Es posible decir ” soy peronista ” ya ingresados tres lustros en el siglo XXI ?

Creo que quienes contestan que sí debieran hacer un revisionismo histórico breve que les muestre los orígenes de su supuesta ideología y cómo pueden defenderla hoy tras  70 años en el poder dejando al país en un estado calamitoso luego de casi 27 años ininterrumpidos gobernando. Aclaro que el ” casi ” es porque entre el 10 de diciembre de 1999 y el 21 de diciembre de 2001 estuvo la presidencia de De la Rúa a quien supongo no le querrán echarle la culpa de todo, aunque no me extrañaría dada la capacidad de victimización de los peronistas.

Hagamos un breve repaso de nuestra historia.

Dice el refrán ” No hay mal que dure 100 años……”, y llevamos casi 73 desde 1943 cuando apareció Juan Domingo Perón en la escena política argentina. ¿Hasta cuando ” habrá cuerpo que aguante” como sigue el refrán?

Recordemos que Perón es parte del golpe de estado de 1943 contra  el presidente Ramón Castillo y que había tomado parte del golpe de 1930 cuando el General José Félix Uriburu derrocó al presidente constitucional Hipólito Yrigoyen.

O sea que sus comienzos no fueron muy democráticos, no es cierto ?

Perón y Uriburu

En febrero de 1944 el dúo Farrell-Perón desplazó al General Ramírez de la presidencia, siendo designado Perón en el estratégico cargo de ministro de Guerra el 24 de febrero de 1944 y al día siguiente Farrell en la Presidencia de la Nación, primero interinamente y definitivamente a partir del 9 de marzo.

O sea que participó del Gobierno de facto en importantes cargos desde los cuales comenzó a tejer una alianza con los sindicatos que fueron quienes lo sostuvieron hasta llegar a la presidencia luego del famoso 17 de octubre de 1945.

Una ironía : la fecha de asunción fue el 4 de junio de 1946, la misma que el golpe de 1943.

Lo que se conoce como «los años más felices» del peronismo fueron, en realidad, apenas tres, desde 1946 hasta 1949, el tiempo en que Perón puso los pilares de su modelo de transformación, que no fue tanto económico como social, porque se trató de una fenomenal distribución de la riqueza —que se había acumulado durante los años de la guerra— entre los trabajadores a niveles nunca vistos, ni antes ni después. A partir de entonces, ante la gran dificultad de generar riqueza genuina y equilibrar las cuentas, Perón lo intentó todo.

Todo empezó en 1946, cuando se lanzó el Primer Plan Quinquenal, liderado por el empresario Miguel Miranda, conductor del equipo económico hasta 1952.A pesar de las buenas relaciones entre el gobierno y los gremios durante el período entre 1943 y 1945, los salarios reales apenas habían aumentado, pero a partir de entonces, los salarios reales crecieron a una tasa récord, aumentando 62 por ciento entre 1946 y 1949, que por primera vez en la historia llevó a los salarios al 47 por ciento de la renta nacional.
La política de expansión salarial se debió a una necesidad política, afianzar el liderazgo político entre quienes lo apoyaron, y a un diagnóstico económico, la convicción de que «la reconstrucción europea sería lenta y costosa, signada por la escasa liquidez de las naciones que habían participado del conflicto y por un esquema de comercio internacional básicamente cerrado», lo que hizo que Argentina se refugiara en su mercado interno.

Tanto el Presidente como Miranda estaban convencidos de que era inevitable una tercera guerra mundial, quizás con la esperanza de que una equidistancia en los bandos en disputa beneficiaría económicamente al país, como ocurrió con la neutralidad que se observó durante la Segunda Guerra.

En 1944, en Bretton Woods, donde se establecieron las reglas para relaciones comerciales y financieras entre los países más industrializados y se decidió la creación del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, «los aliados prepararon la transición a una paz distinta a la de la Primera Guerra» y, a pesar de marchas y contramarchas, «los países occidentales abandonaron gradualmente las restricciones de la guerra y evitaron caer en pasados extremos con resultados relativamente exitosos». Pero en la Argentina, Perón hizo las cosas a su modo, manteniendo «las restricciones y regulaciones del tiempo de la crisis y la guerra». Y mientras el mundo volvía a la normalidad, nuestro país continuó su camino «tomando un camino excéntrico», donde «se aislaba aun más».

Las decisiones que tomó Perón partieron «de una evaluación equivocada de las tendencias futuras», ya que no solo estaba convencido de que aumentaría el poder negociador de las materias primas argentinas en el mundo cuando la tercera guerra fuera una realidad, sino que creyó que era más conveniente producir en rubros donde nuestro país no tenía ventajas comparativas, haciéndole pagar al campo el desarrollo de industrias que jamás fueron competitivas, algo que ni siquiera hizo Australia, otro país que también era exportador de alimentos, pero logró desplegar la manufactura industrial sin cargarle los costos a la producción agropecuaria.

Las condiciones en las que Perón asumió eran óptimas. Entre 1939 y 1948 hubo, «como nunca antes ni después durante un siglo», diez años consecutivos de superávit de balanza comercial. Entre 1941 y 1948 hubo otros años consecutivos de superávit de cuenta corriente. Entre 1939 y 1946 hubo siete años consecutivos de acumulación de reservas.

La Argentina había estado ahorrando en exceso y disponía de un sobrante de divisas; era, por lo tanto, una invitación a gastar, fuera para consumir, fuera para invertir, fuera para repatriar deuda.

Nadie rechaza una invitación así, y Perón no lo hizo.

Así fue que empezó la fiesta. Los salarios reales se incrementaron un 40 por ciento en el trienio, la participación de los asalariados en el ingreso total pasó del 37 al 47 por ciento, las ventas de aparatos de radio crecieron 600 por ciento entre 1945 y 1948, las de heladeras 218 por ciento, las de discos fonográficos más de 200 por ciento, las de indumentaria para señoras y niños 125 por ciento, las de calzado en 133 por ciento, las ventas de cocina en 106 por ciento, las de indumentaria para hombres en 100 por ciento.

La clase trabajadora argentina experimentó el mayor aumento de bienestar de toda su historia ,la bonanza económica había sido generosa con todos porque, esta vez, “el bienestar era de todo el pueblo argentino”».

Los comerciantes de todos los ramos vivieron su momento de euforia, el país dejó de acumular reservas y eliminó lo que para Perón era, con justicia, un indeseado superávit comercial.Nacieron cientos de empresas nuevas y se consolidaron otras, como Techint, Fate, Arcor, Dálmine Safta,y Franco y Antonio Macri comenzaron a participar en el «Plan Eva Perón de Viviendas» en 1948.

Hubo una mayor participación del Estado como empresario, ya que hubo una importante estatización o nacionalización de los ferrocarriles, los teléfonos, las usinas eléctricas, las empresas de gas, los puertos con sus elevadores, las plantas de servicios sanitarios, los seguros, los silos de campaña y el transporte urbano de pasajeros de la Capital Federal. Todos estos servicios públicos y de transporte estaban en manos extranjeras (inglesas, norteamericanas, alemanas) y pasaron a formar parte del tronco central del modelo económico peronista, «el sistema nervioso de la economía», como diría Perón.

El Estado empresario pasó a tener el 36 por ciento de participación en 1946 a 47 por ciento en 1950, y el gasto del Estado pasó de 19,5 por ciento del PBI entre 1940-1944 a 29,5 por ciento entre 1945-1949. La economía peronista tuvo la ayuda de los aportes jubilatorios obligatorios creados por su antecesor, Edelmiro Farrell, en el mismo decreto en el que creó el aguinaldo, ambos como parte de un programa de campaña anticipada después que Perón formalizó su candidatura.Se trataba de un verdadero regalo del cielo , ya que prácticamente no había erogaciones por jubilaciones, solo entraban los aportes y casi no salían.

De todos modos, los problemas no tardarían en aparecer.

Obviamente, con los mayores salarios, el mayor consumo y el insuficiente crecimiento industrial, la inflación empezó a aumentar a niveles cada vez más preocupantes. Entre 1945 y 1949 alcanzó el 66,4 acumulado. Aunque este no fue el único impuesto indirecto que reinó durante los años peronistas. También se le dio gran impulso al impuesto a las exportaciones, que surgían del diferencial del tipo de cambio que recibían las exportaciones agropecuarias, que se lo quedaba el Estado a través del Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI). Así, la producción agropecuaria argentina gozaba por el aumento de los precios internacionales, pero como era considerado «excesiva» por las autoridades económicas, las principales ganancias se las quedaba el Estado, que así podía financiar mejor el aumento de los gastos. Los problemas surgieron cuando a la sequía local se le sumó la caída de precios internacionales. Los productores ya no tenían incentivo para sembrar, dejó de haber trigo para el consumo interno, solo había pan negro para el consumo interno, una mezcla de mijo con centeno, y Perón tuvo que cambiar su política agrícola. Pasó de quedarse con el diferencial a darle subsidios. Y así terminó la fiesta.

A esta altura de la revisión,¿ no les hace pensar lo que vivimos con las retenciones al agro en el kirchnerismo? Es parecido, no?

En efecto, a partir de 1949 la economía paró de crecer y vivió un estancamiento que continuó hasta 1952. También cambió al responsable del área económica. Pasó del voluntarista empresario Miranda al perfil técnico de Alfredo Gómez Morales, un economista de 40 años que lideró el ajuste de la economía, aumentando las tasas de interés para los créditos, congelando salarios, disminuyendo la presión y subsidiando la producción agropecuaria.
La tercera guerra no había llegado y Argentina había sido marginada del Plan Marshall, el programa de reconstrucción de las economías europeas que creó Estados Unidos en 1947, después de la Segunda Guerra Mundial, que tuvo su capítulo latinoamericano.

En 1949, las exportaciones cayeron a 933 millones de dólares, contra 1.600 que habían alcanzado en 1948. La industria sufrió por las dificultades para importar insumos y también cayó, igual que el crédito. Sin embargo, no hubo cambios de fondo. Continuó la emisión monetaria y el aumento de salarios, por lo que no se pudo contener la inflación, que alcanzó el 31 por ciento ese año, el mayor desde la crisis de 1890, lo que empezó a configurar lo que se conoce como «la puja distributiva» entre obreros y empresarios, un concepto de la economía heterodoxa, que considera que la inflación es producto de la mayor presión salarial ante el aumento de precios de los sectores concentrados. Por cierto que no había concentración económica en tiempos de Perón, pero igual se dio inicio a un período de huelgas declaradas ilegales y combatidas con represión.
Perón saldó personalmente su «puja distributiva» en 1952, luego de tres años de estancamiento económico y ya obtenida la reelección. Aceptó el plan de austeridad económica que prepararon Gómez Morales y su equipo, que se puso en marcha en su totalidad apenas terminado el sepelio de Evita. El 18 de febrero del 52 anunció el Plan de Emergencia con el que buscaba estabilizar la economía, por el que congeló por dos años los salarios, los precios y las tarifas públicas. Al volver la renegociación salarial, dijo, se haría con pautas de productividad. Ahora, se trataba de no gastar, de consumir menos, de «no derrochar».

La campaña contra «el agio y la especulación», que se había iniciado años atrás, se lanzó con nuevos bríos. De hecho, se radicalizó, y los comerciantes fueron tomados como enemigos, lo que obligó a muchos almaceneros, carniceros y dueños de mercaditos de barrio a cerrar sus negocios por temor.

En marzo de 1955 se reunió el Congreso de la Productividad y el Bienestar Social (CNP), una iniciativa que Perón promovió para mostrar la armonía social y exhibir en una misma mesa a empresarios y sindicalistas discutiendo sus problemas comunes, pero la verdad es que hubo muy pocos acuerdos.
Ahora, de lo que se trataba era de que el crecimiento no fuera efímero, como sucedió entre 1946/1949, los años felices. Recién en 1955 pudo incorporarse el alto horno de la planta siderúrgica ­SOMISA, luego de un crédito con el Eximbank que finalmente decidió tomar el gobierno argentino. La industria pesada nacional y estatal parecía ponerse en marcha. Pero en otros sectores, sobre todo en los servicios públicos, las consecuencias del congelamiento tarifario fueron visibles, ya que hubo cortes de energía eléctrica persistentes en Capital Federal y en el Gran Buenos Aires, que consumía el 70 por ciento del total del país.

Los esfuerzos del gobierno, que incluyeron la puesta en marcha de varias centrales hidroeléctricas, no alcanzaron para satisfacer la creciente demanda de la expansión industrial, algo parecido a lo que ocurrió con los ferrocarriles y el sistema de transporte. Pero el caso más discutido y más polémico, el que terminaría constituyéndose en el centro de la política económica desde mediados de los 50 hasta principios de los 60 fue el del petróleo. Durante el primer quinquenio peronista, el petróleo representaba menos del 10 por ciento de las importaciones totales, en tanto durante el segundo quinquenio, casi el 20 por ciento, por lo que «cada vez eran más las voces, en el oficialismo y en la oposición, que denunciaban la insuficiencia de la producción petrolera como el principal factor explicativo de la vulnerabilidad exterior argentina».

Es decir que al acabarse la bonanza de los tres primeros años de gobierno donde se repartió con el concepto de justicia social , se descuidó la inversión a través de atrasos tarifarios, falta de capitales, inseguridad jurídica, que llevaron al país a atrasarse respecto del crecimiento natural que podíamos haber tenido. ¿ No lo ven parecido a lo que pasó en los últimos doce años y que hoy obliga al ajustazo de Macri para tratar de ponernos en carrera nuevamente?

Recordemos La Marcha Peronista que nos habla de “…… combatiendo al capital……”

Perón tomo créditos del Eximbank y presentó en 1953 ante el Congreso de la Nación un proyecto de ley de inversiones extranjeras que iba en el sentido exactamente contrario al que había proclamado hasta entonces, estipulando el trato igualitario entre compañías nacionales y extranjeras y ofreciendo la posibilidad de transferir utilidades al exterior libre de impuestos.

En 1954 con la compañía norteamericana Atlas, el 24 abril de 1955, el secretario de Industria, Orlando Santos, y el ingeniero O. J. Haynes de la Standard Oil, como titular de la California Argentina de Petróleo, firmaron un contrato de explotación que fue aprobado por Perón el 6 de mayo y quedó bajo la aprobación final en manos del Parlamento argentino, una exigencia que pidieron los extranjeros. De otro modo, el acuerdo carecía para ellos de un mínimo de seguridad jurídica, ya que la Constitución Nacional de 1949 «consideraba los yacimientos petrolíferos propiedad del Estado».En el acuerdo, se concedió a la empresa estadounidense la explotación por cuarenta años de cincuenta mil kilómetros cuadrados en Santa Cruz, que podría construir y usar en exclusividad caminos, embarcaderos y aeropuertos propios, podrían repatriar utilidades sin restricciones y no acatar, dentro del área otorgada, la legislación laboral argentina.

Entonces, ¿dónde está la supuesta ideología peronista si su creador contradijo todo lo que había declamado desde antes de ser presidente? En qué se basan los muchachos peronistas para sentirse los redentores de las masas populares si a los 3 años de darles mucho, y que lo merecían, comenzó una política capitalista. ¿En la justicia social?. 

Si bien es cierto que se incorporaron leyes laborales y sociales nuevas, no es menos cierto que se utilizó el sistema de propaganda para adueñarse de otros beneficios que ya estaban instalados y que fueran defendidos principalmente por el socialismo. En trabajos de Juan José Sebreli pueden verse cuales eran. No los enumero porque se encuentran fácilmente en la web.

La Leyenda Peronista ha logrado imponer la noción de que la eventual inexistencia del peronismo habría llevado a la negación permanente de los derechos sociales y del voto femenino en la Argentina. En el imaginario peronista, la “contra” –es decir: los opositores al peronismo– se compone desde siempre por un grupo reaccionario cuyas fuerzas se agrupan alrededor de la Iglesia, las Fuerzas Armadas, la Embajada de los Estados Unidos y la Sociedad Rural.

Pero la Leyenda Peronista tiene la dificultad de toda leyenda: su escaso apego a la realidad.

Con respecto a la Iglesia ,Perón tuvo una relación inicial tan buena como con las Fuerzas Armadas , hasta el punto que por ley se implantó la enseñanza religiosa en las escuelas públicas primarias y secundarias y además reinvindicó la Doctrina Social de la Iglesia.

Aún hoy, el sector mayoritario de la Iglesia argentina sigue viendo en el peronismo el ejecutor de su Doctrina Social. Los peronistas de la Iglesia argentina son hábilmente comandados por un Papa peronista venido de Guardia de Hierro, que no se ha privado de intervenir en la política nacional en apoyo al candidato peronista Daniel Scioli.Si para mantener su relación estratégica con el peronismo la Iglesia pudo dejar atrás la quema de iglesias de 1955, no había motivos para romper esa alianza por unos desplantes y unos tedeum desplazados que le aplicaron los Kirchner al cardenal Bergoglio, o por unas pocas campañas de calumnias agitadas por Hebe y Verbitisky contra un Francisco recién elegido, para que después la plana mayor del peronismo kirchnerista se congraciara con él para poder visitarlo en caso de apuro y sacarse fotos con Cristina regalándole mates y remeras de La Cámpora.

Respecto de las Fuerzas Armadas debe decirse que Perón formaba parte de ellas antes y mientras gobernó. Siempre mantuvo sus grados militares antepuestos a su nombre y cuando fue obligado a renunciar su dimisión la presentó ante sus pares y no ante el Congreso como correspondía. El ADN militar dentro del peronismo es formalmente reconocido.


En cuanto a la embajada americana y la Sociedad Rural, ambas debieron esperar el fin de la fase de gloria y plata dulce populistas para ser consideradas dignas de respeto por el General. Lo cual sucedió en la segunda fase populista, la de pagar las cuentas, que comenzó en 1950 con un progresivo giro liberal y pro-campo de la economía coronado por la visita de Milton Eisenhower, hermano del presidente de los Estados Unidos; visita que fue anticipada por la elevación al Congreso, por parte de Perón, de una generosa ley de inversiones extranjeras. Hubo, además, autorización a la transferencia de la sede del Frigorífico Swift a los Estados Unidos, con pago de beneficios al exterior; autorizaciones para aumentar los vuelos de Braniff y Pan-Am; libre importación de películas estadounidenses, compra de dos cruceros obsoletos para la Marina de Guerra y, sobre todo, un generoso empréstito del Eximbank para compensar la falta de divisas, oportunamente recompensado con la demorada firma del TIAR, Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, principal instrumento de la política de defensa estadounidense en el continente

Pero otro mal ya había nacido. El clientelismo y el populismo se habían engendrado.

Se creó la Fundación Eva Perón, una fundación privada pero solventada principalmente con fondos estatales y con aportes supuestamente voluntarios del sector privado; ya que muchos empresarios eran presionados a aportar. En este accionar, no se rendía cuentas por los fondos gastados y por más que gran parte de los aportes eran públicos, se entregaban en el nombre de una persona, Eva Perón. Los fondos estatales fueron utilizados para hacer política partidaria. En 1956, los bienes de la Fundación pasaron a integrar la Dirección Nacional de Asistencia Social.

De la asistencia social se pasó al adoctrinamiento y a la persecución de los opositores. Es decir no se toleraba al que no pensara como peronista, se lo denostaba y perseguía al estilo fascista mussoliniano del cual el General era admirador. El fabuloso aparato de propaganda montado por Raúl Apold penetraba en la masa obrera y conseguía transformar las figuras de Perón y Eva en fetiches que aún siguen siendo adorados en una muestra más de nuestra falta de cultura que imposibilita que el pasado se analice de tal manera de sacar conclusiones objetivas y no esotéricas.

Apold sabía cómo teatralizar los comunicados oficiales logrando así darles un tinte emotivo y movilizar fácilmente las fibras populares. Uno de sus recursos más importantes que captaron gran interés en la población fue cómo relacionaba la política y el espectáculo.
También se generó una serie de símbolos que identificaban al partido peronista como tal y al mismo se lo vinculó de forma directa con la nación
Para que todo este relato inventado llegara a las masas era necesario restringir las voces opositoras que pudieran ponerlo en duda, es así como se censura cualquier medio que contradijera el discurso oficial e incluso se los acusa de antipatria agregando a la prensa opositora a la larga lista de enemigos internos.

Consciente de que si quería mantenerse en el poder no le bastaría con seguir la corriente populista, Perón decide despertar un sentimiento más profundo y perdurable en la sociedad: el fanatismo.Para crear un pueblo fanático de su ideología, el General decide apoyarse en las herramientas populistas.

Basta mirar algunas escenas de esa época para comprender que las libertades individuales no se respetaban, se manipulaba la opinión pública y la policía, se perseguía a políticos, intelectuales, artistas y todo aquel que no perteneciera al aparato de supuesta ideología justicialista como les gusta hacerse nombrar.

¿Qué piensan muchachos peronistas de los elementos fundacionales de vuestra ideología? ¿ Están de acuerdo en que adoctrinen a sus hijos con alguna idea política o les gustaría una educación sólida , libre y que los prepare para tomar sus propias decisiones? ¿Que dirían si un gobierno actuara como lo hizo el matrimonio fetiche?

Vean como eran nuestros libros en esa época, porque yo la viví ( hoy tengo casi 70 pirulos como decimos los argentinos)

Libro1

Libro2Libro3

Libro4

Libro6ALibro5

 

Frase fanatismo Evita

Visto esto que fue el comienzo del Movimiento justicialista o Peronismo  , y como antecedente para el desarrollo de su accionar luego de la Revolución de 1955 cabe la siguiente reflexión.

Según la Real Academia, cinismo es “desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”; y el fanatismo, “apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones, especialmente religiosas o políticas”. Cínico es aquel que no cree verdaderamente en nada y por eso puede cambiar constantemente de ideas y valores, y fanático es el que cree en demasía, acrítica y rígidamente, y por eso subestima o persigue a los demás. En los países medianamente organizados, cínicos y fanáticos son tribus opuestas y hasta enemigas, cuyos integrantes se desprecian mutuamente. Aquí, no. Aquí cínicos y fanáticos son aliados históricos en el principal mal que aqueja a la Argentina: el movimiento peronista.

Como en las series televisivas , continuará…………

Referencias e influencias: Silvia Mercado, Fernando Iglesias,Gerchunoff y Llach,Félix Luna,Juan José Sebreli…..

 

 

 

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