación de las provincias, fijaron un acuerdo llamado Declaración de Purmamarca que traza los ejes de la revolución educativa que queremos afianzar”.

Ministro Esteban Bullrich
Ministro Esteban Bullrich

¿Cuáles son dichos ejes?. El documento firmado en Purmamarca destaca, “entre los puntos salientes se encuentra la obligatoriedad del nivel inicial a partir de los tres años de edad; el desafío de incorporar progresivamente la jornada extendida a través de actividades escolares, artísticas y deportivas; y el compromiso de crear el Instituto de Evaluación de la Calidad y Equidad Educativa, cuyo propósito será promover los procesos de evaluación a nivel nacional y obtener datos precisos que permitan mejorar el aprendizaje de los estudiantes”.

Es claro que cada uno de estos ejes habría de mejorar nuestra realidad educativa, no existe duda alguna de ello. Pero de ninguna manera constituyen la revolución educativa que nuestro país requiere, sino una evolución hacia una mejor educación, adecuada para un país que enfrenta una situación mucho menos crítica que la que sufrimos.”

El diccionario de la Real Academia Española define el término “revolución” como “un cambio rápido y profundo en cualquier cosa”. Las medidas propuestas no producirán un cambio rápido y profundo en nuestra realidad educativa, sino una mejora demasiado gradual para, en palabras de nuestro Presidente, “insertar a la Argentina en el Siglo XXI”.

¿Qué se entiende por una revolución educativa? Muchos son los posibles ejemplos.

-Enfrentar la deserción en el secundario y en la universidad con realismo, no sólo con buenas intenciones.
-Admitir que millones de jóvenes que no estudian ni trabajan son recuperables, si buscamos esquemas educativos que contemplen sus necesidades y realidades de vida.
-Reincorporar a la sociedad productiva a millones de personas que subsisten en base a planes sociales, mediante su educación y entrenamiento profesional.
-Devolverles a los padres el poder que nunca debieron perder sobre la educación de sus hijos, ¿quiénes sino ellos deberían ser los más estrictos fiscalizadores de una educación de excelencia?
-Enfrentar a los sindicatos docentes, los más férreos defensores del status quo; sin hacerlo, ninguna revolución educativa es imaginable.
-Proveer educación de calidad a los niños de las familias económicamente más desfavorecidas, demostrando que todo niño puede aprender (pero para ello es necesario terminar con la doble moral Argentina).
-Dejar de estafar a miles de jóvenes, a los que se admite irrestrictamente en la universidad y quienes sabemos nunca habrán de graduarse.

Desarrollar cada uno de estos ejemplos constituye un desafío en sí mismo.

En octubre de 2015 el Senado aprobó la ley 27.204 la cual prohíbe los exámenes de ingreso a la Universidad; el proyecto fue impulsado por la entonces diputada del Frente para la Victoria Adriana Puiggrós. Su artículo 7 lo especifica taxativamente: “Todas las personas que aprueben la educación secundaria pueden ingresar de manera libre e irrestricta a la enseñanza en el nivel de educación superior”.

Adriana Puiggrós
Adriana Puiggrós

Alieto Guadagni, Miembro de la Academia Nacional de Educación, subrayó lo lamentable de esta decisión: “Es una paradoja, porque mientras más fácil se hace el ingreso, más difícil es egresar. Es como pretender correr una maratón de 42 kilómetros sin entrenar, y la verdad es que se está frustrando el futuro de los chicos y esta ley consagra el atraso educativo de Argentina”.

Alieto Guadagni
Alieto Guadagni

Es claro que la legislación elimina la posibilidad de realizar un proceso de admisión como el tradicionalmente llevado a cabo por la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de la Plata. Por ello, la Facultad anunció a mediados de diciembre pasado la eliminación del curso ingreso, habilitando desde marzo 2016 el cursado de materias de primer año a todo aquel ingresante que se anote con este fin. A modo de ilustración, en los últimos 10 años aprobaron el curso de ingreso un promedio de 400 estudiantes sobre un total de 1.500 a 1.900 inscriptos anuales.

Frente a la nueva legislación, los representantes estudiantiles en el Consejo Directivo de la Facultad propusieron establecer un curso de nivelación de dos meses para que los alumnos ingresantes aprendiesen técnicas de estudio y comprensión de material académico. Las autoridades rechazaron la propuesta y prefirieron la eliminación total de cualquier requisito para el ingreso. Según señalamiento de la Decana Ana Lía Errecalde “en dos meses no se pueden nivelar conocimientos. No resulta útil. Para aprobar eso, preferimos dejar sin efecto los cursos”. La posición de las autoridades en el Consejo resultó triunfante al ser acompañada por los votos de los representantes de los docentes, no docentes y graduados.

Dra. Ana Lía Errecalde
Dra. Ana Lía Errecalde

Es hora de sentarnos y admitir el real problema. Los efectos de la eliminación del cepo cambiario se vieron poco menos que instantáneamente mientras que los efectos de cualquier reforma educativa tardarán varios años en percibirse. Sin embargo, el fracaso de miles de jóvenes argentinos que vegetan en universidades de las que no se graduarán es altamente costoso. El 73% de los estudiantes abandona la universidad, los jóvenes pierden años valiosos que podrían dedicar a adquirir el capital humano necesario para desenvolverse exitosamente en una infinidad de oficios requeridos por nuestra sociedad.

Una revolución educativa es factible e indispensable, pero la Declaración de Purmamarca constituye un paso gradual hacia una mejor educación en un país normal. La Argentina hoy no lo es y por ello la Declaración es insuficiente para dar inicio a la revolución educativa que se encuentra en los sueños del Presidente y que podría constituir el comienzo de una Argentina muy distinta a la que hoy nos toca vivir.

Enviar al Congreso un proyecto de ley el cual modifique la Ley 27.204 sería un importante paso en dicha dirección.


“La única forma en que un país crezca económicamente con buena distribución del ingreso es que ofrezca un sistema educativo con igualdad de oportunidades”, defiende Alieto Guadagni, antes de abordar los detalles de una nueva investigación sobre los desafíos de la enseñanza en este siglo.

“La escuela perdió centralidad”, y en esa lógica, no parece extraño que sostenga: “En la Argentina, hay una fuga de la escuela pública a la privada”.

Llama la atención  que la escuela perdió centralidad. Es decir, hay un menor respeto e interés social por ella; ya no es el punto de encuentro de una comunidad. Se ponen por delante otros intereses como, por ejemplo, el turismo. Con cada feriado puente, hay 14 millones de alumnos que no asisten a clases para que algunos vayan a la playa.

La deserción es un fenómeno de la escuela secundaria, no de la primaria. Cuando a fines del siglo XIX, se dictó la ley de educación libre, gratuita y obligatoria, las fuerzas de seguridad se encargaban de verificar que las familias enviaran a sus hijos a la escuela. Hoy, no hay autoridad que se ocupe de eso, a pesar de que las leyes de 2003 y 2006 reafirman este principio universal.

Hay una gran desigualdad entre el porcentaje de quienes se gradúan en las escuelas privadas y las públicas. En las primeras, un 70% termina el secundario, mientras que en las públicas sólo lo hace el 30%. En 2006 se dictó la ley 26.206 que estableció la obligatoriedad del secundario. Sin embargo, en 2002, a nivel nacional, comenzaron a cursar primer grado 691.000 chicos y en 2013, se terminaron graduando sólo 126.000 en el secundario.

De 2003 hasta hoy, la matrícula estatal primaria viene cayendo año tras año, por primera vez en la historia argentina. Estamos en presencia de una fuga de la escuela pública hacia la privada. Esto se ve aún más en el conurbano: en 2002, había 740.000 alumnos matriculados y en 2013 alcanzaban los 618.000. Es decir, se fue uno de cada seis alumnos. Ante este éxodo escolar, algunos funcionarios del Gobierno kirchnerista respondieron que era un signo de que a la gente le iba mejor, lo que significaría estigmatizar a la escuela pública.


Dos globalizaciones ocurrieron en el mundo moderno: Argentina respondió a la primera, en los años 1880-1914, con la educación primaria, pero no se adaptó a la segunda, en los años 1980, con la educación secundaria y universitaria. Esto explica el “desfasaje entre la demanda propia del mundo moderno y la oferta educativa argentina” que existe hoy. La situación educacional ha evolucionado y, aunque era posible, hasta la mitad del siglo XX, el salir de la pobreza gracias a la educación primaria, no es suficiente ahora. El mundo, con el desarrollo de la tecnología se ha complicado; hoy, en Argentina, la movilidad social solo se puede obtener completando la educación secundaria, contrariamente a otros países de América Central, que tienen una estructura industrial menos compleja.

Un ejemplo es la relación clave que existe entre escolarización y seguridad considerando los “ni-ni”: los jóvenes que ni trabajan ni estudian. Algunos datos son reveladores: en la categoría de los jóvenes entre 18 y 24 años, un 32% trabaja, un 30% estudia, un 26% ni estudia ni trabaja y un 11% estudia y trabaja. Pero si revisamos las cifras tomando en cuenta el nivel socioeconómico, vemos que un 30% de los jóvenes de nivel socioeconómico bajo forma parte de los “ni-ni” contra solo el 8% de los jóvenes de nivel alto. Según el participante “esto va marcando la característica principal de la sociedad argentina que es una sociedad profundamente desigual”. Además, la cultura juega un papel importante en este tema ya que, en países como Bolivia o Perú, donde existe una cultura de trabajo mucho más fuerte, los “ni-ni” no son tan numerosos como en Argentina.

La preocupación por los jóvenes “ninis” a nivel global ha ido en aumento. Este grupo de la población, que se caracteriza por no pertenecer “ni” al sistema educacional “ni” al laboral, conforma un quinto de la juventud entre 14 y 25 años en el mundo y en América Latina. En otras palabras, alrededor de un 20% de los jóvenes de nuestra región no está integrado de manera formal a nuestras sociedades.

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Ante esta situación, muchos se preguntarán qué hacen con su tiempo estos jóvenes que no estudian ni trabajan, dando lugar a imágenes de personas vagando por las calles, divirtiéndose en las plazas, acostados viendo televisión o jugando videojuegos. Dichas imágenes fácilmente desencadenan un proceso de estigmatización que tilda a los jóvenes “ninis” de ociosos o flojos, y los relaciona rápidamente con adolescentes delincuentes, que consumen alcohol en altas cantidades así como también drogas.

Sin embargo, la evidencia sugiere que no se trata de una condición anhelada por ellos ni tampoco relacionada necesariamente con conductas de riesgo. Los datos sugieren más bien que se trata de un fenómeno heterogéneo que tiene que ver con las diversas dificultades que enfrentan los jóvenes para insertarse de manera efectiva en la sociedad.

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No todos los “ninis” son iguales. La heterogeneidad en este grupo se observa en el hecho que, por ejemplo, del 17,2% de los jóvenes que no se encuentra estudiando ni trabajando , más de un cuarto pertenece al grupo de hogares de menores ingresos, y un 62,4% son mujeres. Dichos datos reemplazan la imagen del joven ocioso por la figura de una mujer adolescente que no ha terminado su enseñanza media y que vive en un hogar pobre o vulnerable. Estos patrones sugieren que condiciones sociales -relacionadas al nivel socioeconómico y de género en el ejemplo- representan barreras estructurales que enfrentan algunos grupos sociales más que otros para concluir sus estudios e insertarse en el mercado laboral.

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En efecto, la diversidad de realidades que caracteriza a los jóvenes “ninis” hace suponer la presencia de diversas condicionantes sociales que dificultan una inserción laboral y educacional exitosa, que incluyen, entre otros, el hacerse cargo de los deberes del hogar, del cuidado de niños y de otros familiares y de factores de riesgo asociados a la deserción escolar, embarazo adolescente y consumo de drogas. Los datos muestran que en América Latina la mayoría de estas causas se concentran en los hogares y familias de menores recursos, dificultando así la salida de estos jóvenes de su situación de pobreza.

La inactividad juvenil es una forma de exclusión que refleja la baja capacidad de los programas educacionales y laborales de revertir este fenómeno de marginación. Dada la importancia de integrar a estos jóvenes a nuestra sociedad, se está liderando una investigación a nivel latinoamericano, con el fin de levantar un diagnóstico más profundo y acabado de su realidad.

Preguntas sobre expectativas respecto de su futuro y la relación de estas con sus condiciones socioeconómicas, los aspectos de género que afectan su actividad y otras dimensiones que dificultan su participación en el sistema educacional y en el mercado laboral, son centrales en esta investigación que se lleva a cabo simultáneamente en Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, México, Paraguay y Uruguay.

Las respuestas obtenidas por este estudio permitirán proponer políticas públicas para enfrentar este problema y perfeccionar las estrategias de inclusión juvenil que existen actualmente. Ciertamente, para diseñar e implementar políticas de intervención efectivas es fundamental identificar primero las razones por las cuales los jóvenes se encuentran inactivos.

De acuerdo a los datos brindados durante el Simposio “El Talento Joven y las Perspectivas Sobre el Futuro del Trabajo”, en la Argentina hay 4,4 millones de jóvenes de entre 18 y 25 años de edad.

Entre ellos, un 34,2% trabaja, el 26,7% solo estudia, el 10,3% reparte su tiempo entre ambas cosas y un 3,3% estudia y busca trabajo.

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Pero además hay un 24,6% que no estudia ni trabaja, y sobre ese porcentaje hay un 17,3% que tampoco busca empleo.

Todos estos indicadores sobre desempleo muestran también un claro sesgo en detrimento de las jóvenes: de los “triple ni” detectados en el estudio de Adecco, 589.000 son mujeres y 179. 000 varones.

A su vez, el análisis indica que la probabilidad de inserción laboral en un empleo formal aumenta entre 20% (mujeres) y 30% (varones) cuando los candidatos cumplen uno de los siguientes requisitos:

– finalizan los estudios formales,
– acceden a una experiencia formal
– participan en un curso de formación profesional.

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Considerando que la educación es entonces el principal factor que potencia la empleabilidad, Martín Padulla, director de Staffing América latina, pidió “redefinir la educación secundaria”.

Destacó que en los colegios de Argentina crece la matriculación pero no las tasas de graduación. Sólo el 43% de los alumnos termina el ciclo en tiempo y forma, y “de quienes accede a la educación secundaria, uno de cada dos es pobre”.

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Como sociedad, debiéramos ocuparnos de integrar a los jóvenes no solamente por sus efectos en la actividad económica futura del país, sino también por el derecho que ellos tienen a desarrollarse cognitiva, física y emocionalmente en un ambiente propicio y con herramientas adecuadas. Relevar las condicionantes sociales que influyen en la inactividad juvenil no solo permitirá la elaboración de medidas de política adecuadas, sino que también harán posible derribar el mito de los “jóvenes ociosos”.

Las preguntas de cuál es la duración media en la cual los jóvenes argentinos no estudia ni trabaja y de cuál es el impacto de haber estado sin estudiar ni trabajar en el desempeño laboral futuro de estos jóvenes son de suma importancia y las dejamos sin responder.

En Nueva Zelanda, por ejemplo,  la gran mayorÍa de los ninis lo son por períodos cortos y sólo un 25-30% no estudian ni trabajan por más de seis meses. Estos últimos tienen una mayor probabilidad de inactividad futura y tienden a ser los que abandonaron el colegio, tuvieron malas notas y provienen de ambientes socio-económicos desfavorecidos. Esperamos poder contestar estas preguntas sobre Argentina en un futuro cercano.

La educación juega un papel clave en lo concerniente a la estructura del mundo laboral; así, el desempleo en el sector informal es casi cinco veces superior al que afecta los trabajadores en blanco. Este abismo se explica por el hecho de que más de la mitad de los trabajadores en negro no terminó la educación secundaria, lo que muestra la relación estrecha que existe entre educación, inserción laboral y situación profesional.

Profundizando el análisis de la educación primaria en Argentina,el primer elemento que se destaca es el avance importante de la educación privada frente a la educación pública, que más que duplicó su participación entre 2003 y 2011, pasando del 20% al 47% de la matriculación. Esta evolución es reciente, con un éxodo revelador del desafecto de los argentinos por la educación estatal. Esto induce a preguntarse por qué esta situación alarmante no suscita una reacción pública. El gobierno kirchnerista, al contrario, difundió información errónea: afirmó en 2011 que las matrículas estatales primaria y secundaria habían aumentado.

La escuela secundaria apareció por primera vez a nivel nacional en la Ley Nacional de Educación de 2005, cuando fue declarada obligatoria. Destaca el hecho de que, aunque la matriculación en la escuela secundaria aumentó, la graduación disminuyó entre 2003 y 2011. Es, una vez más, la desigualdad geográfica y socioeconómica, que explica esta situación: la graduación privada constituye más del doble de la graduación en la escuela estatal, y el porcentaje de alumnos que se gradúan de la escuela secundaria muestra la profunda desigualdad que existe entre la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, región que “es una máquina de reproducción permanente de la pobreza y de la exclusión social”.

A nivel internacional, Argentina se situó, en la prueba PISA de 2009, en el puesto 58 sobre 65, con un solo país latinoamericano detrás, Perú. Además, un hecho muy preocupante es que “Argentina es el país más desigual de la América Latina”, como lo ejemplifica la diferencia de puntos entre los estudiantes según su nivel socioeconómico. “Estamos en presencia de un sistema escolar con dos niveles distintos y separados” lo que se explica por la ausencia de voluntad política para actuar, en donde el gobierno deja la educación estatal a los docentes, con conflictos a desfavor de los alumnos. Además, solo un 43% de los alumnos de la escuela secundaria se gradúa en la edad esperada en el país, una cifra muy inferior a la de muchos otros países de América Latina y del Caribe.

LAS PRUEBAS PISA DEL 2012

Comenzaré mostrando las opiniones de políticos argentinos ante el resultado de las pruebas PISA del 2012. Ellos dijeron

Prólogo de Mauricio Macri
Jefe de Gobierno, Ciudad de Buenos Aires

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“¿Cuántas veces hemos escuchado que “el primer paso para solucionar un problema
es reconocerlo”? Esa sabia frase explica por qué en la Ciudad de Buenos Aires
decidimos participar como jurisdicción propia en las evaluaciones PISA: porque
sabemos que la calidad educativa sigue siendo un desafío pendiente, y
que sólo evaluando vamos a determinar qué políticas concretas nos ayudarán a mejorar nuestra educación. Por eso nos alegra que se haya aprobado la creación de la Unidad de Evaluación Integral de la Calidad Educativa, un
gran paso que nos va a permitir orientar nuestros esfuerzos en la dirección correcta.
El informe PISA nos confirma lo que en la Ciudad ya veníamos evaluando: la brecha
educativa que existe, no sólo en nuestra jurisdicción sino en todo el país. No podemos permitir que existan estas diferencias. Por eso implementamos inglés
desde el primer grado y damos una computadora por alumno, para que todos los
chicos tengan las mismas oportunidades. Afortunadamente hemos avanzado
mucho, pero el desafío sigue siendo grande.
Las recomendaciones del informe que destaco son aquella que sugiere que las
políticas de mejora deberían enfocarse en las regiones más relegadas, y la que
propone estudiar las prácticas de las escuelas con estudiantes de mejores resultados, para eventualmente llevarlas al resto del país. En esta dirección
impulsamos el programa “Terminá la secundaria” para todo el país.
Es momento de pensar más allá de los colores políticos y poner a nuestros chicos en primer lugar. La educación es el bien más valioso que podemos dejarles. Es aquello que los hace libres y los va a ayudar a cumplir sus sueños.”
Prólogo de Sergio Massa
Diputado Nacional, Provincia de Buenos Aires

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Probablemente aquello que más nos impacte sean los resultados, pero podrían esperarse: tenemos un sistema educativo que no manejamos. Y esta
situación no viene de decisiones políticas acordadas, definidas, calculadas.
La sociedad del conocimiento avanza con nuevas tecnologías, formas de producir, modos de conocer y no podemos dar respuesta a nuestros niños.
Intentamos desde los municipios reconstruir la autoridad en la escuela, el pacto maestro-padre, capacitación docente, monitoreo de alumnos, becas, aulas digitales
móviles, infraestructuras, proyectos deportivos, culturales, de salud. Pero el
problema es estructural.
El sistema educativo requiere con urgencia de una política de estado.
Encontrar consensos, decidir la educación qué queremos, fijar metas y cumplirlas.
Definir responsabilidades, establecer derechos pero también obligaciones. Lograr
resultados pensando estrategias para mejorar. Alcanzar una escuela donde los
maestros estén en el aula todos los días enseñando y los alumnos aprendiendo.
Mirar los datos, retenerlos y asumirlos es un ejercicio para planificar esas
estrategias. Escuchar a los que saben y a los que hacen. También a los destinatarios primarios de esta política: los chicos. Basta de relatos, allí está la realidad, los niños
argentinos cada día saben menos. Es preciso un cambio que se observe en las
escuelas, en los ministerios, en los hogares, en la sociedad.
Nos debemos una Política Educativa para la Argentina. Es responsabilidad de todos.
Podemos ponernos de acuerdo, podemos iniciar el cambio y lo vamos a hacer.

Prólogo de Ernesto Sanz
Senador Nacional, Mendoza

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“Lo que más llama la atención del informe es la confirmación de lo intuído
previamente. En la Argentina, las brechas socioeconómicas, de género y residencial, se manifiestan visiblemente en el sistema educativo.
Esta situación requiere respuestas rápidas y eficaces que cambien la tendencia que
indica que, actualmente, el sistema reproduce las desigualdades estructurales de origen y que en lugar de rectificar estas situaciones disímiles, las ratifica, haciendo que un sistema que históricamente sirvió a la movilidad cultural, hoy petrifique un estancamiento socialmente regresivo.
La situación de Cuyo es de deterioro absoluto y relativo: la educación de la
región ha declinado y lo ha hecho también en relación al desempeño de otras
regiones. Sostengo que hay dos recomendaciones ineludibles y que deben ser parte
de cualquier intento serio de mejorar el sistema educativo.
Primero, cualquier política que intente reducir la inequidad en el aprendizaje debería enfocarse en las brechas por nivel socio-económico.
Segundo, debemos estudiar las prácticas de las escuelas que educan a los estudiantes de mejores resultados puede ayudar a crear más centros de excelencia. En concreto, hay que contemplar las enormes brechas que traen de su corta vida los niños cuando ingresan al sistema educativo, y claramente, es
observando procesos exitosos de mejora de escolar que podremos aportar al avance de las instituciones educativas.”

Prólogo de Juan Manuel Urtubey
Gobernador, Salta

SALTA - 11-04-11 Gobernador Juan Manuel Urtubey

“El informe PISA me sorprende. Y lo hace cada año. En la edición del año 2012, el
rasgo que surge con mayor claridad es la desigualdad existente entre las
diferentes regiones de la Argentina.
Salta ha realizado una profunda transformación en su manera de enseñar y de
aprender, que tiene que ver con ofrecer la misma calidad educativa en sus propias
regiones e insistir en la inclusión de los sectores más desprotegidos a la educación
pública y gratuita. Nuestra provincia ha realizado un enorme esfuerzo para que niños y jóvenes no abandonen la escuela. Las políticas sociales han permitido esto y, además, han posibilitado el regreso de aquellos muchos de los que
se habían ido. Nada de esto pretende ser una excusa. Estoy convencido de que debemos obtener mejores resultados para nuestros jóvenes. Y digo “para” y no “de” nuestros jóvenes.
Creo que la más relevante de las recomendaciones del Informe es
aquella que establece la necesidad de enfocarse en la brecha de nivel
socioeconómico más bajo.
Debemos seguir combatiendo la profunda desigualdad que existe en nuestro país. El
primer paso en esta lucha debe enfocarse en políticas educativas. Se trata no sólo
de una obligación en materia de política estratégica, sino también de una
obligación moral de quienes gobernamos.”

Datos.

En 2012, 65 sistemas educativos participaron del Programa para la
Evaluación Internacional de Alumnos(PISA, por sus siglas en inglés).

La prueba es administrada por la Organización para la Cooperación Económica y el
Desarrollo (OCDE), un grupo de 34 economías avanzadas y emergentes.
PISA evalúa lo que los estudiantes de 15 años saben y pueden hacer en
lectura, matemática y ciencia cada tres años desde el 2000.

En el 2012, la prueba se enfocó en matemática, lo que significa que se recolectó información adicional sobre esta materia, aunque todas fueron evaluadas.

En el 2012, participaron ocho países latinoamericanos, incluyendo
Argentina y, por primera vez, la Ciudad de Buenos Aires. Los otros países de América Latina fueron Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Perú y Uruguay.

El puntaje promedio de la prueba es 500 y la desviación estándar es 100
puntos, 41 puntos en la prueba de matemática equivalen a un grado escolar en un país de la OCDE. En lectura, esta cifra es 39 puntos y en ciencia es 38 puntos.
Los resultados de matemática son comparables desde el 2003. En lectura,
los resultados pueden compararse desde el 2000 y en ciencia desde el 2006.

Se muestran algunos resultados significativos que reflejan el triste panorama educativo argentino, del cual hay que tomar conciencia y aplicar políticas de estado para mejorar el conocimiento de nuestros niños y jóvenes.

 

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Algunas conclusiones.

1.-Argentina se desempeñó entre los peores ocho países participantes, mientras que el nivel de la Ciudad de Buenos Aires fue comparable al de los países latinoamericanos con mayores puntajes. Ambos sistemas, sin embargo, estuvieron lejos de los mejores rankeados y del promedio de la OCDE.

2.-Argentina no ha mejorado en ninguna materia desde que comenzó a participar en las pruebas PISA, más de una década atrás. En matemática y ciencia, no ha mejorado desde ningún punto de comparación. En lectura, mejoró desde el 2006, pero luego de haber empeorado considerablemente, lo que la ubica de nuevo en su desempeño original del año 2000.

3.-Mientras tanto, varios países latinoamericanos han logrado mejorar ampliamente. Brasil alcanzó a Argentina en matemática. Chile empezó desde el mismo punto de lectura que Argentina y hoy la supera cómodamente. Perú es de los países que más mejoró en el mundo y se acercó al desempeño de Argentina.

4.-Un agraviante porcentaje de alumnos no alcanzó los niveles mínimos de aprendizaje en lectura, matemática y ciencia. Dos tercios se desempeñaron en los niveles más bajos en matemática, y uno de cada dos en lectura y ciencia.

5.-En Argentina, el porcentaje de alumnos que no alcanza niveles mínimos de aprendizaje no cambió; en varios países latinoamericanos, se redujo considerablemente. Brasil y México redujeron este porcentaje en matemática; Chile y Perú en lectura; y Brasil en ciencia.

6.-Menos de un 1% de los alumnos argentinos logró niveles de excelencia en todas las materias—y este porcentaje bajó en matemática y lectura. La Ciudad de Buenos Aires tuvo una proporción más alta en todas las materias; de las más altas de la América Latina, pero bajas de acuerdo a estándares mundiales.

7.Argentina tuvo una de las brechas de género más pequeñas en matemática, pero una de las más amplias en lectura. En matemática, les fue mejor a los varones. En lectura, a las mujeres. No hubo diferencias en ciencia.

8.-Los estudiantes rurales se desempeñaron un grado escolar por detrás de sus pares urbanos en matemática. De hecho, Argentina fue de los pocos países participantes con brechas urbano-rurales en matemática.

9.-Las brechas por nivel socio-económico son de las más amplias del mundo, pero aún las escuelas de mayor nivel obtienen bajos resultados. El desempeño de los estudiantes y escuelas de nivel socio-económico bajo es el cuarto más bajo de los 65 países participantes. Estas brechas son más pronunciadas en Ciudad de Buenos Aires. Aún así, las escuelas argentinas con mayor nivel socioeconómico obtienen resultados similares a las de menor nivel en otros países.

10-Argentina se desempeña muy por debajo de otros países con niveles de ingreso o de inversión en educación similar. En matemática y ciencia, Argentina fue el país que peor se desempeñó para su nivel de ingreso. Y si bien Argentina tiene la inversión por alumno más alta de los países latinoamericanos participantes, su desempeño es de los más bajos de la región.

LAS PRUEBAS PISA DEL 2015

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) no incluyó a la Argentina en el ranking trienal que mide los estándares de calidad educativa PISA debido a que fue insuficiente la muestra tomada entre 7.500 estudiantes de 15 años, consultados sobre ciencia, comprensión lectora y matemática.

“La muestra es demasiado pequeña para garantizar la comparación”, se indicó informe de la prueba, que hoy se difunde en todo el mundo y de la que también se excluyó a Kazakhstán y Malasia.

En el ránking sí fue incluida la Ciudad de Buenos Aires, que está en el puesto 38, por encima de los países de América latina, liderados por Chile (44), pero muy lejos de Singapur, que se ubica al tope de la tabla.

Por segunda vez, la ciudad de Buenos Aires participó de forma independiente de la prueba. Debutó en el relevamiento de 2012, cuando Alberto Sileoni amenazaba justamente con retirar al país de esta evaluación porque los resultados no eran los esperados. En ese momento, el ministro porteño era Esteban Bullrich y su anuncio de contar con un relevamiento específico para la ciudad doblegó el enfado nacional. Para la edición 2015, la ciudad se presentó con 59 escuelas y 2000 alumnos.

El cuestionamiento más fuerte que se le hacía a Sileoni era que a pesar de que el gobierno kirchnerista ya llevaba casi una década liderando la política educativa, más que confirmar un rumbo de mejoramiento se consolidaba uno de deterioro.

El resultado arrojado en 2012 sobre la situación educativa de nuestro país fue contundente: el 53,6% de los chicos de 15 años no superaba el nivel mínimo de lectura. El 50,9% no entendía ciencia y el 66,5%, no podía resolver cálculos matemáticos.

La OCDE había concluido que las calificaciones obtenidas por la Argentina alertaban sobre el riesgo del abandono escolar de los adolescentes y sus consecuencias en el futuro: trabajos mal pagos y poco gratificantes, menor participación en el ámbito político por falta de preparación y peor estado de salud.

La muestra argentina de PISA 2015 cumple con dos de los tres estándares de muestreo. Su marco muestral cubre a un 99.2% de la población de jóvenes de 15 años matriculados del séptimo grado en adelante y de la población de jóvenes de 15 años deseada .

Sin embargo, el marco muestral de la Argentina sólo cubre a un 55% de la población total de jóvenes de 15 años (Gráfico 1). Este porcentaje se obtiene dividiendo el número total de jóvenes de 15 años en el país (718.635) por el número total de estudiantes representados en la muestra luego de las exclusiones al nivel de escuela y estudiante (394.917). Este es el segundo porcentaje de cobertura de esta población más bajo entre los 65 sistemas educativos participantes en PISA 2015. (El más bajo es de Vietnam, con un 49%).

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La tasa de cobertura de la población nacional de jóvenes de 15 años en Argentina en el 2015 es la más baja en la historia de participación del país en las pruebas PISA (Gráfico 2).

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Lo que significó este problema es que los resultados de PISA 2015 de Argentina no sean incluÍdos junto al resto de los otros sistemas educativos participantes, sino separadamente en las tablas de los anexos. Los resultados de CABA, sin embargo, sí fueron incluidos en las tablas de resultados principales.

Al excluir a una gran parte de los alumnos de 15 años de 12 jurisdicciones que previamente hubiesen sido incluÍdos (porque hubiesen estado matriculados en séptimo grado), los resultados de PISA 2015 dan la incorrecta impresión que el país ha mejorado su desempeño (Gráfico 3). Sin embargo, como lo dice el informe de PISA, los resultados 2015 de Argentina no son comparables con los de previas administraciones de la prueba en el país.

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Estas mejoras representarían un gran cambio de resultados de rondas anteriores, que no demuestran ninguna mejora estadísticamente significativa en ninguna materia desde su año de referencia. (Los resultados de PISA son comparables desde el 2000 para lectura, desde el 2003 para matemática y desde el 2006 para ciencia).

La implementación de PISA en cada país es responsabilidad del Gerente Nacional de Proyecto (NPM, por sus siglas en inglés), que es designado por el gobierno de turno. La NPM de PISA 2015 en Argentina fue la Dra. Liliana Pascual, ex-Directora de la ex-Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa (DiNIECE), ahora llamada Dirección Nacional de Información y Estadística de la Educación (DiNIEE) desde la última transición de gobierno. La Dra. Pascual estaba en su momento bajo la supervisión de la Prof. Marisa del Carmen Díaz, ex-Subsecretaria de Planeamiento Educativo, quien reportaba directamente al ex Ministro de Educación Nacional, el Prof. Alberto Sileoni.

Prof. Alberto Sileoni.
Prof. Alberto Sileoni.

El ministro de Educación, Esteban Bullrich, cuestionó a la gestión anterior por cometer “fallas técnicas graves” en la prueba internacional PISA, sostuvo que eso llevó a la “exclusión” del país en ese ránking educativo y se comprometió a “trabajar para que esto nunca más suceda”.

“Queremos ser un país que valore la verdad y que a partir de la verdad, por más dura que esta sea construya soluciones a los problemas”, enfatizó Bullrich.

Durante una conferencia de prensa que ofreció en la Casa de Gobierno, el funcionario dijo que hubo “fallas técnicas graves que nos llevan a esta situación de exclusión” en el ránking educativo internacional PISA.

“Vamos a trabajar para que esto nunca más suceda. Para que el país no sea noticia porque no hizo bien los deberes”, advirtió.

“La principal falla se debió a que hubo 3.096 escuelas menos en la muestra, por lo que no se pudo comparar con las de 2012, 2009 y 2006”, detalló. Atribuyó las fallas al “poco apego y compromiso con las estadísticas. No hubo animosidad, pero técnicamente el error es grave. El cuestionamiento no es a la educación pública, sino al gobierno que construyó la muestra. Por eso estamos acá explicando que Argentina está afuera del ránking”.

“Este es el país que no queremos, el del INDEC que no publicaba una inflación real. No se puede construir un relato sobre la educación. Hubo fallas técnicas graves, y queremos ser un país que valore la verdad por más dura que sea”.

 EL PANORAMA EN LA UNIVERSIDAD

El fenómeno de privatización afecta también la universidad estatal, aunque el número de ingresantes anuales siga creciendo, pero en menor medida que en la universidad privada. Además, el porcentaje de graduados es a favor de las universidades privadas, con un 40% de estudiantes recibidos contra un 23% en las universidades estatales. Las disparidades entre las universidades estatales son muy importantes: cuando 44% de los ingresantes de la Universidad Nacional de Córdoba se gradúan, solo el 3% de los de la Universidad Nacional de Salta obtienen un diploma. Estos datos preocupantes incitan a preguntarse: “¿Cuál es la responsabilidad de las autoridades que reciben los fondos de la Nación?”. La desigualdad de oportunidades está muy presente, como lo evidencia el porcentaje de graduados en las universidades privadas, el cual es muy superior a las públicas, que solo los estudiantes más favorecidos pueden alcanzar. Es el caso de la Universidad de Buenos Aires, donde la gran mayoría de los padres de los estudiantes tiene un nivel de educación universitario, con una tasa muy superior al promedio nacional. Muchas de estas cuestiones son vinculadas con el financiamiento.

“La matrícula universitaria argentina es una matrícula del pasado, tiene poca producción hacia el futuro” según Guadagni; el país tiene la mayoría de sus graduados en ciencias sociales y solo un cuarto en ciencia y tecnología, con una situación aún peor en las universidades privadas. Esto tiene consecuencias económicas: si observemos las cifras en detalles, el número de ingenieros graduados cada año es mínimo, principalmente en campos estratégicos como el petróleo, la minería o el medio ambiente. Frente a este problema, el gobierno no tiene instrumentos adecuados para influir en la matricula. Acerca de la tasa de graduación, Argentina se encuentra, con el 14%, entre los países con menos tasa de graduación universitaria: “la Argentina tiene estudiantes y no tiene graduados”.

En efecto, pocos se gradúan durante el ciclo normal de estudios, comparado con otros países: el país tiene más estudiantes y menos graduados que Chile y Brasil. Brasil hizo importantes progresos en la graduación estos últimos años, aunque tenga un sistema muy duro, con la necesidad de pasar un examen para poder ingresar en la universidad. Esto permite pensar que el gobierno brasileño está más preocupado por el futuro que Argentina. En efecto, la mayoría de las naciones del mundo tienen un régimen de graduación para poder entrar en la universidad, incluso Cuba, que orienta la matrícula, o Ecuador que instituyó un examen de nivelación y admisión, con un puntaje diferente requerido según la carrera deseada.

La facilitad para ingresar en la universidad perjudica el esfuerzo escolar en la escuela secundaria, es por esta razón que es necesario poner el acento en la escuela secundaria, lo que hicieron más de 100 países, que han desarrollado exámenes, que permiten también diseñar políticas educativas y conocer el nivel de las escuelas.

Guadagni evoca el proyecto de Ley de Educación Superior que es estudiado por la Cámara de Diputados, y que prevé que el único medio para ingresar en la educación superior será aprobando la educación secundaria. Además subraya que este proyecto de ley avanza sobre la autonomía de las universidades.

“En la universidad, el problema no es entrar, el problema es salir”

En el mundo, la población estudiantil universitaria aumenta en forma sostenida. Hacia 1970 era de 28 millones en todo el planeta, mientras que ahora supera los 170 millones. En la última década se ha acelerado el crecimiento de esta matrícula, y América latina no es ajena a este crecimiento: desde 1970, la cantidad de estudiantes universitarios se ha multiplicado por doce.

La graduación universitaria abre nuevos horizontes laborales con calificaciones profesionales exigentes, que permiten acceder a mejores empleos. Las oportunidades de desarrollo personal, no sólo las laborales, estarán abiertas a los graduados universitarios bien preparados. A su vez, el incremento en la graduación es indispensable para que una nación enfrente el desafío de la globalización tecnológica y productiva; si no se supera este desafío, se postergará la construcción de un país que eleve las condiciones de vida de la gente en la sociedad del conocimiento del siglo XXI.
Las tasas de graduación universitaria más altas en el mundo corresponden a países desarrollados, donde por lo menos cuatro de cada diez personas en edad para graduarse obtienen un título universitario. La graduación en nuestro país es escasa, a pesar de que son numerosos los estudiantes, lo que configura una anomalía caracterizada por “muchos alumnos y pocos graduados”. Nuestra graduación en el nivel terciario apenas llega al 14%, menos que Panamá, Brasil, México, Chile y Cuba.

Éste es el siglo de la globalización, pero también el de la universidad, como el XIX fue el de la escuela primaria y el XX, el de la secundaria. Hoy avanzan las naciones capaces de fortalecer los niveles de calificación de sus recursos humanos, y por eso necesitamos más y mejores graduados universitarios. Pero nos estamos quedando atrás.

Nuestra graduación no sólo es escasa. Además, son pocos los graduados en las carreras del futuro, es decir, las científicas y tecnológicas. Respecto del total, esta graduación es en México y Colombia del 26%; en Chile, 24%; El Salvador, 22%, y Panamá, 20%. Pero en nuestro país esta graduación apenas llega al 15% del total. Para formarse un juicio acerca del futuro de una nación es necesario prestar atención a su universidad; aquellas naciones con alta graduación universitaria en las carreras científicas y tecnológicas ocuparán un lugar de relevancia en el escenario mundial durante el siglo XXI.
Tener muchos estudiantes no asegura tener una graduación elevada. Por ejemplo, Brasil, en proporción a su población, tiene menos estudiantes que nosotros, pero sus universidades gradúan más profesionales. ¿Cómo es posible que tengamos más estudiantes, pero menos graduados que Brasil? La explicación es simple: Brasil gradúa la mitad de los alumnos ingresantes y la Argentina apenas gradúa uno de cada cuatro. Claro que no es lo mismo ingresar en la Universidad en Brasil que en la Argentina, ya que en Brasil se exige la aprobación de un examen de ingreso (ENEM).

El último sábado y domingo de octubre fueron distintos para los jóvenes argentinos y brasileños; nada extraordinario sucedió aquí, pero sí en Brasil, donde siete millones de adolescentes tuvieron que rendir examen en 15.000 localidades, cuya aprobación es requisito para ingresar en la universidad. Brasil tiene más graduados universitarios que la Argentina, y no es ajeno a esta diferencia este examen ENEM, que se desarrolló durante diez horas entre el sábado y el domingo. Esta evaluación comprende matemáticas, lengua, redacción, ciencias humanas y de la naturaleza; el año pasado incluso lo rindieron 14.000 presos.

Esto que hace Brasil no es novedad en América latina, ya que también lo hacen países tan distintos como Ecuador, Cuba, Chile y Colombia. En mayo, 100.000 estudiantes rindieron el examen de ingreso a la universidad en Ecuador, implantado recientemente por Correa. Para ingresar a la universidad se requieren 555 puntos, pero para las carreras de Medicina y docencia el puntaje necesario es de más de 800; además, los que superen los 900 puntos gozarán de becas estatales para estudiar en cualquiera de las mejores 50 universidades del mundo.

Estos exámenes de ingreso existen desde hace muchas décadas en casi todos los países, desde Francia y Alemania hasta China y Corea. Son mayoría los países con examen de ingreso y muchos graduados universitarios, porque así la mayor parte de los que ingresan a primer año terminan su carrera, mientras que entre nosotros no se gradúan tres de cada cuatro ingresantes.

Un ejemplo de esto es la Universidad Nacional de La Plata, cuya Facultad de Periodismo tiene 47% más alumnos que la de Ciencias Médicas; sin embargo, ésta tiene anualmente 56% más de graduados. La explicación es simple: las exigencias en el ingreso generan altas cifras para la graduación en Ciencias Médicas, y lo contrario ocurre en Periodismo, donde, paradójicamente, hay más alumnos, pero menos graduados.

Lo mismo ocurre cuando se compara la graduación de médicos en las facultades estatales. Así es como la Facultad de Medicina de la UBA tiene el doble de estudiantes que las facultades de Tucumán, La Plata, Córdoba y Cuyo. Sin embargo, estas cuatro facultades estatales con examen de ingreso anualmente tienen, con apenas la mitad de los alumnos, más médicos graduados que la UBA. Por esto es difícil de entender por qué la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados propicia una ley que, en su artículo 4°, establece: “Todas las personas que aprueben la Educación Secundaria pueden ingresar de manera libre e irrestricta a la enseñanza en el Nivel de Educación Superior”; es decir, prohíben lo que se hace en todo el mundo que progresa. No se entiende esta vocación legislativa por ir a contramano de la tendencia universal por una mejor preparación de los adolescentes.

Las naciones que lideran el crecimiento económico procuran aumentar el ingreso a la universidad, pero no piensan en bajar el nivel de exigencias académicas. Por el contrario, apuntan a incrementar la matrícula universitaria a partir de un proceso de mejora de la calidad de la enseñanza secundaria, estableciendo rigurosos criterios para ingresar en la universidad. Cada vez habrá más estudiantes universitarios, lo cual es positivo, pero es crucial asegurar que ellos ingresen en la universidad bien preparados. Las naciones exitosas se preocupan por garantizar un alto nivel en la calidad de su enseñanza universitaria y procuran además que sean cada vez más los ingresantes provenientes de sectores socialmente postergados.

¿Quién se preocupa más por el futuro laboral de los jóvenes? ¿Aquellos países que promueven el esfuerzo y la dedicación de los estudiantes secundarios para poder ingresar en la Universidad, o las naciones donde la principal preocupación del último año secundario es, con frecuencia, el viaje de egresados? El principal beneficiado por el examen de ingreso es el propio alumno, ya que este requisito lo estimula a estudiar mientras aún está en la escuela secundaria; el estudio metódico, con dedicación continua y disciplina en la escuela secundaria facilita la posterior adquisición de los conocimientos universitarios para afrontar el gran desafío laboral del globalizado siglo XXI.

La experiencia universal dice que el examen de ingreso fortalece el proceso educativo, especialmente en los decisivos últimos años del ciclo secundario. Es hora de mirar al futuro. Y por eso necesitamos una nueva política para fortalecer la graduación universitaria.


El desarrollo anterior trata de mostrar la situación de la educación, pero debe analizarse a la docencia que es la responsable de administrar educación.

Y por esto hay que mostrar la actitud de los sindicatos docentes ante la amarga realidad de la Argentina en el tema.

Esto lo veremos en próximas entradas.


Fuentes

focoeconomico.org

iprofesional.com

chequeado.com

oecd.org/pisa/keyfindings

educar2050.org.ar/2015

bbc.com

infobae.com

lanacion.com.ar

clarin.com

 

 

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