La ruptura del círculo vicioso y eliminación de la reproducción intergeneracional de la pobreza en Argentina requieren de políticas de Estado centradas en el largo plazo que combatan las raíces profundas de la pobreza individual y de los problemas estructurales. Por ello, es necesario avanzar en un sistema de políticas ordenado y coordinado cuyo principal objetivo sea incrementar el capital humano, social y físico de las personas para incluirlas de manera duradera al funcionamiento de la sociedad moderna. En este proceso, las herramientas de política deben estar diseñadas de forma que sean eficaces en la persecución del objetivo, eficientes en el uso de los recursos públicos, económicamente sustentables y contengan el menor grado de discrecionalidad posible para minimizar la corrupción y el uso clientelar de la política social.

La realidad y el problema, se resumen en los siguientes datos:

 Nivel de actividad. 42 de cada 100 personas trabajan;

 Informalidad. De esas 42 que trabajan, 23 lo hacen en condiciones de formalidad, Es decir, 1 de cada 4 habitantes de Argentina aporta a las obras sociales y al sistema previsional. En total son 7,2 millones de trabajadores informales;

 Empleo público. De esas 42 personas, 9 trabajan en el sector público, empleo que creció en valores absolutos un 55% durante los últimos 10 años;

 Relación PIB-empleo privado. Durante la última década, el empleo privado creció 0,25 puntos por cada punto que creció la economía (PIB);

 Jóvenes Ni-Ni. 900.000 jóvenes no estudian ni trabajan;

 Desempleo. Existen 1,4 millones de personas sin trabajo;

 Pobreza. 1 de cada 4 argentinos es pobre, es decir, 10,6 millones de personas;

 Indigencia. 1 de cada 20 argentinos no cubre sus necesidades alimentarias, es decir, 2,1 millones de personas;

 Planes sociales de la Nación. $101 mil millones de presupuesto para el año 2014, con 19 millones de beneficios (una persona puede recibir más de uno);

 Planes sociales en las provincias. Sólo Córdoba y Buenos Aries destinan $2.112 y $5.219 millones, respectivamente, a 32 planes sociales distintos en el caso de la primera provincia, y 21 en el caso de la segunda.

 Educación. Argentina se desempeña por debajo de otros países con niveles de ingreso o de inversión en educación similar, encontrándose entre los 8 peores países de los 65 que participaron en las pruebas PISA de 2012. Dos de cada tres alumnos se encontraron en los niveles más bajos en matemática, y uno de cada dos en lectura y ciencia. Con brechas por nivel socioeconómico de las más amplias del mundo.

 

En los últimos años, en Argentina han convivido dos realidades paralelas. Por un lado, la de un país rico por su suelo y su gente, que viene de una década de crecimiento a “tasas chinas”(que ha sido ficticio, o sea parte del relato, como se demostrará en otra entrada referente al tema), el gasto social más alto de la historia y una amplia cobertura del sistema de asistencia social y de los servicios de seguridad social. Por el otro, la de un país con altos niveles de pobreza, exclusión y desempleo, con un equilibrio social inestable que estalla en saqueos y violencia en momentos específicos relacionados a huelgas policiales, fines de año y eventos deportivos, entre otros.

La dificultad para entender la existencia de estas dos Argentinas y la búsqueda de herramientas y políticas para lograr que la única realidad sea la de un país rico y sin personas en la pobreza, son las motivaciones que impulsan este trabajo.

El primer paso consiste en entender qué pasa en el mercado laboral que es incapaz de generar empleo genuino para toda la población y no permite que se reduzca la pobreza mediante la forma básica de subsistencia y dignificación de las personas, el trabajo. El segundo es conocer la pobreza existente, es decir, cuán numerosa es, dónde se encuentra y cuáles son sus causas, para, en base a esto, identificar los puntos a atacar para combatirla de manera efectiva. El último paso para entender la realidad socioeconómica argentina es comprender por qué el gasto social más alto de la historia del país y la multiplicidad de planes sociales no se han traducido en una mejora real de los niveles de pobreza.

La solución a la pobreza puede presentar tres frentes de acción: la política económica que crea las condiciones básicas para el crecimiento; la educación y la salud que colaboran con las condiciones físicas e intelectuales de las personas para desarrollarse; y los planes sociales. El presente trabajo se centra en este último punto, esbozando una política de planes sociales efectiva, transparente, eficiente y objetiva, que ayude a la gente a romper el círculo vicioso de la pobreza, tanto desde el punto de vista técnico como político, y cortar su reproducción intergeneracional. Esto sin dejar de tener en cuenta la incidencia de la política económica, la salud y la educación pero, por una cuestión de extensión, sin profundizar en estos temas.

Por último, se esboza un marco conceptual que permite indagar sobre los mejores mecanismos para cortar el círculo vicioso de la pobreza, con el objetivo de que a partir de este marco se puedan plantear una serie de propuestas de políticas públicas que se adapten de la mejor manera posible a los problemas detectados en el diagnóstico inicial.

 

Radiografía del empleo en Argentina

Tras la crisis 2001-2002, en la década transcurrida desde el comienzo de la recuperación económica en 2003 el mercado laboral argentino ha mostrado diversos signos de mejora. El más notable de ellos, una reducción del desempleo del 16,1% de la población activa en el  segundo trimestre del 2003 al 6,8% en el mismo periodo de 2014 y diversas muestras de reducción en el nivel de informalidad. Esto se traduce en una creación neta de 3,24 millones de empleos, siendo más de un tercio de este crecimiento empleos públicos.

Resumiendo el panorama actual -al segundo trimestre de 2014- el 55,3% de la población es población económicamente inactiva (PEI), lo que significa que estas personas no tienen ni buscan trabajo. Los grupos más importantes que conforman la PEI son estudiantes (41%), jubilados y pensionados (21%) y menores de 6 años (18%). El restante 44,7% de los habitantes compone la población económicamente activa (PEA), que se traduce en unas 18,5 millones de personas tomando como base la población informada por el Censo 2010 actualizada a 2013.

Sobre esta cantidad, el 83,7% están ocupados, el 8,7% subocupados (tienen trabajo pero desearían trabajar más horas ) y el 6,8% desocupados, siendo estos últimos un aproximado de 1,3 millones de personas.

Dentro de la población ocupada, un 42,2% (7,2 millones de personas) se encuentra trabajando en el sector privado en condiciones de informalidad o precariedad, incluyendo cuentapropistas; un 37% (6,3 millones de personas) trabaja en el sector privado en condiciones de formalidad; y el 20,8% (un estimado del 90% lo hace en condiciones de formalidad mientras que el restante 10% lo hace en condiciones de informalidad) (3,6 millones de personas) trabaja en el sector público.

En términos comparativos internacionales, tomando como puntos de comparación a Chile, Australia y Brasil, Argentina tiene un bajo nivel de actividad, con un 44,7% contra niveles superiores al 50% en los tres países considerados; un nivel de desocupación sobre la población total similar al resto; un nivel de empleo público un 50% superior a los países vecinos y muy similar a la de Australia; y un reducido nivel de empleo privado formal, con 15 habitantes de cada 100 con empleo privado formal, contra 20 en Brasil, 38 en Chile y 42 en Australia.

Este análisis comparado, y la descripción previa permiten destacar una serie de desafíos que plantea el empleo y el mercado de trabajo en Argentina:

→ Nivel de inactividad: cuanto menor es la cantidad de población que trabaja y produce bienes y servicios, menor es la riqueza que un país puede generar, en el caso de Argentina, por cada persona que trabaja hay 1,42 que no, sumando desempleados e inactivos. En parte, esto explica los altos niveles de presión fiscal, ya que se debe gravar los ingresos, gastos y riqueza de una persona para poder brindarle los bienes y servicios básicos a esa persona y a 1,42 personas más;

Radiografía del empleo

 

→ Informalidad: a la información anterior -42 personas de cada 100 trabajan-, se adiciona el hecho de que de esas 42 sólo 23 lo hacen en condiciones de formalidad; es decir, si menos de 1 de cada 4 habitantes de Argentina aportan al sistema de salud por obra social y al sistema previsional, esta  situación hace que estos servicios sean de reducida cobertura, y si cubren a más personas de las que aportan genuinamente, el sistema pierde sustentabilidad. En estos datos, también reside parte de la causa de los altos costos laborales en Argentina, ya que una parte menor de la población, tanto trabajador como empleador, deben soportar el costeo de los sistemas de salud y previsional. Sin embargo, además de estos efectos impacta en la calidad de vida de los trabajadores informales y sus familias con menor nivel de estabilidad laboral, acceso a la salud, previsión para el futuro y dificultades para actualizar las remuneraciones en ambientes inflacionarios.

→ Empleo público: altos niveles de gasto público y empleo público están fundamentados cuando el Estado brinda una adecuada provisión de bienes y servicios públicos: seguridad, salud, educación y justicia, entre otros; pero cuando estos bienes y servicios públicos son de baja calidad y los  ciudadanos tienen que proveerse a sí mismos (medicina privada, educación privada y seguridad privada), un elevado nivel de gasto público y empleo público sólo se traducen en una presión tributaria mayor para la población que trabaja en el sector privado (33 de cada 100 habitantes), incrementando así los incentivos a la informalidad y a la economía sumergida, al tiempo que genera un riesgo de crisis fiscal cuando el sector privado es incapaz de soportarlo genuinamente.

Otro punto a resaltar con respecto al empleo público, es el crecimiento que ha presentado desde 2004. En 10 años creció un 55%, sumando 1.2 millones de empleados públicos, siendo aproximadamente un 5% de este total el correspondiente a empresas y bancos públicos. Los mayores responsables de estos incrementos han sido municipios y provincias, que representan cerca del 80% del empleo público total.

→ Relación PIB – Empleo: en la década transcurrida entre 2003 y 2013, el PIB real de Argentina creció un 76,9%, mientras que la respuesta del empleo privado al incremento del PIB ha sido reducida, creciendo en el mismo periodo un 19,1%, es decir, el empleo creció 0,25 puntos por cada punto que creció el PIB. Además de esta baja relación crecimiento del PIB-empleo, se observa un estancamiento de la creación de empleo privado desde el año 2006 hasta el 2013, momento desde el cual se produjo un aumento del 5,9% en la cantidad absoluta de ocupados, correspondiendo el 44% de dicho crecimiento a empleo púbico. En este periodo se generaron 1.8 millones de nuevos puestos de trabajo, 795.000 fueron empleos públicos.

Empleo público consolidado

 

Jóvenes Ni – Ni

Desde hace tiempo el desempleo juvenil se viene planteando como un problema grave, originado en la falta de experiencia de los jóvenes y en la ausencia de confianza por parte de los empleadores en cuanto a su responsabilidad y compromiso. Sin embargo, durante la última década se ha generado preocupación a nivel mundial debido a la importante cantidad de jóvenes que ni estudia ni trabajan,-de ahí la denominación ni-ni-. Se han esbozado causantes de los más diversas para explicar esta nueva realidad: desde el fin de la era del Estado de bienestar y el pleno empleo a nivel mundial -muy relacionado con la profundización de la globalización-, pasando por la exclusión social generada por la aplicación de medidas de corte neoliberal durante fines del mileno pasado, el cambio cultural que genera en la sociedad y en los jóvenes todas las transformaciones que trae aparejada la nueva era de la informática y las comunicaciones -traducida en la prolongación de la “adolescencia”-, hasta la pérdida generalizada de valores como el trabajo y la responsabilidad entre los jóvenes de la llamada “generación Y” o “Millennials” (como se llama a los nacidos entre fines de los 80 y principios de los 2000, nativos de la era digital, las comunicaciones y el mundo globalizado). 1

Más allá de las explicaciones sobre sus causas, la realidad es que existe una gran masa de jóvenes que no estudian, no producen, ni acumulan activos, capital humano ni capital social para el futuro, lo que convierte al fenómeno Ni-Ni en una preocupación social al considerar los problemas que acarrea. En el corto plazo, incrementos en el riesgo de drogadicción y delincuencia, y a futuro, el problema social que puede generar una importante masa de gente sin formación ni preparación que faciliten su inserción laboral.

En Argentina, existen 1.450.000 de jóvenes -entre los 15 y los 24 años- que no trabajan ni estudian o que no consiguen empelo. Esta masa de jóvenes está formada por 900.000 que no estudian ni trabajan (ni buscan trabajo), es decir, económicamente inactivos, un 13,6% de la población en esa franja etaria, y 550.000 que buscan trabajo pero no lo encuentran (incluidos quienes estudian y quienes no), estos se encontrarían dentro de la  categorización de desocupados.

Población total y jóvenes

 

De esta forma, aunque el panorama nacional del empleo refleja un aumento de los puestos de trabajo en la última década, siguen existiendo en Argentina 900.000 jóvenes que no trabajan ni estudian, 7,2 millones de trabajadores informales y 1,4 millones de desempleados, de los cuales un tercio son jóvenes, y a estas millones de personas desempleadas y trabajando en condiciones precarias se suman sus familias (más de la mitad de la población es inactiva). Así, la informalidad, precariedad, alta inactividad y reducida creación de empleos genuinos y competitivos, generan una situación en la que el crecimiento económico y el empleo no cumplen su rol central de generar círculos virtuosos de movilidad social, por el contrario, se convierten en un círculo vicioso de reproducción intergeneracional de la pobreza y la exclusión social. Claro está que también existen múltiples factores estructurales, institucionales y macroeconómicos para que esto sea así.

 

La Pobreza en Argentina

Argentina se ha caracterizado en las últimas décadas por poseer altos niveles de pobreza e indigencia que se han instalado como tema de preocupación central de la realidad del país.

Tras la recuperación económica posterior a 2001/02 y las políticas aplicadas por los gobiernos para hacer bajar las tasas, comenzaron a dar resultado llegando al segundo semestre de 2005 (36,9% – 13 millones personas) a tener una reducción de 14,1 puntos de pobreza con respecto al mismo período de 2003 (51% -18,5 millones personas), pero en los últimos años las tasas comenzaron a tener bajos niveles de reducción y en algunos casos las estimaciones muestran aumentos leves.

Para clarificar, una persona es indigente cuando no llega a adquirir una canasta básica alimentaria establecida. Asimismo, una persona es considerada pobre cuando no puede adquirir una cierta canasta básica total (alimentación, vestimenta, vivienda, etc). Cabe aclarar que dentro del universo de las personas pobres, se encuentran incluidas aquellas consideradas indigentes. Sin embargo, lo correcto, aunque complejo, es la medición de la pobreza e indigencia en términos multidimensionales, que sumados a la óptica de carencia de consumo, reflejan también cuestiones de accesibilidad.

En base a ello, es interesante resaltar el concepto de pobreza en un sentido amplio: “la pobreza significa la privación de una vida larga, sana y creativa; del disfrute de un nivel decente de vida, de la libertad, la dignidad y el respeto por sí mismo y por los demás. La atención se traslada de los medios (en particular, el ingreso) a los fines que los individuos persiguen y, por lo tanto, a las libertades sustantivas necesarias para satisfacerlos. Pobreza es, entonces, la privación de capacidades y libertades para el desarrollo integral de las personas”.

En este sentido, CEPAL (2013), por un lado, y UCA (2013), por otro, identifican algunos sectores de la población con mayor vulnerabilidad, ellos son: jefe de familia de sexo femenino, jefe de hogar con un empleo precario o subempleo, hogares con mayor presencia de niños, hogares localizados en villas y asentamientos y las personas que no estudiaron más de tres años, disminuyendo la pobreza a medida que se incrementan los años de estudio alcanzados.

Además, la pobreza afecta de forma diferente a las distintas regiones del país, es así que década tras década, las provincias del noreste del país han sufrido mayores tasas de pobreza e indigencia que las zonas restantes, debido a los atrasos que sufren, por desarticulaciones territoriales y desigualdades. Para 2013, en base a los datos proporcionados por INDEC, la zona noreste del país sigue presentando un porcentaje mayor de personas bajo la línea de indigencia y pobreza.

A pesar de que los valores absolutos que arroja INDEC desestiman las tasas de pobreza e indigencia, las tendencias de estas dos problemáticas pueden ser igualmente apreciadas.

El análisis de la UCA sobre la pobreza ( aquellos hogares/personas cuyos ingresos no superen el umbral del ingreso monetario necesario para adquirir en el mercado el valor de una canasta de bienes y servicios básicos (Canasta Básica Total) e indigencia ( “aquellos hogares/personas cuyos ingresos no les permiten adquirir el valor de la Canasta Básica Alimentaria. La misma incorpora una serie de productos requeridos para la cobertura de un umbral mínimo de necesidades alimenticias (energéticas y proteicas)”

Se hace en base a tres series diferentes, una oficial y dos no oficiales:

 

1. Oficial en base a fuente de INDEC,

2. No oficial de Cota Mínima,

3. No oficial de Cota Máxima.

El análisis refleja, que las tasas calculadas en base a INDEC, subestiman la que se calcula por medio de las dos metodologías restantes, siendo las tasas no oficiales hasta más del doble que la calculada en base a la metodología oficial. La razón de esto reside en las distorsiones que existen en el cálculo del IPC y sus efectos en el costo de la canasta, que marcan necesidades monetarias menores y bajan la vara sobre la que se calcula la pobreza.

Tomando como base la metodología “No oficial de Cota Mínima” de UCA (2003), en Argentina existen 10,6 millones de personas bajo la línea de pobreza, de los cuales 2,1 millones son indigentes. Es decir, 1 de cada 4 personas en Argentina es pobre, no puede cubrir las necesidades básicas, y 1 de cada 20 no llega a cubrir sus necesidades alimentarias.

Así, se evidencia que tras una década de alto crecimiento sostenido de la economía, si bien se han reducido de manera considerable los niveles de pobreza, aún persisten niveles relativamente altos incluso comparados con los países de la región. A esta situación hay que sumarle los obstáculos para diseñar las políticas correctas que presentan las distorsiones en las estadísticas oficiales, ya que no se pueden tomar buenas decisiones basándose en un mal diagnóstico.

 

Pobreza en América Latina

Pobreza e indigencia por regiones

 

Gasto social, planes sociales y PIB en Argentina

La raíz de la dificultad para sacar a 1 de cada 4 argentinos de la pobreza, tras una de las mejores décadas en términos económicos de la historia argentina, es que se han atacado de manera desordenada las consecuencias de la pobreza y no los problemas estructurales que la causan.

En los últimos diez años, el Sector Público Nacional ha destinado gran parte de su presupuesto a gastos sociales. Para 2003 el gasto social era de US$ 12 mil millones, llegando a 2014 con un presupuesto de US$ 67 mil millones. Lo que en términos del PIB significa que pasó del 10% al 15%, es decir, su participación en el PIB creció un 50% aún cuando el Producto casi se duplicó en términos reales.

El concepto de gasto social engloba a una gran cantidad de gastos que realiza el gobierno entre los cuales se encuentran educación, salud, vivienda, asistencia social, entre otros. Para 2014, el gasto social es del 60% del gasto total del gobierno nacional y sus diferentes ministerios. El gasto que se ha aislado en este trabajo es aquel referido a la asistencia social o los llamados planes sociales. Dentro de estos planes sociales se incluirán aquellas transferencias monetarias o en especie, que pueden obtener valor en el mercado, ya sea con o sin contraprestación.

En el análisis se han dejado de lado los planes que brinda el Ministerio de Salud. Si bien se hizo un recuento de los mismos, se concluyó que la mayoría de planes y programas que éste brinda no están dentro de lo que en el trabajo se incluye como planes sociales, principalmente porque son de prevención, control y detección de enfermedades, y en otras ocasiones porque rozan el área entre planes sociales y prestaciones mínimas básicas y obligatorias del sistema de salud público. Sin embargo, se puede mencionar que, en base al presupuesto 2014, dicho Ministerio prevé un gasto de $1.454 millones al programa de corte asistencial más importante de “Atención a la madre y el niño”, que incluyen el Plan Nacer y SUMAR18, con un total de 5 millones de beneficiarios.

Realizada esta exclusión, el monto del gasto presupuestado para 2014 en planes sociales asciende a $101 mil millones, abarcando el 19% del gasto social del Gobierno Nacional. A modo ilustrativo, con el objetivo de mostrar el volumen del gasto, se puede decir que el nivel de gasto social implica $13.157 per-cápita de gasto. Si solo se considera el gasto en planes sociales, se estarían destinando $2.527 per-cápita, $10.314 por persona que se encuentra debajo de la línea de pobreza o $53.198 por persona bajo la línea de indigencia. Sólo para tomar noción, se realiza un pequeño ejercicio. Si se considera la medición en términos de personas pobres de $10.314, una familia tipo de cuatro personas recibiría $41.256 por año, un valor muy similar a haber que el jefe de hogar haya recibido un salario mínimo vital y móvil durante todos los meses del año.

De igual modo, con el volumen de gasto en planes sociales previsto para 2014, se podrían realizar 432.264 viviendas de 50M2, es decir que se estarían generando viviendas para el 23% de los hogares pobres y sumado a ello se estarían generando puestos de trabajo directos e indirectos para el 33% de los desocupados.

Otra forma de medir el alcance que posee el gasto en planes sociales, es ver cuántas canastas básicas totales se pueden cubrir. En base a ello, teniendo en cuenta la cantidad de personas que se encuentra debajo de la línea de pobreza, se podría asistir al 60% de dicha población, con una Canasta Básica Total durante todo el año. Esto suponiendo la estructura actual de salud y educación pública.

El Gobierno Nacional, en base a la aparición en el presupuesto, brinda 22 planes sociales22, 9 de ellos con prestaciones monetarias, 5 en especies y 8 con prestaciones mixtas.

En base al tipo de prestación que los mismos brindan, los planes monetarios abarcan el 78% del presupuesto en planes sociales, explicado en su mayoría por las Asignaciones Familiares y Universales. Los planes en especie abarcan el 13%, quedando un 9% para los que brindas prestaciones mixtas.

En base a la principal problemática que atacan o asistencia que brindan, las asignaciones, bajo ANSES, abarcan el 44% del presupuesto, con un total de 12.419.084 beneficiarios, de los cuales el 40% en términos monetarios y el 28% en términos de la cantidad de beneficiarios corresponden a la AUH. Las pensiones no Contributivas, bajo el Ministerio de Desarrollo Social, abarcan el 36% del presupuesto, con un total de 1.359.750 beneficiarios. El 20% restante, se corresponde en un 9% a planes de vivienda y soluciones habitacionales, con 265 mil beneficiarios, otro 9% a planes de empleo , con 1,363 millones de beneficiario y, por último, un 2% se destina a seguridad alimentaria con un total de 3,6 millones de beneficiarios.

Los planes en educación no han podido ser contabilizados en términos monetarios, debido a que se componen de becas que no poseen el monto especificado en el presupuesto. Sin embargo, el número de beneficiarios alcanza un total de 138.195 personas.

El total de beneficiarios cuantificables que suman todos los planes sociales es de 19.145.193.

Sumado a ello, existen beneficiarios que no pueden ser contabilizados, por ejemplo aquellos que se asisten por medio de diferentes Instituciones que reciben beneficios de planes sociales, como huertas o comedores. Sin embargo se puede saber que existen 695.452 Instituciones que son beneficiarias de algún plan social. Estos 19 millones de beneficiarios no necesariamente son únicos, una misma persona puede estar recibiendo más de uno. Sólo para ilustrarlo, si se consideran 10,6 millones de pobres, se otorgan 2 planes por pobre.

 

Gasto social y planes sociales

 

Relación planes sociales-empleo

Los planes sociales tienen dos efectos importantes sobre el empleo. El primero de ellos es que  jóvenes que no trabajan ni cuentan con experiencia laboral, reciben un salario pago por el gobierno provincial a cambio de un trabajo de medio tiempo, o planes como acciones de empleo transitorio  pueden ser considerados casos de encumbramiento de desempleo.

El segundo efecto de los planes sociales es el desincentivo a la búsqueda activa de un empleo formal. Los planes sociales que tienen como destino las personas desempleadas o que se encuentran en empleos informales, generan un freno en el paso de la informalidad a la formalidad.

La extensión de las asignaciones a los desempleados y trabajadores informales constituye un desincentivo a la formalización. Si antes del nuevo programa un trabajador estaba indiferente o tenía preferencias leves por formalizarse, la extensión de las asignaciones al empleo informal puede modificar la ecuación.

Este efecto es inevitable, siendo mayor cuanto mayor es el monto del subsidio. El subsidio podría generar en algunas personas un desincentivo al trabajo. Al sentirse más cómodos económicamente algunas personas pueden elegir trabajar menos, y en el extremo no hacerlo.

Sumado a ello, la alta presión tributaria al sector privado, también genera un desincentivo hacia la formalidad.

 

Relación planes sociales-pobreza

Los planes sociales tienen como finalidad ayudar a las personas bajo la línea de pobreza a salir de dicha situación. Planes como asignación universal por hijo (AUH) y madres con siete hijos o más (M7H) han ayudado en los últimos años a hacer descender las tasas de pobreza e indigencia en Argentina. En base a ello, UCA (2013) realizó un trabajo destinado a medir el impacto que poseen dichos planes.

Durante el período 2010-2012, la AUH y M7H asistió alrededor de 60% de los hogares indigentes (233 mil hogares) y 48% (987 mil hogares) de los hogares en situación de pobreza.

Los hogares indigentes beneficiarios de dichos planes no variaron durante el periodo, pero sí los hogares pobres asistidos, que aumentó continuamente (46,1%, 48,6% y 50,3%). Los planes sociales mencionados anteriormente tienen un fuerte impacto en los ingresos familiares totales y per cápita de los hogares bajo la línea de pobreza de Argentina, generando disminuciones en las tasas de pobreza e indigencia en el período 2010-2012, mostrando su  mayor impacto en 2010 y para 2012 una mayor ayuda a los hogares bajo línea de indigencia, sobre los pobres.

 

En este caso, ayuda a que disminuyan los indicadores de pobreza e indigencia al complementar los ingresos de estos hogares, pero no actúan sobre las causas de la pobreza que es la escasez de activos (físicos, humanos y sociales) y la escasez de fuentes genuinas de ingresos. De hecho, como se explicó más arriba incluso podrían generar desincentivos a la formalización y al empleo.

 

Conclusiones

Tras este breve repaso radiográfico por el empleo, la pobreza y los planes sociales en Argentina se evidencia una persistencia de bolsones de pobreza y exclusión que no han podido ser reducidos de manera suficiente tras una década de alto crecimiento y un elevado gasto nacional y provincial en planes sociales. Este análisis permite reconocer la existencia de un círculo vicioso de reproducción intergeneracional de la pobreza que las políticas de la última década no han logrado romper, con alguna evidencia de que algunos planes sociales y políticas macroeconómicas por su orientación y discrecionalidad no han hecho más que fortalecer este círculo.

Por un lado, existe un mercado laboral con problemas estructurales como baja actividad, alta informalidad y un peso importante del empleo público. En suma, estos problemas estructurales generan empleo de poca calidad que no sacan a gente de la pobreza, coexistiendo niveles del 6,8% de desempleo con 25,6% de pobreza. La solución oficial a la pobreza se compone de una falta de reconocimiento de la misma en las estadísticas oficiales y de una red compleja de planes sociales otorgados por la Nación, las Provincias y los Municipios que de manera desordenada, con poco control y superpuestas tratan de dar respuesta a la falta de ingresos.

En este intento no se terminan de solucionar las causas originales de la pobreza individual como la carencia de activos físicos (ej: vivienda, infraestructura) o humanos (ej: salud, educación), la generación de empleo genuino o el acceso al empleo y al empleo formal. Por el contrario, en muchos casos se generan incentivos negativos a la búsqueda de trabajo, a la formalización o a la formación para el empleo.

En base a un trabajo realizado por Marcos Hilding Ohlsson (2014) (Libertad y Progreso) sobre planes sociales, se llega a la conclusión de que se  encuentra “un considerable aumento en los gastos sociales, distribuidos en una amplia variedad de programas que no debiera corresponder luego de una década de crecimiento económico. Segundo, la evidente falta de coordinación, de transparencia, la falta de objetividad en los criterios de distribución y de evaluación y corrección de los planes sociales, son algunas de las causas por las cuales no se logró ayudar a las personas a salir de la situación de pobreza y vivir por sus propios medios, sino que se generó una trampa de dependencia económica que en algunos casos lleva ya varias generaciones.” Dicha conclusión, es evidente.

El resultado, un nivel creciente de gasto público en planes sociales, empleo público y presión tributaria para financiarlos, que están en riesgo constante ante crisis fiscales que desfinancien este esquema.

Cïrculo vicioso de la pobreza

Los factores asociados a la pobreza son múltiples, dentro de los que resaltan tres factores determinantes de la misma: salud, educación y nutrición (alimentación). Los hogares que viven bajo condiciones de pobreza, tienden a transmitir ésta situación de generación en generación, convirtiendo a la pobreza en una cadena o cirulo vicioso, donde sumado a los bajos niveles de nutrición, educación y salud, los integrantes del hogar se preocupan esencialmente a destinar sus energías a la subsistencia diaria.

La relación entre múltiples factores, principalmente desnutrición, baja escolaridad y precario estado de salud, hacen que los individuos en situación de pobreza no posean las mismas condiciones para desarrollarse en la vida en sociedad, como así tampoco generar el capital humano adecuado para poder insertarse en el mercado laboral y poseer un empleo digno, formal y de calidad, lo que perpetúa su condición de pobreza.

Círculo vicioso de la pobreza

 

Educación. La educación es necesaria para poder igualar las oportunidades para los diferentes niños, niñas y adolescentes, como así también para los jóvenes, en el presente y futuro. El acceso a la misma genera las herramientas para poder insertarse en el mercado laboral y superar las condiciones socioeconómicas que llevan a la pobreza. Esta es la lógica que los censos y diferentes estadísticas muestran al demostrar que el nivel de pobreza disminuye a medida que se incrementan los niveles de estudio alcanzados.

El sistema educativo, debe ser eficiente, mejorando la calidad día a día y debe llegar a aquellos sectores vulnerables con la misma calidad que llega a los restantes sectores, generando igualdad de oportunidades. En los sectores de menores recursos donde el costo de cada año de estudio es mayor en términos relativos, resulta útil una educación secundaria orientada a salidas laborales rápidas, como pueden ser la formación en oficios adaptados a los sistemas productivos de cada región.

El Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE –Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, París.-(PISA, por sus siglas en inglés), tiene por objeto evaluar hasta qué punto los alumnos cercanos al final de la educación obligatoria han adquirido algunos de los conocimientos y habilidades necesarios para la participación plena en la sociedad del saber. PISA saca a relucir aquellos países que han alcanzado un buen rendimiento y, al mismo tiempo, un reparto equitativo de oportunidades de aprendizaje, ayudando así a establecer metas ambiciosas para otros países.

Las pruebas de PISA son aplicadas cada tres años. Examinan el rendimiento de alumnos de 15 años en áreas temáticas clave y estudian igualmente una gama amplia de resultados educativos, entre los que se encuentran: la motivación de los alumnos por aprender, la concepción que éstos tienen sobre sí mismos y sus estrategias de aprendizaje. Cada una de las tres evaluaciones pasadas de PISA se centró en un área temática concreta: la lectura (en 2000), las matemáticas (en 2003) y las ciencias (en 2006); siendo la resolución de problemas un área temática especial en PISA 2003. El programa está llevando a cabo una segunda fase de evaluaciones en el 2009 (lectura), 2012 (matemáticas) y 2015 (ciencias).

La participación en PISA ha sido extensa. Hasta la fecha, participan todos los países miembros, así como varios países asociados. Los estudiantes son seleccionados a partir de una muestra aleatoria de escuelas públicas y privadas. Son elegidos en función de su edad (entre 15 años y tres meses y 16 años y dos meses al principio de la evaluación) y no del grado escolar en el que se encuentran.  Más de un millón de alumnos han sido evaluados hasta ahora. Además de las pruebas en papel y lápiz que miden la competencia en lectura, matemáticas y ciencias, los estudiantes han llenado cuestionarios sobre ellos mismos, mientras que sus directores lo han hecho sobre sus escuelas.

La performance de la Argentina puede verse en los siguientes gráficos:

PISA1

 

PISA3

Salud. Por las condiciones sanitarias y de alimentación, usualmente, los individuos que viven bajo la línea de pobreza poseen no solo mayor propensión a tener enfermedades, sino que sumado a ello poseen menor posibilidad de acceder al sistema de salud, o poseen acceso limitado al sistema de salud público, el cual en ocasiones cuenta con escasos recursos para hacer frente a la demanda que poseen y proporcionar los tratamientos adecuados. Estas cuestiones generan no solo una ausencia de la cultura de salud, sino también desnutrición o en ocasiones, fallecimientos. La salud, en este sentido, constituye un elemento crucial en la reproducción del círculo vicioso, ya que a mayores problemas de salud son menores las capacidades para trabajar o el tiempo para hacerlo, afectando negativamente la inclusión laboral y a una salida duradera de la pobreza.

Los sistemas de salud públicos no solo deben ser eficientes y poseer los recursos necesarios para hacer frente a las diferentes enfermedades a las que se enfrentan, además deben llegar a aquellos individuos que más lo necesitan, proporcionando atención necesaria y a tiempo.

Nutrición. La desnutrición constituye una huella distintiva e irreversible de la pobreza. Los efectos de la desnutrición son tanto a corto como a largo plazo. A corto, genera mayores posibilidades de enfermedades (infecciosas) llevando a un menor rendimiento del individuo en materia de educación y en algunos casos (mayormente los primeros años de vida) a la muerte. A largo plazo, quienes tuvieron una niñez o adolescencia con presencia de desnutrición poseen menores rendimientos laborales no solo por la escasez de energía sino también por el desempeño educativo que presento en sus etapas anteriores. Así también las mujeres que, siendo niñas, poseían niveles de desnutrición tienen mayor posibilidad de que sus hijos también la posean. En consecuencia, la mala nutrición genera condiciones irreversibles en el individuo, teniendo que ser atacadas principalmente en los primero años de vida y en el desarrollo de la niñez y adolescencia, para evitar las consecuencias a corto y largo plazo.

Ante una situación de alto nivel de pobreza como el que se mostró en el capítulo anterior existe en Argentina, es necesario generar políticas que apunten y focalicen principalmente a estas tres causas de la pobreza, para generar una mejor condición de vida de los individuos y por ende, mayores posibilidades a que los mismos posean las condiciones suficientes para acceder al mercado laboral y conseguir empleos de calidad, quebrando de esta manera el circulo vicioso de la pobreza.

En este sentido, un sistema de planes sociales focalizados en estos tres aspectos y condicionados, “generarían en los beneficiarios incentivos a la acumulación de capital humano para superar los mecanismos de reproducción intergeneracional de la pobreza, base para la promoción social”.

Fuentes : Fundación Agropecuaria para el desarrollo económico (FADE)

Comisión Económica para América Latina (CEPAL)

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)

Al momento de publicar esta entrada hubo un alza del índice de pobreza debido a los ajustes tarifarios del Gobierno de Mauricio Macri.

Debido a que es muy reciente para analizar se adjunta un enlace que advierte este problema .

 

 

Raya Azul

One thought on “Empleo , pobreza y política social en Argentina”

  1. Buenas tardes! Somos un grupo de alumnas del colegio ORT en Buenos Aires. Hemos leido el articulo y nos resulto de gran ayuda con una investigacion que estamos realizando con la misma tematica. Queriamos saber como contactarnos directamente con el señor Jorge Negre, si es posible. Muchas gracias!

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