A finales de abril de 1977, un grupo de mujeres, que al poco tiempo fueron conocidas como las locas,  se acercó a la casa de gobierno para hacer entrega de una carta al General Videla. El intento frustrado y la  orden explícita de los militares para que circularan, dio origen a un repertorio de manifestación que nunca había experimentado la Plaza de Mayo, como centro neurálgico de la protesta política en la Argentina: la ronda.

Han pasado 39 años y ese mismo grupo de mujeres, ostensiblemente mayores, sigue rondando cada jueves, pero con una variante importante: poco queda del reclamo original que las llevó a plantarse en la Plaza para incorporar nuevas impetraciones que atañen a los que ellas llaman los desaparecidos sociales. Visto desde esta perspectiva, se podría decir que la ronda de los jueves en la Plaza de Mayo ha tenido un gran calado en el devenir de la protesta política en Argentina, pero también, que ha sido capaz de amalgamar el reclamo histórico por los desaparecidos de la última dictadura, con una especie de adaptación a nuevas demandas que van más allá del crimen político que le dio origen.

El ritual de todos los jueves no despertaría sospechas si los discursos de un sector de esas mujeres no fueran tan polémicos como polarizantes. La apropiación simbólica como política que se ha hecho del espacio público que supone la Plaza en sí misma, permite plantearse una serie de preguntas para poder entender la metamorfosis de los grupos que allí confluyen, y que de alguna manera proyectan una errónea imagen de conjunto del movimiento de derechos humanos en la Argentina, que no necesariamente comparte las ideas de un grupo de Madres que han pasado a la acción política militante bajo la etiqueta de sus organizaciones de derechos humanos.

Comparar el accionar colectivo de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo resulta  interesante, no sólo porque son los dos organismos con mayor proyección y reconocimiento internacional en su lucha contra los represores, sino porque permite descifrar la heterogeneidad que cruza al movimiento de derechos humanos en Argentina.

El movimiento de derechos humanos en Argentina cobró especial significación en la medida en que la represión ejercida por la última dictadura militar se fue evidenciando poco a poco por los familiares de personas detenidas en operativos que se caracterizaron por ser: carentes de legalidad, ejercidos con excesiva violencia y que culminaban con la misteriosa desaparición de los capturados. La espontánea presencia de los familiares en las dependencias de gobierno y en los centros penitenciarios solicitando información sobre sus seres queridos, los fue aglutinando paulatinamente en núcleos que compartían historias en común: la desaparición de personas. Aunado a ello, la difusión sobre los acontecimientos que estaban ocurriendo en Argentina, por parte de algunas agencias de la prensa internacional, fue instalando la preocupación de la comunidad de naciones, sobre todo la europea, en las violaciones a los derechos humanos que estaba cometiendo el gobierno militar. La noción de los derechos humanos en Argentina, hasta entonces, no era tan profunda y reflexiva como se conoce hoy en día, sino que por el contrario, estos derechos solían confundirse con el catálogo de garantías contenidas en la Constitución (1853), y que bajo las disposiciones del estatuto del Proceso de Reorganización Nacional, estaban suspendidas.

La integración de esos primeros grupos de familiares, particularmente de mujeres, madres de los jóvenes desaparecidos, se presentó en un contexto en el que el accionar militar tenía un fuerte control sobre los medios de comunicación, que impedía imaginar las dimensiones de la represión .Las políticas de la memoria forman parte de las políticas de derechos humanos. No obstante, en países como Argentina y otros casos  en América Latina, la protección en torno a los derechos humanos como política de Estado, fue producto de las demandas memoriales de verdad, justicia y reparación tras el derrocamiento de los regímenes autoritarios que se instalaron en esos países en las décadas de 1970 y 1980.

Hacia los años 70, en Argentina existían muy pocos organismos de derechos humanos como tales, entre ellos destacaban: la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH); el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos (APDH). Todos ellos resultaron ser clave en las denuncias sobre la violencia en el país, aún antes del inicio de la dictadura, al evidenciar los crímenes cometidos por la Alianza Aanticomunista Argentina (AAA) que fue un organismo paramilitar de la ultraderecha argentina bajo el mando de José López Rega (mano derecha de Perón), que tuvo como objetivo aniquilar a los sectores de izquierda que simpatizaban dentro del peronismo.

No obstante, en Argentina, desde mediados de la década de 1970, existía un fuerte consenso en la clase media (y en los primeros organismos de derechos humanos), que la violencia que se vivía venía por igual de la guerrilla y de las fuerzas paraestatales de la AAA; este consenso fue un motivo para validar lo que tras la dictadura se denominó la Teoría de los dos demonios. El malestar social en torno a la violencia política en la Argentina hacia 1975 fue una pieza central en la estrategia de legitimación de la dictadura porque buena parte de la clase media no radicalizada políticamente, recibió el golpe de estado con alivio .

De esta forma, los primeros grupos de familiares de detenidos-desaparecidos se encontraron ante un escenario doblemente adverso, en tanto advirtieron que eran una notable minoría desarticulada, pero que al mismo tiempo eran vistos y señalados como los parientes de los subversivos que habían llevado al país a esa situación límite. No es infrecuente encontrar testimonios que además de describir el contexto como altamente hostil, puntualicen expresiones que se hicieron muy recurrentes en la sociedad de aquellos años sobre los desaparecidos, tales como: en algo andarían metidos, o por algo se los habrán llevado, que en buena medida fueron producto de la incidencia masiva del discurso dictatorial a través de los medios de comunicación, para poder legitimarse. Pero quizás lo más importante, es que esos primeros grupos de familiares no eran conscientes que estaban dando origen a un movimiento organizado de derechos humanos.

Es decir, que las organizaciones de familiares afectados no surgieron propiamente como organismos de derechos humanos.

El auge de los derechos humanos vino tiempo después y ha alcanzado un nivel de penetración social muy fuerte. Esto quiere decir, que mientras en el comienzo, loscírculos de familiares se ciñeron en torno a sus historias personales, con el correr del tiempo asimilaron la idea de los derechos humanos, les dieron forma, los pusieron en la primera línea de debate en los momentos de la transición a la democracia y se convirtieron en sus defensores más visibles .

De esta experiencia de familiares que en un primer momento bregaban por la aparición de sus familiares ante distintas instancias estatales, surgieron organismos de derechos humanos que con el paso del tiempo se han convertido en verdaderos referentes de la materia en la Argentina, ya no sólo para seguir adelante con su demanda original, sino que han ampliado su abanico de acción para defender todo tipo de violaciones a los derechos humanos como resultado de un proceso de organización y profesionalización de sus tareas. Organismos de esta naturaleza que surgieron durante la dictadura son: el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), la Asociación de Detenidos-Desaparecidos, Madres de Plaza de Mayo y Abuelas de Plaza de Mayo.

La visibilidad de las Madres de Plaza de Mayo es consecuencia de un hecho circunstancial derivado de la inventiva espontánea de un primer grupo de mujeres muy reducido, que tras la imposibilidad de hacer llegar una carta al General Videla en la Casa Rosada, y seguido de una orden de los militares que custodiaban la plaza para que circularan, decidieron rondar en silencio alrededor de la Pirámide.

Consignas Madres de Plaza de Mayo
Consignas Madres de Plaza de Mayo

La disputa por la plaza supuso más de una detención y la estrecha vigilancia de los cuerpos de seguridad de la dictadura sobre las madres, más allá del espacio físico de la misma. La infiltración de Alfredo Astiz en el grupo de las Madres que culminó con el operativo en la iglesia de la Santa Cruz (San Cristobal) y la detención de las religiosas francesas Alice Domon y Léonie Duquet, junto con las madres Esther Ballestrino, Mary Ponce, y dos días más tarde, de Azucena Villaflor, fue un duro golpe para este grupo de mujeres que se estaban convirtiendo en actores incómodos para la dictadura, pero que sobre todo, poco a poco estaban adquiriendo una estructura organizativa para actuar.

Alfredo Astiz
Alfredo Astiz

 

Alice Domon y Léoni Duquet
Alice Domon y Léoni Duquet

Ballestrino y otras

El 22 de agosto de 1979 se constituyó la Asociación de Madres de Plaza de Mayo ante notario público. Con la formalización de la asociación, las madres dieron un salto cualitativo en tanto pasaron de ser mujeres que salieron –en palabras de Bonafini- de “la cocina a la Plaza”, para convertirse en una estructura organizada, con objetivos claramente definidos y con una vocación de perdurar en el tiempo .

La representatividad, como atributo relevante dentro de la organización, encontró sus primeros inconvenientes en cuanto no todas las Madres tenían los mismos objetivos, pues mientras unas reclamaban a sus hijos vivos o muertos, otras adoptaron posturas más radicales bajo el argumento, con vida se los llevaron, con vida los queremos, y un tercer grupo se concentró en la búsqueda y recuperación de los nietos que pudieron haber nacido en cautiverio. Las distintas visiones del movimiento dieron pie a que progresivamente el grupo de las Madres se dividiera en tres bloques que se mantienen claramente diferenciados hasta la actualidad, no obstante de seguir teniendo a la Plaza como punto de encuentro común para llevar a cabo la ronda como en los primeros tiempos.

La separación en un primer momento del grupo de Abuelas se debió a lo que se explica como una necesidad por buscar un espacio físico propio para poder reunirse aquel grupo de mujeres que averiguaban sobre el paradero de sus nietos nacidos en cautiverio, pero también porque el grupo de las Madres y los familiares comenzaba a ser bastante grande . Tiempo después, otro grupo de madres decidió separarse porque hubo diferencias de criterio que fueron ahondándose hasta distorsionar los objetivos fundacionales, lo que dio paso a la creación de la Asociación Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora en 1986.

Las principales diferencias de criterio que se acusan como motivos del alejamiento de las madres de la Línea Fundadora tuvieron que ver con el protagonismo radical y personalista ejercido por Hebe de Bonafini, quien a través de su liderazgo fue dándole a la Asociación un encuadramiento ideológico muy fuerte que un grupo de madres no estaba dispuesto a compartir. Esto significa que el sistema de gobierno interno de la organización, la claridad y la generalidad de sus reglas marginaban a un sector de miembros de la organización que al no sentirse representado adecuadamente a través de los mecanismos de acción empleados y el contenido ideológico del discurso, optaron por dar un paso al costado.

Hebe de Bonafini (1977)
Hebe de Bonafini (1977)

Como muestra de ello, es importante destacar que con motivo de la apertura de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) en 1983, Madres de Plaza de Mayo fue el único organismo que llamó claramente a no declarar, y exhortó al resto de asociaciones de derechos humanos a no entregar sus valores morales a la Comisión. Pese a esta instrucción de la dirección del organismo, muchas Madres acudieron a declarar y colaboraron en la recolección de denuncias.

El derrotero que ha elegido la línea de Madres que sigue a Hebe de Bonafini se distingue, en lo fundamental, por su carácter combativo, su rechazo a las políticas de reparación,  su consigna inclaudicable de juicio y castigo a los represores, la impronta ideológica revolucionaria de sus discursos, pero sobre todo, una peculiar interiorización de asumir que ellas son sus hijos desaparecidos y que tienen que seguir adelante con su lucha.

Lo que Hebe de Bonafini no alcanza a ver es que cuando reivindica dogmática y fervientemente las armas revolucionarias que empuñaron sus hijos está volviéndose cómplice de errores político-ideológicos que apuraron el tiempo del desastre , o en otras palabras, al dotar de una carga ideológica considerable al lenguaje de sus discursos, estas Madres parecen no asimilar que reproducen las mismas tensiones del pasado en el presente democrático, y aún más, da la impresión que mientras fustigan los crímenes indudables de la dictadura, no reparan que por otro lado están avalando a una serie de gobiernos autoritarios tan reprochables como el que ellas mismas combatieron y desafiaron.

La historia de las Abuelas de Plaza de Mayo está ligada al grupo inicial de madres que en 1977 salieron a la Plaza. Como también se ha mencionado, su separación en un primer momento obedeció a la necesidad de contar con un espacio físico propio para llevar a cabo sus objetivos, y no porque existiera alguna discrepancia importante. Muy por el contrario, algunas Abuelas relatan que en esos primeros momentos estaban más unidas que nunca, y que la ruptura de las Madres de la Línea Fundadora las halló en medio de ese diferendo, a pesar de que ya tenían algunos años trabajando en su sede propia.

La constitución de la asociación no tuvo en sí un acto formal, sino que fue producto de la iniciativa espontánea de una mujer –Alicia Zubasnabar de De la Cuadra- que en una ronda de los jueves en la Plaza se apartó y preguntó quién estaba buscando un nieto o tenía a una hija o nuera embarazada. Las primeras doce Abuelas comenzaron a reunirse, pero a diferencia de como es conocido hoy día el organismo, originalmente se llamó Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos.

Alicia Zubasnabar de De la Cuadra
Alicia Zubasnabar de De la Cuadra

Los nombres de las primeras doce Abuelas son: Mirta Acuña de Baravalle, Beatriz Aicardi de Neuhaus, María Eugenia Casinelli de García Irureta Goyena, Eva Márquez de Castillo Barrios, María Isabel Chorobik de Mariani, Celia Giovanola de Califano, Clara Jurado, Leontina Puebla de Pérez, Raquel Radio de Marizcurrena, Vilma Delinda Sesarego de Gutiérrez, Haydee Vallino de Lemos y Alicia Zubasnabar de De la Cuadra

La adopción del 22 de octubre de 1977 como fecha de fundación de la asociación es simbólica, pues en palabras de algunas de ellas, quedó instalada tras un  desbarajuste de la memoria.

El desbarajuste al que hacen referencia las primeras Abuelas tiene que ver con el momento exacto en que entregaron una carta de denuncia al Secretario de Estado estadounidense Cyrus Vance. La fecha exacta de ese acontecimiento fue el 21 de noviembre de 1977, y se recuerda por la forma en que ese primer grupo de Abuelas pudo superar la valla de policías y militares que se interponía entre ellas y el funcionario.

Sin embargo, hay sectores que critican a las Abuelas, porque al igual que sus pares, las Madres de Plaza de Mayo, poseen una estructura de dirección que está asociada a una sola persona –en este caso, Estela Barnes de Carlotto- que ejerce un liderazgo muy acentuado desde hace varios años, al punto de que se suele vincular su imagen con la de la organización, o pensar que ella en lo individual es dueña de la misma.

Estela Barnes de Carlotto
Estela Barnes de Carlotto

Covergencias Mad-Abue

Al igual que con las Madres, hay quienes reprochan a las Abuelas sus mecanismos de  transparencia sobre los recursos económicos que año con año están a su disposición, no sólo por parte del Estado argentino, sino de los organismos, instituciones y gobiernos de otros países que colaboran con ellas. Sin lugar a dudas, estas críticas,a pesar de su dureza, son comprensibles en tanto las sumas de dinero que manejan ambas asociaciones, al igual que muchas otras ONG de distinto cuño temático, son en ocasiones insuficientemente reportadas, incluso dentro de las mismas agrupaciones.

La Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, al igual que las Madres de Plaza de Mayo reciben anualmente una partida económica contemplada en el Presupuesto General de la Administración Nacional, además de estipendios extraordinarios a través de la Secretaría General de la Presidencia.

Además de ello, reciben aportaciones de la Unión Europea, el PNUD(Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), el Consejo Mundial de las Iglesias, y los gobiernos de España, Italia, Noruega, Suecia, Gran Bretaña y Holanda.

Desde la recuperación de la democracia, el movimiento de derechos humanos ha mantenido una razonable distancia con respecto a la actividad política de corte partidista. Esto ha sido así, porque en sus funciones como organismos de la sociedad civil, no figura en sus intereses ejercer el control político del Estado ni constituirse en actores políticos en busca del voto popular. A lo largo de los años en democracia, las Madres y las Abuelas, al ser las asociaciones más visibles del universo de organismos defensores de los derechos humanos, fueron especialmente cuidadosas en las formas, para no verse involucradas como simpatizantes de algún proyecto político. La relación que han sostenido con los presidentes, se ha caracterizado por oscilar del respeto a la reprobación, pero en ningún caso sus críticas han supuesto un peligro para la democracia. El distanciamiento, además de natural, ha resultado sano, sobre todo en una sociedad que como la argentina, se ha caracterizado, entre otras cosas, por su proclividad a la confrontación y por poseer un clivaje ideológico ambiguo entre peronistas y antiperonistas.

La aparición en la escena política nacional de Nestor Kirchner en 2002, y su posterior gestión presidencial (2003-2007), cambió notoriamente la dinámica de distanciamiento político de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, lo que ha provocado no pocas reacciones en el resto de organizaciones, que las critican por perder su independencia y entrar en el terreno político partidista. La incorporación política de las Madres y de las Abuelas, se dio en un contexto en el que a falta de legitimidad política en las urnas, el ex presidente Kirchner apeló a estas organizaciones para que le sirvieran de escudo ético frente a la amplia oposición política que se encontraría en el Congreso. Lo que no queda claro, es cómo logró que ambas asociaciones, con trayectorias y estilos tan diferentes, pero con un capital simbólico incuestionable, hayan aceptado sumarse a su proyecto político.

Sobre este punto, el nuevo papel de Madres y Abuelas no sólo se trató de una inédita sorpresa, sino también de un golpe de timón sobre la credibilidad del movimiento de derechos humanos en general.

Aún conservando palpables diferencias tanto en el registro de sus mensajes, cuanto en sus ámbitos de acción, llama la atención que ambos grupos, tras varios años de incompatibilidades programáticas, confluyan en la actualidad para apoyar sin reparos la obra política de las presidencias del matrimonio Kirchner. Con relación a las Madres, para los observadores más agudos, llama la atención el giro que han dado, tanto en los motivos de sus movilizaciones, como en la clave de su retórica, sobre todo cuando históricamente estas mujeres habían sostenido una relación muy beligerante con todos los presidentes hasta antes de 2003. Hay en este sentido, no sólo una metamorfosis, sino un deslizamiento provocador, en la medida que la propia Hebe de Bonafini ha llegado a manifestar que no son un organismo de derechos humanos ni una ONG, sino una organización política, sin partido.

El trato de favor que han recibido las Madres por parte de Nestor Kirchner y Cristina Fernández, hace suponer que han sido presidentes muy sensibles con la causa de los derechos humanos, y muy cercanos a la ubicación ideológica de las Madres, sin  embargo, queda abierta una duda, porque el pasado político de los Kirchner es muy nebuloso, y porque durante la campaña de 2003, el entonces candidato Kirchner, nunca hizo mención a temas sobre derechos humanos. Aún más, en los registros de la prensa, quedaron recogidas algunas declaraciones de la presidenta de Madres, en las que manifestaba que Menem, Duhalde y Kirchner, eran la misma mierda (Argenpress, 2004).

¿Qué fue lo que cambió?

Desde 2003, la política de derechos humanos en la Argentina ha navegado entre el desbloqueo de las leyes de impunidad y un extraño compromiso militante, sobre todo de las Madres, por apoyar todas las actuaciones de la gestión gubernamental. En los últimos años, las Madres han recibido del gobierno más de 37 millones de pesos (casi siete millones de euros) por conceptos de subsidios, publicidad, planes alimentarios y la construcción de viviendas del proyecto Sueños Compartidos. De acuerdo con un artículo del semanario Noticias (No. 1644, 27 junio 2008), las madres se expandieron y formaron una gran empresa constructora con emprendimientos en todo el país, con el aval del Ministerio de Planificación. Las prebendas con las que han sido beneficiadas las Madres más que nunca por parte de los gobiernos argentinos, se han compensado con su presencia en primera fila en las barricadas de apoyo al gobierno en momentos de especial crispación política, como la crisis con los productores del campo, o la discusión sobre la nueva ley de medios propuesta por la presidenta Fernández. El abierto apoyo, a lo que ellas consideran un gobierno progresista, despierta diversas sensaciones en tanto los derechos humanos han quedado más como un símbolo que como el eje prioritario de su accionar.

La misma Hebe de Bonafini se ha convertido en una especie de vocera del gobierno, y se ha caracterizado no sólo por la severidad de sus comentarios, sino también por sus formas para deshacerse de las personas que trabajando en los proyectos de las Madres, disienten con el kirchnerismo.

Algunos ejemplos a citar pueden ser las expulsiones de los profesores Hermann Schiller, Claudia Korol y Néstor Kohan de la UPMPM, o bien el despido de operarios de la construcción de viviendas por negarse a asistir a actos oficiales del gobierno.

Hermann Schiller
Hermann Schiller
Claudia Korol
Claudia Korol
Néstor Kohan
Néstor Kohan

El ejemplo más explícito de esto, fue la entrega simbólica que hizo Hebe de Bonafini de su pañuelo blanco a la presidenta Cristina Fernández, con motivo de un acto de apoyo ante la crisis del campo en 2008. El hecho en sí despertó una gran controversia, no sólo en el seno del movimiento de derechos humanos, sino en buena parte de la sociedad, en la medida que el pañuelo de las Madres es considerado un símbolo de capital político intangible.

Los Kirchner
Los Kirchner

Las Abuelas, por su parte, aunque de manera mucho más discreta, también se han visto beneficiadas por los Kirchner. Entre 2005 y 2008 recibieron cantidades de dinero por poco menos de cuatro millones de pesos (700 mil euros) para sus gastos de operación, como se establece en los presupuestos generales de la Nación. En los últimos años han acompañado a las reformas impulsadas por los Kirchner, avalando con una  presencia moderada sus políticas. Pero quizás, lo que más ha perjudicado su imagen de distancia con respecto al poder político, tiene que ver con el papel de los hijos de Estela de Carlotto en la esfera política y la incorporación de algunos nietos recuperados en las listas del Frente para la Victoria.

En el semanario Noticias (No. 1644, 27 junio 2008) aparece un artículo de María Fernanda Villosio ( El escudo ético del Gobierno), en el que menciona, entre otras cosas, la actividad política que desempeñan los hijos de la presidenta de Abuelas, Estela de Carlotto. En la pieza informativa, Villoso manifiesta: “Toda la familia Carlotto, por ejemplo, ocupa un lugar en el universo kirchnerista. Su hija, Claudia, es coordinadora de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) y directora ejecutiva de la Unidad de Investigación de ese organismo. Otro hijo, Guido, es senador provincial en Buenos Aires por el Frente por la Victoria […] Por último, Remo, actual diputado nacional por el kirchnerismo, fue secretario de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires”.

Claudia Carlotto
Claudia Carlotto
Guido Carlotto
Guido Carlotto
Remo Carlotto
Remo Carlotto

Sobre los nietos recuperados que han ocupado cargos legislativos bajo la marca política del Frente para la Victoria, figuran Juan Cabandié (legislador en la ciudad de Buenos Aires) y Victoria Donda (diputada nacional).

Juan Cabandié
Juan Cabandié
Victoria Donda
Victoria Donda

La invasión del espacio de los derechos humanos por parte de Nestor Kirchner y de Cristina Fernández, no tiene sentido si no se explica como una apropiación política de estos derechos para legitimar una construcción de poder.

Ni a Nestor Kirchner ni a Cristina Fernández se les conoce una activa militancia en las juventudes peronistas de los años setenta. En cambio, fue público el agradecimiento que ofreció el ex presidente a los militares poco después de que estallara una bomba en su despacho de abogado en Santa Cruz. A Cristina Fernández se le reprocha que en su ejercicio profesional como abogada, siempre se negó a tratar causas sobre las violaciones a los derechos humanos.

Sin embargo, esa edificación de poder no podría ser posible sin la voluntad de receptores dispuestos a colaborar y recibir incentivos para establecer una relación de lealtad. De esta manera, existen comprensibles sospechas en torno hasta qué punto la incidencia política de las Madres y de las Abuelas de Plaza de Mayo, en la actualidad, se ha debido más a un intercambio de capital simbólico por capital político, y consecuentemente, hasta qué punto están involucradas en el trabajo político electoral del Frente para la Victoria. Esto sin lugar a dudas, ha despuntado una enorme cantidad de preguntas, pero sobre todo, ha planteado un cambio de paradigma en la percepción social sobre los organismos de derechos humanos, en la medida que éstos puedan ser utilizados, como en efecto ya sucede, como moneda de uso político.

La particular manera de interpretar el pasado, entender la democracia y vincularse con la sociedad, han determinado en buena medida las estrategias que estas asociaciones han empleado para introducir temas en la agenda pública, en áreas como la justicia, la reparación y la difusión de los derechos humanos. Por ello, a la hora de explicar cómo influyen en los procesos de toma de decisiones, se ha procurado advertir, que mientras las Abuelas operan como un movimiento social más moderno, las Madres se han anclado en una retórica anacrónica y negacionista del Estado.

Con sus respectivas diferencias, se puede afirmar, que en la difusión de los derechos humanos, las Madres y las Abuelas han tratado de mostrar la cara más social, pero sobre todo, más pedagógica de sus respectivos movimientos, al asumir su papel como agentes activos de la memoria colectiva. No es menos cierto, que  Madres y Abuelas se juegan mucho de su capital simbólico, en cuanto su actuación puede ser suceptible a vincularse a proyectos o fines políticos.

Precisamente, sobre este último punto, la vinculación de las Madres y las Abuelas al movimiento kirchnerista, ha resultado, además de ser un cambio inesperado, un duro golpe en la línea de flotación del movimiento de los derechos humanos en la Argentina. El uso político que los Kirchner le han dado a los derechos humanos, a través de sus dos organizaciones más emblemáticas, entraña una estrategia de proporciones inéditas, no sólo en el estilo de hacer política, sino también en la forma de buscar una pretendida legitimidad y construir el poder. La percepción de la sociedad sobre las Madres y las Abuelas, si bien no ha dejado de reconocer su papel de denuncia en los momentos más oscuros de la historia argentina reciente, tampoco mira con buenos ojos el extraño giro que estas mujeres le han dado a su actividad pública, sobre todo cuando en esta nueva faceta han abonado con su presencia o con sus palabras, el terreno público de la confrontación política, que ha llevado a la Argentina, a lo largo de los años, a una suerte de autodestrucción.

Una autodestrucción que puede pasar factura no sólo a la credibilidad del movimiento de derechos humanos, sino también, a la legítima aspiración de verdad y justicia que aún demandan muchos argentinos. El costo de esta aventura, aún tiene un final incierto, pero desde ya se vislumbra que no será tan bueno como las Madres y las Abuelas pueden llegar a suponer.

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