Esta es la continuación de la parte 1. Acá me voy a referir al peronismo después del derrocamiento de Perón en 1955, su accionar en el exilio, su regreso y muerte.

Comienzo con conceptos de un peronista de la primera hora, respetable con mayúsculas , ya que su visión objetiva de la evolución del  movimiento justicialista constituye una de las más dignas expresiones de inteligencia y conocimiento de la política argentina. Me refiero a Don Julio Bárbaro.

Esto dijo para explicar la esencia justicialista de los comienzos:

El peronismo fue un fenómeno complejo que se instaló por encima de izquierdas y derechas, una concepción nacional de la política que desafió a los que dependían de un pensamiento importado. Fue un producto de fabricación nacional. Algún sociólogo lejano dijo que era “un fascismo de clase baja”. Ponerle una etiqueta europea tranquilizaba conciencias, no era fácil aceptar que los de abajo: cabecitas negras y compleja mezcla de inmigrantes desposeídos, que ellos engendraran una cultura, un pensamiento y una forma de vida demasiado parecida a la barbarie, pero capaz de convocar a pensadores más sofisticados que los importados.

El peronismo fue un fenómeno cultural, la expresión de una identidad social y política de los marginados; lo acusaron siempre de anti democrático siendo el único que ganaba con los votos; lo acusaban los que solo podían llegar al poder por medio de los golpes, los que no soportaban que mandaran los de abajo. El peronismo es el fruto de una forja donde los vencidos se volvieron vencedores, de un fenómeno donde el pueblo muestra ser el único capaz de enamorarse de ideales .Los otros, los que soñaron darle su propia mirada de la vida, no soportan tener que asumir la que surge de aquellos a los que a veces no respetaron y muchas veces ni siquiera le reconocieron valor como conciencia colectiva.

El peronismo es tan sólo eso, la conciencia de la multitud, la derrota del individualismo a manos del sentimiento colectivo.

Para ser lo que fue le falta decidirse a ser un partido con sus ideas o un negocio con su memoria. Hasta hoy es un negocio con su memoria. Un tipo como (el gobernador tucumano José Alperovich, que no tiene nada que ver con nosotros, vende coches, pone PJ y es gobernador. El peronismo es también el último nombre de la política, porque el no peronismo nunca hace nada.

El exilio

Los destinos de Perón fueron variando. Luego del golpe de la Revolución Libertadora su nombre pasó a ser un tabú, y el fundador del Partido Justicialista comenzaría su itinerario por Latinoamérica, hasta llegar a España.

Panamá, Caracas, Puerta de Hierro: ¿qué fue aprendiendo Perón en estas ciudades?El exilio, válvula de escape para una expresión que a pesar de los intentos de Aramburu seguiría muy viva en la Argentina, ofició de escuela para el ex presidente: “Perón modernizó y actualizó su pensamiento en el exilio”,según el escritor Juan B. Yofre.

Perón en los momentos iniciales de su exilio vivía como un “leproso”. Así se refería el diputado Raúl Justo Fierro, un hombre que estuvo con Perón en el exilio que lo visita en Panamá, ve como vive en Caracas, y después muestra los papeles de Perón, en donde se prueba que él se lleva 70 mil dólares. Y eso lo va a administrar Ricardo Gayol, lo que le va a permitir a Perón, con esos 70 mil dólares, más otros miles de pesos, que no eran muchos, recibir 500 dólares por mes.

Perón va a tener dinero recién cuando llega a República Dominicana donde permaneció dos años. El dictador General Leónidas Trujillo le va a adelantar, allí, 25 mil dólares, y puede vivir un poco más cómodamente. Pero cuando recién se exilió, Perón tenía “apenas para los puchos”, como decía él.

Trujillo y Perón
Trujillo y Perón

La segunda parte sería su vida en España en 1960, y la tercera es la presencia permanente de Perón en la historia argentina desde afuera, a partir del Cordobazo de 1969.

El que fuera delegado de Perón, John William Cooke,le propuso a su jefe ir a vivir a La Habana. Queda claro que para los peronistas de izquierda, las relaciones carnales de Perón con Stroessner, Pérez Jiménez, Trujillo y Somoza eran tragos difíciles de digerir. Incluso para el  pragmatismo de los peronistas resultaba chocante que el jefe de la supuesta revolución inconclusa eligiera,” para comer el amargo pan del destierro, las mesas tendidas por los dictadores que eran la lacra de América latina.”

John William Cooke
John William Cooke

Perón escuchó la propuesta de Cooke, le dijo que iba a pensar lo que haría y después resolvió de acuerdo con su estilo y sus creencias íntimas: se fue a vivir a España, a la España de Francisco Franco, se entiende. Los peronistas de izquierda tragaron saliva, miraron para otro lado y cambiaron de conversación. No faltó algún intelectual nacional que teorizara en términos justificativos esa decisión. Para esa época los peronistas de izquierda empezaron a hablar de un líder entornado por malas personas o de un conductor que tomaba decisiones magistrales que sus seguidores no comprendían en lo inmediato. La relación perversa entre la izquierda peronista y Perón estaba naciendo, una relación fundada en el engaño, una relación entre truhanes, podría decirse.

Debemos recordar el contexto histórico en esos años.

El mundo estaba en plena guerra fría y Argentina, a pesar de estar en lo periférico del orbe, también era un cuadro dentro del tablero.
En 1958 había sido electo presidente el abogado, periodista y político, Arturo Frondizi. Un hombre de extracción del Partido Radical que creo la Corriente Intransigente (UCRI) dividiendo al mismo, que confrontó principalmente con la UCRP (Unión Cívica Radical del Pueblo) a quien logró derrotar. Hombre de gran preparación y con conceptos progresistas, su ascenso al poder fue a través de las urnas y se debió a un pacto secreto con el exiliado Perón, a quien prometió quitarle la proscripción y demás inhibiciones que pesaban sobre el mismo si le apoyaba con el voto peronista, normalizando el accionar político nacional.

En Cuba había triunfado la Revolución Cubana con Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara como líderes de la misma. Esto provocó un sismo en Latinoamérica ya que el comunismo amenazaba con llegar a todos los países de la región a través de la exportación de la guerrilla cubana.

Castro y Guevara en 1959
Castro y Guevara en 1959
La política internacional fue decisiva en la caída del gobierno de Frondizi y uno de los aspectos más importantes de su presidencia. Debe recordarse el plan para el desarrollo latinoamericano (denominado la Alianza para el Progreso) lanzado por el presidente de Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy y el problema respecto a las relaciones con Cuba.
La Crisis de los misiles en Cuba entre los Estados Unidos, la Unión Soviética y Cuba, en octubre de 1962, fue vista con relativa preocupación por los habitantes argentinos, considerando que era algo lejano y ajeno, y que de desatarse una guerra nuclear se estaba en un lugar que no llegaría.
Cuando Guevara fue a Punta del Este para la presentación del plan, viajó (supuestamente en secreto) a Buenos Aires para entrevistarse con Frondizi; al día siguiente todo el país se enteró de esos hechos, despertando las reticencias en un sector del Ejército y la derecha.
Frondizi fue entonces obligado a renunciar y, puesto que el vicepresidente había dimitido poco después de su asunción (según la Constitución, el vicepresidente es a la vez presidente del Senado), asumió la presidencia interina el entonces vicepresidente primero de la cámara de senadores, José María Guido.
El proceso político continuó hasta la llegada al gobierno del General Juan Carlos Onganía en 1966.Su gobierno  desarrolló la teoría de la necesidad de atender primero el “tiempo económico” sobre el “tiempo social” y el “tiempo político”. Por ello intentó mantener la participación de los distintos sectores del país en su gobierno mediante la formación de comités consultivos en áreas específicas de la política agraria, industrial y económica. También hizo esfuerzos por reafirmar un nuevo sistema corporativo, derivado del diseñado por Perón pero con impronta liberal en ciertas áreas.
Por otro lado, surgieron movimientos de izquierda partidarios de opciones violentas. Inspirados muchos de ellos en el triunfo castrista de 1959, no dudaron en empuñar las armas para conseguir el poder. En un clima de violencia cada vez mayor, que cobró miles de víctimas en diferentes países, recurrieron al terrorismo y a la lucha abierta contra las fuerzas de seguridad. Algunos de estos grupos, luego de llegar al poder, pasaron a convertirse en partidos políticos. Por ejemplo, el sandinismo, que había derrotado a la dictadura de Anastasio Somoza, en Nicaragua, o el Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí, en El Salvador.(visitar en esta página la Línea del tiempo sobre Historia de la Guerrilla en Argentina y otros artículos referidos al tema en la categoría Historia).
En este punto , Perón que hacía?

Hubo un momento en que Perón alentó la lucha armada…

Las organizaciones armadas se ofrecieron. Estando en Madrid, queriendo volver al poder de nuevo, se ofrecieron, y el General dijo sí. Perón sabía qué significaba cada cosa.Se lo va a decir en abril del 71 al coronel Francisco Cornicelli, enviado del General Lanusse , que le pide si puede haber de su parte algún tipo de condena a los hechos violentos de las organizaciones armadas. Perón le dice, “si yo hiciera eso, no me obedecerían”. Eso tiene otra explicación.

En el año 61, Fidel Castro crea Punto Cero, la base de formación de guerrilleros más importante. El primer alumno fue un argentino, Jorge Masetti, que va a aparecer en Orán, Salta, con cubanos (una avanzada de la guerrilla enviada por el Ché). por lo que la Argentina será uno los países que más va a sufrir la intromisión cubana en América del Sur.( Ver en esta página Operación Penélope).

Cuando se ven los nombres de los que pasaron por ahí, en sus distintas acepciones ideológicas, surge que todos pasaron por Cuba. Empezando por el primer secuestro importante, que es el de Aramburu (ex presidente de facto, asesinado por Montoneros):Fernando Abal Medina pasó por Cuba, Norma Arrostito pasó por Cuba, dentro del proceso de la Conferencia de la OLAS, Organización Latinoamericana de Solidaridad.

Perón tenía que montarse en eso para poder llegar al poder. El papel de las organizaciones armadas en Argentina era morderles los talones a los militares para que se fueran. Además, las organizaciones armadas y el clima conflictivo que se vivía en Argentina posibilitaron que Perón volviera con el mayor apoyo, que no había tenido en el 64. Apoyo que incluyó a los Estados Unidos, la masonería, la dirigencia empresaria, la dirigencia sindical, gran parte de la dirigencia política. Todos querían que volviera, porque estimaban que era el único que podía enfrentar a la guerrilla y así ocurrió.

El exilio es de Perón, pero no es el del peronismo. El que le impide volver y hacer política, cuyo nombre está prohibido de pronunciar, su figura está vedada, no se puede cantar la marcha, hay un decreto para ello. Pero no es el exilio del peronismo: desde su dirección en Madrid, sigue participando en la vida política argentina a pesar de estar prohibido. Cuando hay elecciones, muchas veces el peronismo marcha con sus banderas, y otras veces también recibe la orden de Perón de votar en blanco. Y va a ocurrir que el voto en blanco va a ser superior al de la Unión Cívica Radical del Pueblo, o de la UCRI. El peronismo nunca estuvo en el exilio: siempre estuvo en la vida política argentina. Se expresaba como podía, surfeaba entre ese proceso político que se venía desarrollando. Pero el peronismo se expresó. Y esto tiene que ver también porque nunca nació en Argentina algo que pudiese suplantar al peronismo.

Y llegamos a la década del 70. Se inaugura el setentismo con su nefasta ideología que nos ha acompañado hasta hoy cargada de mentiras, odios, muertes y corrupción ; y que además engendró la brutal represión de la Dictadura Militar de Videla y acólitos.

A principios de los setenta se acentuó el reclamo de los gremios por el regreso de Perón. El general Alejandro Lanusse había tomado el poder en marzo de 1971 mediante un golpe palaciego dentro del régimen militar surgido en 1966, y decidió restaurar la democracia institucional en 1973.

Perón desde el exilio en España tomó la decisión de nombrar un candidato a presidente por el peronismo cuya misión sería eliminar la proscripción por la que él no podía presentarse, para que Perón pudiera retornar al país y —tras la necesaria renuncia del presidente peronista que se descontaba que sería elegido— se llamara a elecciones y triunfara Perón. Se barajaron tres posibilidades: Héctor J. Cámpora, Antonio J. Benítez y Jorge Alberto Taiana. Finalmente Perón se decidió por Cámpora, a quien consideraba el más acorde a sus pretensiones.

El Regreso

El 17 de noviembre de 1972 Perón regresa a la Argentina luego de 17 años de exilio.Había entendido que había cometido errores en su primer período, y que estaba dispuesto a no repetirlos en su vuelta a la Argentina.Una muestra de su voluntad de pacificar fue el histórico abrazo con Ricardo Balbín , el líder radical al que había encarcelado en 1949.

Abrazo Perón - Balbín

Con casi 10 años de diferencia de edad –Perón, el mayor de los dos, tenía 77 años–, eran contemporáneos de la política: uno, fundador del movimiento peronista y dos veces presidente de la Nación; el otro, conductor de la Unión Cívica Radical, la otra fuerza política de raigambre popular.

Pragmáticos, ambos entendieron que era necesario dejar de lado viejas antinomias y cerrar filas para abortar el llamado Gran Acuerdo Nacional (GAN), una salida electoral concebida por el presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse y por Arturo Mor Roig, su ministro del Interior.

Probablemente, los protagonistas no tuvieron, a su tiempo, conciencia plena de la dimensión histórica de ese día, ni tampoco ninguno de los dos imaginó que, 19 meses más tarde, uno de ellos partiría de este mundo y el otro,  posando su mano sobre el féretro, pronunciaría aquellas palabras que quedarían para siempre en la historia: “Este viejo adversario despide a un amigo”.(Recomiendo ver el video).

Con Cámpora como presidente,Perón regresó al país el 20 de junio de 1973. En un hecho conocido como la Masacre de Ezeiza, la izquierda de Montoneros y el aparato de la derecha sindical de la CGT se enfrentaron por el control del palco de honor, con un saldo de 13 muertos y 365 heridos.

El 21 de junio de 1973  Perón dirigió un enérgico mensaje por radio y  televisión, implícita pero inequívocamente dirigido contra los sectores de izquierda de su movimiento. El enérgico mensaje del líder justicialista contó con el beneplácito general de los distintos dirigentes de los partidos políticos -desde las filas del propio justicialismo y de los integrantes no peronistas del FREJULI hasta las fuerzas de la oposición como la UCR y la Nueva Fuerza de Alvaro Alsogaray. También produjo una reacción favorable en los medios de prensa y en los líderes gremiales. Las únicas excepciones a este respaldo casi unánime provinieron del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y del ERP.

Por cierto, los sectores de la izquierda dentro del peronismo, como la JP y Montoneros, no pudieron o no quisieron ver este giro de Perón hacia la derecha y lo excusaron de toda responsabilidad por el alejamiento de Cámpora.  Por ingenuidad o por la necesidad política de utilizar a Perón como herramienta de su propio proyecto político, los dirigentes de la JP y de Montoneros interpretaron que el líder justicialista era una víctima del “cerco” digitado por López Rega, que lo aislaba del contacto con el sector juvenil y con el “pueblo”. Así, los integrantes de la JP hicieron el 21 de julio de 1973, una multitudinaria manifestación alrededor de la quinta presidencial de Olivos para quebrar dicho “cerco”. Pero a pesar de que los dirigentes de la JP Juan Carlos Dante Gullo, Juan Carlos Añón, Beto Ahumada y Miguel Lisazo obtuvieron el contacto directo con Perón, la euforia que provocó este logro fue efímera. Horas después, la Secretaría de Prensa de la Presidencia anunció a través de un comunicado la designación de José López Rega como delegado personal de Perón ante las distintas organizaciones de la Juventud Peronista. Con el fin de no romper el vínculo con el líder justicialista, muchos dirigentes juveniles prefirieron seguir explicando este nuevo desengaño a través del argumento del “cerco”.

Pero tampoco Perón pudo o quiso percibir que su proyecto personal, de corte reformista, no podía ser conciliado con el de los sectores de izquierda, de índole revolucionaria. Mientras Perón habló de  una “revolución en paz” dentro del sistema capitalista., los Montoneros persiguieron “la destrucción del Estado capitalista y de su ejército, como previos a la toma del poder por el pueblo”. En tanto Perón siguió planteando la Tercera Posición como herramienta para ampliar los mercados de colocación alternativos al norteamericano, Montoneros propuso una variante más radicalizada.

Mario Firmenich , el líder de Montoneros, declaraba: “….La guerrilla es sólo una de las formas de desarrollar la lucha armada; es sin duda el mis alto nivel de lucha política. Este método se desarrolla cuando los objetivos políticos no pueden ser alcanzados a través de las formas no armadas de la lucha política. O sea que la guerrilla no es una política en si misma sino un método para desarrollar una política en circunstancias determinadas.”

Firmenich y Quieto en 1973
Firmenich y Quieto en 1973

“Nosotros, siempre hemos sostenido que esta guerra es integral, para repetir al General Perón, que se hace en todo momento, en todo lugar y de todas formas. Nos definimos por esta forma de pelear como organizaciones político-militares, siempre nuestro fin fundamental ha sido y es un objetivo político; en las actuales circunstancias en que estamos pasando de la consigna de “Perón Vuelve” a “Perón al Poder” nos encontramos en un cambio da etapa que obliga a un cambio en los métodos.

……..el poder político brota de la boca de un fusil. Si hemos llegado hasta aquí ha sido en gran medida porque tuvimos fusiles y los usamos; si abandonáramos las armas retrocederíamos en las posiciones políticas………….”

Los sectores izquierdistas percibieron la llegada de Perón a la Casa Rosada tan sólo como un paso en dirección a la patria socialista. Perón no quiso llegar tan lejos: buscó la “revolución en paz” pero dentro de un sistema capitalista, intención que los sectores izquierdistas interpretaron como conservadora y claudicante.  En consecuencia, Montoneros y JP-Tendencia dentro del peronismo, y el ERP fuera de él, apelaron a la actividad guerrillera en función de dos objetivos: acelerar la transición hacia el socialismo y responder a los ataques de las patotas sindicales y de la derecha lopezrreguista.

José Ignacio Rucci era el dirigente sindical que públicamente expresaba los ataques mas virulentos contra los “infiltrados” en el movimiento peronista, llamando así a su ala izquierda, y repetía sin cesar los llamados a eliminar de las filas del movimiento obrero a los “bichitos colorados” como el los llamaba. Fue asesinado por Montoneros el 25 de setiembre de 1973 a pocos días de la asunción de Perón.

Fue la provocación más grande contra el general. Nunca dudó de que habían sido los montoneros y lo vivió así. Pero dentro del peronismo se produjo un fuerte rechazo y comenzó a perder apoyos. Antiguos miembros del peronismo revolucionario se distanciaron de la conducción montonera y surgió la JP Lealtad . Según el ex diputado nacional Julio Bárbaro: “Los montos entran al peronismo matando a Aramburu y se van del peronismo asesinando a Rucci”.

Luego del ataque del ERP a la guarnición de Azul en enero de 1974,y luego de haber emitido el radiograma en el que había llamado abiertamente a “aniquilar el terrorismo criminal… exterminarlos uno a uno para el bien de la República”,  Perón se reunió con diputados a los cuales les manifestó textualmente:”A la lucha -y yo soy técnico en eso- no hay nada que hacerle, más que imponerle y enfrentarle con la lucha. Y no atarse las manos frente a esa fuerza; y especialmente, no atarse las manos suprimiendo la ley que lo puede sancionar. Porque nosotros, desgraciadamente, tenemos que actuar dentro de la ley, porque si en este momento no tuviéramos que actuar dentro de la ley ya lo habríamos terminado en una semana. Para nosotros es un problema bien claro. Queremos seguir actuando dentro de la ley y para no salir de ella necesitamos que la ley sea tan fuerte como para impedir esos males. Dentro de eso, tenemos que considerar si nosotros podemos resolver el problema. Si no contamos con la ley, entonces tendremos también nosotros que salirnos de la ley y sancionar en forma directa como hacen ellos”….

“….Si no tenemos la ley, el camino será otro; y les aseguro que puestos a enfrentar la violencia con la violencia, nosotros tenemos más medios posibles para aplastarla, y lo haremos a cualquier precio, porque no estamos aquí de monigotes.”

“…..Nosotros vamos a proceder de acuerdo con la necesidad, cualquiera sean los medios. Si no hay ley, fuera de la ley también lo vamos a hacer y lo vamos a hacer violentamente. Porque a la violencia no se le puede oponer otra cosa que la propia violencia. Eso es una cosa que la gente debe tener en claro, pero lo vamos a hacer; no tenga la menor duda”…..

“Tenemos la seguridad de que la mayoría absoluta del pueblo nos acompaña, y cuando un Movimiento está apoyado por el pueblo no hay fuerza que se le pueda oponer. De eso estoy totalmente convencido.”

El 14 de mayo de 1974, Montoneros comete el segundo asesinato político para cuestionar el liderazgo de Juan Domingo Perón. Tras el asesinato de José Ignacio Rucci aquel 23 de setiembre de 1973, los terroristas sediciosos rompen definitivamente con Perón y con el peronismo al que adscribía férreamente el Padre Carlos Mugica, quien había denunciado que al sindicalista lo mataron los Montoneros.

El Primero de mayo de 1974, hace 42 años, con dos palabras, “imberbes” y “estúpidos”, Perón rompió lanzas con aquella “juventud maravillosa” a la que encomiaba en todo desde el exilio y que, desde finales de los años sesenta se había convertido en protagonista de la resistencia que luchó durante dieciocho años por devolverlo al país. Pero una cosa era el exilio y otra el poder. Nadie mejor que Perón sabía de estas cosas.

Por primera vez en la historia Juan Perón hizo lo que jamás soñó: insultó y cargó contra miles de sus partidarios. Por primera vez en la historia miles de peronistas hicieron lo que jamás imaginaron: desairaron a su líder, abandonaron la plaza de los grandes atardeceres de gloria y dejaron a sus espaldas un hueco que no llenó nada ni nadie.


 

En aquel 1974 la Argentina era un vendaval. Quien lo vivió, lo sabe. El acto del Primero de mayo no fue sino la ratificación de una decisión tomada por Perón mucho antes, tal vez el día de su segundo retorno al país, entenebrecido por la masacre de Ezeiza; tal vez cuando Montoneros asesinó a uno de sus hombres más fieles, el secretario general de la CGT, José Rucci; tal vez cuando los embates de la guerrilla marxista del ERP, con la que Montoneros y la JP mantenían “diferencias” sin decidirse a la ruptura total.

La muerte de Perón se produjo el 1º de julio de 1974. Con el líder justicialista desapareció la única figura política con la suficiente capacidad de convocatoria para moderar la violencia proveniente tanto de los sectores de izquierda como de derecha. A pesar de la ruptura entre el líder justicialista y los sectores izquierdistas de la JP-Tendencia y Montoneros, otros sectores de la JP (como, por ejemplo, la JP-Lealtad) siguieron reconociendo el liderazgo de Perón. De esta manera, la desaparición física de Perón consolidó el giro hacia la derecha ya iniciado con la matanza de Ezeiza el 20 de junio de 1973, las renuncias de Cámpora, Puig y Righi el 13 de julio del mismo año y las medidas de seguridad adoptadas durante los gobiernos de Lastiri y Perón, y que se había tornado irreversible tras las purgas de elementos izquierdistas del gobierno y de las fuerzas armadas y la expulsión de los Montoneros de la Plaza de Mayo en el discurso del 1º de mayo de 1974.

En aquel Primero de mayo, la ilusión de que el carisma del viejo general fuese capaz de contener en su abrazo a la izquierda peronista, a Montoneros y también a los poderosos gremios con la Unión Obrera Metalúrgica a la cabeza, estaba hecha añicos. Y la JP ya no entraba en los planes de Perón.

El General, que rehuía hablar de sí mismo, prefería en cambio identificarse con las altas metáforas: “Cuando los pueblos pierden la paciencia, suelen hacer tronar el escarmiento”, decía. Y él había perdido la paciencia.

Perón fue un cínico, que llamó a los Montoneros “juventud maravillosa”, hasta que las balas cayeron sobre Rucci y decidió que había que “exterminarlos uno a uno” aunque fuera “violentamente y fuera de la ley”.

Sin la presencia moderadora de Perón, tanto los representantes de la extrema izquierda como la extrema derecha del movimiento justicialista se sintieron habilitados para ejercer la violencia en forma ilimitada y abierta. La dirigencia del ERP, que nunca había creído en la vocación “revolucionaria” de Perón, percibió al gobierno de Isabel como representativo de los sectores derechistas ligados al capitalismo y al imperialismo yanqui. A su vez, López Rega y su grupo ya no tuvieron ningún freno para utilizar en forma desembozada a la Triple A para reprimir a los manifestantes de izquierda y a miembros de la comunidad judía -tuviesen o no inclinación izquierdista.

Ante el fracaso de los mecanismos antiterroristas instrumentados desde el Ministerio de Bienestar Social en coordinación con la policía federal, el gobierno de Isabel resolvió que los militares se encargaran de la lucha antisubversiva, a través del decreto secreto 261 aprobado a principios de febrero de 1975. El éxito del “Operativo Independencia” contra la guerrilla en Tucumán, realizado como consecuencia de esta decisión, fue una derrota táctica de López Rega, en tanto demostró el fracaso de las fuerzas policiales para contener la violencia guerrillera y la eficiencia del ejército en lograr ese objetivo. (88) Durante el breve interinato de Luder, entre septiembre y octubre de 1975, fueron sancionados dos nuevos decretos (Nos. 2270 y 2272) que otorgaron a las fuerzas armadas el control centralizado de las operaciones militares, si bien éstas quedaban bajo el comando superior de la presidente.

En 1974 murió el líder, el ideólogo , el conductor del movimiento y entonces comenzaron a moverse como ratas de albañal los ambiciosos partidarios para quedarse con la mejor tajada de poder que pudieran conseguir dentro de una descarnada y desvergonzada pelea por intereses personales haciendo que lo hecho por su líder,equivocado o no, pasara al olvido en cuanto a su esencia ya que el post-peronismo inaugura la última etapa de decadencia moral y ética en la que está sumergido el Partido Justicialista
A partir de entonces ya nada volvió a ser nunca igual.

He considerado conveniente haberme explayado en acontecimientos históricos con Perón en vida para tener una base sólida que pueda explicar lo inexplicable que es el post-peronismo el que analizaré desde mi opinión en próximas entradas.

Continuará………..

 

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