La entrada anterior (parte 2) finalizaba con la muerte de Perón. A ella se sucedió el desastroso gobierno de Isabel que como sabemos fue el antecedente de la Dictadura Militar de 1976 a 1983 donde hubo una persecución al peronismo y movimientos de izquierda.

Uno de los sectores de la sociedad que más sufrió la represión fue la clase trabajadora. Inmediatamente ocurrido el golpe, y debido a cierto temor a una reacción obrera, una de las tempranas acciones de los militares fue sitiar las principales plantas fabriles del área metropolitana de Buenos Aires y de otros grandes cinturones industriales del interior. Se intervinieron los sindicatos y obras sociales, se suspendió de forma indefinida toda actividad sindical y quedó suprimido el derecho a huelga. A estas medidas las acompañó una notoria persecución sobre los trabajadores, que implicó la desaparición física de un importante número de ellos, en especial de los militantes gremiales –gran parte delegados fabriles provenientes del peronismo combativo o de la izquierda.La reacción inmediata de las cúpulas sindicales fue un repentino repliegue que se expresó durante los primeros años en una sustancial inmovilidad.

Posteriormente, los sindicatos inicialmente se agruparon, de manera cambiante, en dos tendencias: dialoguistas y combativos. En abril del 79, luego de la disminución de tres años de altísima violencia estatal, el sector combativo de los sindicatos –la “Comisión de los 25”- convocó a la primera huelga general registrada durante la dictadura. Inmediatamente el gobierno intentó impedirla encarcelando a los organizadores, pero ésta pudo ser realizada igual e implicó el retorno de la protesta social masiva dentro de un espacio público clausurado. A medida que el “deshielo” avanzaba, que el miedo lentamente retrocedía, el movimiento obrero comenzó a tener mayor protagonismo.

Hasta hoy, la existencia de un pacto militar-sindical a finales de la dictadura fue negada sistemáticamente. Sin embargo, un informe confidencial de la Embajada estadounidense fechado en abril de 1983 asegura que “(Lorenzo) Miguel y otros sindicalistas se han reunido regularmente con oficiales de las Fuerzas Armadas recientemente”. Está escrito en uno de los 4.577 documentos desclasificados por el gobierno norteamericano.

El pacto entre el ex presidente militar general Cristino Nicolaides y Lorenzo Miguel fue la denuncia más explosiva (y exitosa) que lanzó Raúl Alfonsín durante su campaña presidencial en 1983.

Lorenzo Miguel
Lorenzo Miguel
General Cristino Nicolaides
General Cristino Nicolaides

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El 2 de mayo, el candidato de la UCR denunció públicamente en declaraciones a la prensa que existía un acuerdo militar-sindical para olvidar los “excesos” cometidos durante la represión, mantener sin variantes a la cúpula del Ejército en el próximo gobierno y evitar la intervención del poder constitucional en la reorganización de las Fuerzas Armadas.

Una de las ideas de Alfonsín era quitarle a la Confederación General del Trabajo (CGT) el monopolio en la representación de los derechos de los trabajadores. Para alcanzar ese objetivo, en febrero de 1984 la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley sobre Reordenamiento Sindical que permitía la creación de nuevas uniones gremiales, pero que ponía en pie de guerra a la central que se encontraba dividida (CGT Azopardo y CGT Brasil) y que a comienzos de 1984 y como consecuencia de la política sindical alfonsinista, se unificó bajo el liderazgo de Saúl Ubaldini. Durante este gobierno hubo 13 paros generales organizados por la CGT en defensa de los intereses sectoriales que representaba.
Saúl Ubaldini
Saúl Ubaldini

Entre mayo y junio de 1989, durante los últimos meses de la presidencia de Raúl Alfonsín, en medio de la hiperinflación, se produjeron 676 saqueos; los primeros saqueos masivos de la Historia nacional. El resto es historia conocida: el país nunca se recuperó. Alfonsín tuvo que adelantar la entrega de su mandato y, más de diez años después, otros 864 saqueos y una movilización a Plaza de Mayo acabaron con el gobierno de Fernando de la Rúa. Subrepticiamente, los saqueos y las amenazas de saqueo y puebladas reemplazaron a los golpes militares en su función de interrumpir la regularidad democrática, y el Partido Justicialista se hizo cargo sin plazo ni fecha determinada del gobierno con su velada amenaza de golpe cívico-policial, enunciada mediante la frase “Sólo el peronismo es capaz de gobernar”, cuyo mensaje entre líneas es “Voltearemos al que se atreva”.

Usando el método destituyente de la gobernabilidad de toda fuerza opositora, los peronistas se convirtieron en amos y señores del país.Ha tenido mayoría permanente en el Senado desde 1983, control absoluto de los sindicatos y manejo amplio y abusivo de muchos otros resortes del poder desde siempre gracias a su enorme red clientelista territorial y a las sucesivas capas geológicas de burócratas peronistas depositadas en el Estado. Las consecuencias destructivas de esta hegemonía son cada vez más difíciles de disimular.

Existen abundantes pruebas que incriminan al aparato peronista en la organización de los saqueos en 1989 y 2001 , que no voy a analizar aquí, pero que están reconocidas por la propia ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner

Que cínicos son los peronistas , no es cierto?.Cínicos y moralmente impresentables. Pero la historia sigue con Carlos Menem.

La década de los 90 fue el período más espectacular en todo el siglo XX en lo relacionado a la transferencia de riqueza de América Latina a los Estados Unidos y Europa. Fueron los años durante los cuales una importante cantidad de presidentes surgidos de elecciones sufrieron distintas suertes: algunos fueron juzgados y condenados por fraude y enriquecimiento ilícito (Collor de Mello en el Brasil, Pérez en Venezuela y Bucaram en el Ecuador); otros fueron públicamente identificados con asesinatos y narcotráfico (Salinas en México), drogas y contrabando (Jaime Paz en Bolivia), y venta fraudulenta de empresas públicas (Cardoso en el Brasil). La presidencia de Menem tuvo la particularidad de combinar todos los vicios de sus colegas presidentes, con una diferencia: mantuvo el apoyo de Wall Street, la Comunidad Económica Europea y las más importancias instituciones financieras (FMI, Banco Mundial, BID).
Alfonsín y Menem
Alfonsín y Menem

Menem es parte de la corte de presidentes latinoamericanos responsable de haber vendido a precio vil los recursos públicos más lucrativos en la historia de la región. De esta manera, el menemismo es parte de un fenómeno más genérico, el “peonismo(servilismo) político”: la utilización de la presidencia al servicio de las demandas y el espíritu adquisitivo de las corporaciones multinacionales. Comprender al menemismo es enfocarlo como un fenómeno relacionado con un patrón general de comportamiento en América Latina. Los presidentes de México, Brasil, Chile, Venezuela, Ecuador, etc. sirvieron de instrumentos para hacer que la década del 90 haya sido la más lucrativa para los bancos y multinacionales de los Estados Unidos y Europa: cerca de un trillón de dólares en ganancias, pagos de intereses de la deuda, excedentes comerciales y pagos en concepto de regalías, sumados a la venta de la mayor parte de los activos de las empresas más valiosas, y la transferencia del control del grueso de los mercados internos. El peonismo político presidencial ha enriquecido a las clases capitalistas de los Estados Unidos, Europa y el Japón hasta un grado sin precedentes, al tiempo que redujo de forma sistemática el estándar de vida de las tres cuartas partes de la población.

Menem fue el líder de la segunda ola de neoliberalismo: estableció la conexión explícita con el capital extranjero e introdujo las nuevas políticas autoritarias a fin de asegurar la implementación de sus políticas. En primer lugar, eludió al Congreso, privatizando por decreto; en segundo lugar, intervino en el ámbito judicial para asegurarse jueces complacientes; en tercero, impulsó la reforma constitucional para asegurar su reelección.

El peronismo fue una causa importante que murió con su Jefe en el ´74, y luego un espacio donde se cobijaron todas las ambiciones para enriquecerse a partir de una memoria que conservaba los votos de las mayorías.

Algunos restos de derechas lo usurparon en tiempos de Menem, y otros restos de resentimientos que se creían de izquierda continuaron su uso con los Kirchner. Poco o nada tenían ambas invasiones de peronistas.

La vigencia de aquel movimiento ya golpeado es el testimonio más cruel de que los no peronistas no fueron capaces o no tuvieron ganas de engendrar una alternativa. Vivimos en una sociedad donde son demasiados los que imaginan que por odiar a una supuesta derecha ocupan el lugar de una supuesta izquierda. Y desde ya que se da la inversa, claro que en ambos casos, los resentimientos intentan disfrazarse de ideologías.

La política como ocupación de cargos es, en nuestra sociedad, más rentable que el agro y la industria juntos. Sin duda, la mayoría de los funcionarios escalaron la pirámide social ocupando un lugar que jamas hubieran merecido por sus logros y que si obtuvieron por sus agachadas. Así las mafias se imponen a las instituciones.

En el ´83 se hablaba mucho de politica y eran pocos los que solo se ocupaban de los negocios. Lo terrible es que esos pocos fueron desalojando a los que no estaban interesados en hablar de negocios. Y eso se fue acentuando sobre una convicción mayoritaria que imagina imposible que un político no sueñe con enriquecerse.

La Coordinadora Radical y la Renovación Peronista surgieron como sectores de la dirigencia que deberían tener vigencia en el presente. Una generación apasionada por la política había errado su destino con la violencia de los setenta y terminaba de fracasar con el oportunismo de los operadores. Un país donde la política había convocado pasiones pero carecía de cuadros suficientemente formados en el momento de gobernar. Políticos de raza ocupaban espacios en todos los países hermanos mientras que en el nuestro llegaba el tiempo de los aficionados además de la disolución de los partidos detrás de las momentáneas imágenes personales. La imagen de prestigio necesitó venir de otros mundos -el deporte, entre ellos. Las ideas perdían vigencia frente a la desidia de los operadores. Finalmente, el kirchnerismo, arrastró una parte importante de la vieja militancia como simple reclutas de una causa que se justificaba sólo por el poder y las prebendas que repartía entre los seguidores.

La política está llena de soñadores aunque nuestra realidad hace que las candidaturas y los cargos los ocupen los oportunistas rentados. En la política, como en tantos espacios de nuestra sociedad, todo está organizado para que se imponga la mediocridad. Ni siquiera los rectores o decanos de tantas nuevas universidades escapan a este sistema diseñado sobre el oportunismo. Se reviven viejas consignas de “lo Nacional y Popular” para ocultar la bajeza del personaje, como si una consigna vencida por el tiempo sirviera para convertir un obsecuente en un militante digno.

Abundan los nefastos que fueron privatistas en los noventa y ahora estatistas sin siquiera ponerse colorados. La mediocridad fue imponiendo su sino y ya ni los gobernadores tienen algo que decir. Cada funcionario ha convertido su lugar en una estructura rentable, como si fuera una empresa, y lo que más le interesa es la duración de sus beneficios.

Las burocracias se impusieron en los gobiernos de los Menem y de los Kirchner, callados para no arriesgar sus prebendas, intentando imponer la idea de que la obsecuencia es una parienta pobre de la lealtad, que el autoritarismo mientras es rentable es soportable. Hasta varios que parecían haber elegido el lugar de intelectuales cayeron en esta guerra donde el poder de turno repartía riquezas a cambio de dignidad. Y la desmesurada importancia del poder del estado en una sociedad amenazada por el fracaso.

El estado reparte prebendas, cargos y negocios que explican demasiadas de las lealtades en juego, sin las cuales las obsecuencias se convertirían en pasajeras. Hasta los derechos humanos dejaron de ser un espacio respetado por todos para terminar como simple propiedad de la secta que ocupa el estado.

No hay pensamiento político. Hay oportunismo, pero no hay pensamiento. Entonces todos se hacen los distraídos y viven de las prebendas que genera el Estado. Porque el Estado es esencialmente prebendario; el Estado genera riquezas, acumula bienes y distribuye injusticias. Ese es el lugar del estado argentino. Perón, cuando volvió, dijo: “Me fui de la casa de gobierno y dejé 250 empleados; volví y había 2500”. Y esa es una concepción del país improductiva. No hay una ideología política que impere, entonces no debatimos el estado en serio. El estado de Cavallo era el estado destruido para que las multinacionales se lleven la ganancia. Y el estado de los Kirchner es un estado saqueado para que se lo repartan entre La Cámpora,pero ninguno de los dos es un estado racional.

Cuando comparamos a los países hermanos donde sus Presidentes abandonan los cargos rodeados del apoyo popular y mereciendo el respeto de todos; cuando vemos que en esos países a nadie se le ocurre eternizarse en el poder; cuando queda claro que prefieren trascender con sus propuestas a durar con sus prebendas, entonces nuestra enfermedad queda al desnudo. No es la política la enferma, somos nosotros que la abandonamos en manos de los peores, que dejamos que el espacio de lo colectivo lo ocupen los que solo buscan saquearlo.

“Hoy el poder es esencialmente corrupto porque es una de las formas elegidas como camino del enriquecimiento”. (Julio Bárbaro) (2015)

Como somos un país donde nadie hace política, la derecha en lugar de hacer un partido se infiltra con Ménem. La izquierda en lugar de armar un partido se infiltra con Kirchner. Pero en rigor es debilidad del peronismo y vagancia de ellos. La izquierda es importante cuando se hace peronista, no como concepción de una política, sino como raigambre nacional y deja de ser importante cuando el peronismo la expulsa. Y la derecha se hace peronista con Ménem, con Cavallo, la Fundación Mediterránea y todo ese aquelarre ideológico de economistas desahuciados; y en el momento en que se cae eso, se cae con el peronismo. El peronismo es un contenedor de los ensayos de la sociedad no es una fuerza política, entonces la izquierda y la derecha se dan en ese seno porque no hay otro seno vivo. El radicalismo no contiene nada, estalla. La ética se le va con Carrió, el liberalismo económico se le va con López Murphy, el oportunismo despiadado se va con Leopoldo Moreau. Se van los pedazos. El peronismo conserva una estructura, pero en rigor no es una fuerza política.

El kirhnerismo sabe inventar enemigos para justificar sus desaciertos, pero de tanto odiar a los de afuera dejó de gobernar con eficiencia. La ideología la pintan de revolucionaria pero la ineficiencia no se puede disimular con nada. Quien gobierna tiene enemigos, pero eso no implica que estos justifiquen la incapacidad. Una cosa es hacer discursos y otra muy distinta es conducir con talento hacia el éxito. Gritarle a los buitres puede ser un camino hacia el fracaso de toda negociación. Tantos gritos sólo porque imaginan que los partidos se ganan en la tribuna. Néstor Kirchner nos sacó del miedo al dólar y de la inflación desmedida. Cristina nos hizo retornar a aquel lugar de atraso y debilidad que parecía superado. Menem y los Kirchner tardaron diez años en demostrar que el camino elegido llevaba al fracaso. Dos décadas perdidas mientras los países hermanos las dieron por ganadas. Dos gobiernos donde la soberbia se mezcló con la mediocridad, y el resultado fue el de siempre, el personalismo exacerbado acompañando del autoritarismo que se termina consumiendo a sí mismo. Una receta que nunca falla; un seguro camino al fracaso.

El kirchnerismo es “setentista” porque mezcla conceptos justicialistas ,apropiados por conveniencia, con ideales de la vieja izquierda.

Los rusos, que ayer desplegaban imperialismo revolucionario, y después de que la caída del Muro de Berlín  les aplastó las veleidades socialistas se expanden hoy al ritmo del nacionalismo y de las mafias.Las viejas izquierdas educaban en el desprecio a la democracia y en el valor secundario de la libertad.

Los argentinos no aprendimos. La guerrilla no tiene personajes presentables, Firmenich es un impresentable. En Uruguay está el ex-presidente Mujica , un hombre que estuvo años preso en un pozo. Es un prototipo de los que convirtieron la violencia en sabiduría, y la sabiduría en política. Nosotros, al día de hoy, tenemos personajes impresentables. Reivindican la violencia como un acto heroico y romántico, pero en rigor nunca se hicieron una autocrítica por el asesinato de Rucci. Y si no lo hacen quiere decir que arrastran un pasado que ellos lo creen meritorio, pero que es muy discutible. Que la dictadura haya sido genocida no implica que la víctima haya tenido lucidez.

Alguien aparentemente les dijo que Firmenich era bueno y López Rega era malo. Y lo que hay que cuestionar es la violencia, no hay una violencia buena, si no parece que el que mataba a Rucci era el bueno y el otro era el malo. Está bien con la teoría de los dos demonios como lo deja planteado Ernesto Sábato en el prólogo del libro Nunca más  y que descaradamente los kirchneristas modificaron. Fueron dos demonios : la guerrilla y la dictadura militar.

La izquierda da asco,son malos, nefastos, farsantes, fabuladores y mentirosos.

La violencia vulneró en demasía los sueños de poder revolucionarios, fue una enorme entrega de vidas a cambio de ninguna posibilidad de tomar el poder. Solo la ignorancia explica el absurdo de que critiquen a Perón mientras aplauden a los Kirchner .

Ayer, en plena juventud, fracasaron al elegir la violencia y la tragedia; hoy  se conforman con asumir un protagonismo obediente y sin crítica en los tiempos del Relato K. Construyeron una secta en torno al poder. Responden a toda crítica repitiendo como loros los logros de la década ganada. Enumeran todos de la misma manera; la ausencia de convicción los obliga a memorizar las respuestas.

Los dogmas son ideas cerradas; un error puede gestar una fisura y si por ella se filtra una duda, ella implica un ataque a la verdad. Pensamiento cerrado, Jefe absoluto, discurso que se escucha, se aplaude y se incorpora al dogma sin meditar. Y ocupación del Estado, asalto de los cargos y las prebendas; en nombre del pueblo, actúan como si se fueran a quedar para siempre en el poder.

Lamentablemente el  gobierno deberá gastar tiempo en expulsar esa caterva de empleados públicos que se apropian de dineros que les quitan a los verdaderos necesitados. Un supuesto pueblo de universitarios agresivos usurpando un Estado que debiera estar al servicio del pueblo verdadero. Eso fue el Kirchnerismo, una usurpación de los necesitados por los oportunistas y, en su desfachatez, intentaron llamarse “militantes”. Perón, que fue en todo un adelantado, ya había expulsado a los imberbes de la plaza.

La realidad es que los Kirchner hicieron un  Gobierno de derechas que le cedió lugares secundarios a vetustos restos de izquierda y en consecuencia mientras los personajes centrales del Gobierno se ocuparon de la ineficiencia y el saqueo, los otros nos cuentan que estuvieron ,  pretenden seguir,  haciendo la revolución. Tanto pegarle al imperialismo pero parece que usaban sus bancos para resguardar sus humildes ahorros.

Entre los políticos y los sindicalistas, sumados a los empresarios, somos el país con mayor producción de obsecuentes y alcahuetes del continente.

Hoy con Gobierno democrático en serio, toda esta caterva de alcahuetes de una revolución que nunca hicieron van a ser mano de obra desocupada, como los que sobraban de la horrible dictadura. Lo más talentoso del Kirchnerismo fue otorgarle categoría de dignidad a los aplaudidores y a la obsecuencia. Ahora sin el Estado van a seguir el camino del menemismo, una especie política en extinción.

¿A quién se le puede ocurrir que el kirchnerismo va a sobrevivir sin poder? Fue esencialmente un partido de negocios -juego y obra pública-, la mayoría de sus personajes importantes queda a tiro de la justicia;deberá soportar la huida de los que se dicen peronistas y no son otra cosa que desesperados por la prebenda que da la obsecuencia.

Si los conductores eran impresentables por ser “setentistas”, ni hablar de los jóvenes forjados bajo el adoctrinamiento K, los “imberbes” echados por Perón transformados en ignorantes de barba rala cuidada adaptada a sus pétreos rostros.

Estos entraron a la política por vía del fanatismo que es entrar por la vía de la limitación mental.Un integrante de la Cámpora  no sabe ni lo que piensa ni lo que dice. Hay una frase de Albert Camus que es clave: “Debería existir el partido de los que no están seguros de tener razón. Sería el mío”. Quien no duda, en la vida, retrocede.

Todo lo sectario, todo lo dogmático, todo aquel que se cree dueño de la verdad es un retrógrado, siempre. En la duda está la posibilidad de la construcción del pensamiento.

En lo otro está la triste reiteración de la estupidez.

 

Haber vivido casi 70 años de peronismo y ver el país que nos dejaron estos últimos corruptos y ladrones me provoca mucha tristeza e indignación porque pienso que nuestros hijos y nietos van a tener que sufrir las consecuencias de las acciones reparadoras que deban hacerse en este gobierno y en sucesivos para arreglar la perversa herencia recibida.

Me da rabia, me da bronca y la expreso con la  música que llevo en el alma : el tango

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