Bastante tiempo antes de que Arturo Illia asumiera el poder, cuando en la Argentina acababa de cerrarse a los tiros el primer round entre los grupos Azules y Colorados del Ejército, en septiembre de 1962, con la derrota de los segundos y el surgimiento del general Juan Carlos Onganía como hombre fuerte del Ejército, en Cuba Ernesto Guevara ya imaginaba concretamente exportar la revolución a América del Sur.

Un nutrido grupo de argentinos comenzó a recibir instrucción militar bajo la atenta vigilancia de Guevara y de los jefes del Ministerio del Interior, especialmente el DGI(Departamento General de Inteligencia), comandado por Manuel “Barbarroja” Piñeiro Losada.

Piñeyro Losada y Guevara
Piñeyro Losada y Guevara

Unos —de raigambre peronista— venían reclutados por el ex delegado de Perón John William Cooke y su esposa, Alicia Eguren; otros provenían del trotskismo y otros más eran ex militantes comunistas. Fueron convocados con la mirada puesta en lo que sucedía en la Argentina: Frondizi había sido derrocado nueve meses antes y reemplazado por el senador nacional José María Guido —hasta ese momento presidente provisional del Senado—, con los militares como telón de fondo, a la espera de una salida electoral en 1963. Había sido cerrado el Parlamento y las provincias estaban intervenidas.

John William Cooke
John William Cooke
Alicia Eguren de Cooke
Alicia Eguren de Cooke

La experiencia del “proyecto argentino” en la isla fue lamentable, porque no pudieron entenderse las diferentes tendencias en un plan común. Hasta Fidel Castro se vio obligado a presentarse en el campo de entrenamiento para aplacar los ánimos. En esa oportunidad se convino que todos recibirían instrucción militar-terrorista y después cada uno tomaría su camino. Una de las últimas gestiones la hizo Guevara en el marco de un asado en conmemoración de la fecha patria argentina —25 de Mayo— para aconsejar, reclamar, unidad, cuando dijo que las “fuerzas antiimperialistas” debían deponer sus divergencias… principalmente los peronistas.

La experiencia estuvo a punto de terminar a los tiros entre los argentinos cuando se manifestaron las diferencias ideológicas. No eran lo mismo Luis Stamponi, Manuel Negrín y Ángel “Vasco” Bengoechea que los peronistas  Carlos “Pancho” Gaitán, o Manuel J. Gaggero y el socialista Elías Semán, por poner algunos ejemplos.

Luis Stamponi
Luis Stamponi
Manuel Negrín
Manuel Negrín
Ángel Bengochea
Ángel Bengochea

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carlos “Pancho” Gaitán (actual)
Carlos “Pancho” Gaitán (actual)
Manuel J. Gaggero (actual)
Manuel J. Gaggero (actual)
Elías Semán
Elías Semán

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El contingente estuvo integrado por trotskistas, socialistas, militantes de la Juventud Peronista y Uturuncos. La idea era conformar un Frente de Liberación “con el objetivo de iniciar la lucha armada en la Argentina”. Todos terminaron recibiendo entrenamiento en un campo de instrucción militar de las sierras del Escambray, bajo las atentas miradas de Ernesto “Che” Guevara y José “Papi” Martínez Tamayo.

José María Martínez Tamayo
José María Martínez Tamayo

 

Al respecto, la particular y fogosa esposa de Cooke ponía un especial acento en el papel de Perón para cualquier proyecto en la Argentina. El entuerto lo comenzó a encarrilar, según la mayoría de las fuentes, Héctor Villalón, representante del líder que se encontraba en esos momentos en La Habana.

Héctor Villalón
Héctor Villalón

Ante la evidencia del fracaso, paralelamente, Guevara fue tejiendo su propia madeja al margen de los grupos y, junto con Fidel Castro, tomó dos decisiones. La primera, organizar una “vanguardia” de argentinos y cubanos para crear un “foco revolucionario” en la Argentina. A fines de julio de 1962, el Che mantuvo, en el Ministerio de Industria, su primera entrevista con Ciro Bustos, quien previamente había sido estudiado por Alberto Granado, un amigo histórico de Guevara. Dos días después de ese encuentro tuvo una larga conversación con Jorge Ricardo Masetti en una casa clandestina de La Habana. La segunda decisión: que debía entrar en contacto con Perón, porque “es valioso y es necesario mantenerlo continuamente”. Por esta razón, hacia fines de septiembre de ese año, John William Cooke, que ya era un agente del DGI cubano y dependiente de la estrategia castrista, viajó a Europa con la intención de interesar al líder en el proyecto y proponerle, en nombre de Castro y Guevara, abandonar Madrid e instalarse en La Habana.

Ciro Bustos (actual)
Ciro Bustos (actual)
Jorge Ricardo Masetti
Jorge Ricardo Masetti

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fidel Castro y Jorge Masetti
Fidel Castro y Jorge Masetti

 

 

La primera escala de Cooke fue París, y desde allí intentó comunicarse con Perón para conseguir un encuentro, pero sus llamados no fueron atendidos. La respuesta del ex presidente fue enviar a Héctor Villalón, un joven de 32 años dedicado a cumplir negocios y tareas particulares del dueño de la residencia 17 de Octubre en Puerta de Hierro. En ese primer encuentro Villalón logró que Cooke se comunicara telefónicamente “para evitar que fuera a Madrid” y convinieron en que éste le enviaría un informe y quedaría a la espera en la capital francesa.
Desde París, el 30 de septiembre, le transmitió a Villalón un largo informe para su ex jefe donde hacía un análisis del pasado inmediato del país y el momento que atravesaba el Movimiento Justicialista, con fuertes críticas a la conducción del peronismo en la Argentina, evitando dar nombres propios de dirigentes en los que Perón había depositado su confianza. Solo se anima a aconsejarle: “Creo que Usted tendrá que cambiar las direcciones, sustituyéndolas, aunque sea en parte, con elementos revolucionarios, que existen en cantidad suficiente”. Era casi lo mismo que decirle a Perón: “Designe en el Consejo Superior a hombres afines a La Habana y saque a los ortodoxos”. Luego establecía su diferencia con ellos: “Actuamos en diferentes planos y con procedimientos diversos: que no se asusten de ver a un revolucionario, porque el país está lleno de revolucionarios, aunque ellos no lo sepan y crean que un revolucionario es un golpista”. Se sentía abandonado, ignorado, y le dice a Perón: “Tengo, solamente, un pedido concreto que hacerle. Que transmita a los dirigentes de allá que no se metan conmigo ni con mi mujer (que actúa cumpliendo mis directivas). Lo que yo hago ellos no lo comprenden ni lo pueden comprender”.

Juan Domingo Perón
Juan Domingo Perón

Dos semanas más tarde, Villalón volvió a París con una respuesta de Perón :“El sector peronista de izquierda que actúa en el país, que debe jugar fuertemente sus posiciones y será el que, en definitiva, prevalezca, debe tomar contacto con John William Cooke en La Habana y, por su intermedio, con los dirigentes de la Revolución Cubana que J.W.C. estime conveniente”.

Fue una concesión del momento, porque el 8 de febrero del año siguiente llegó a La Habana el dirigente peronista Vicente Saadi con el cometido de limitar, impedir, la actividad de Cooke. El dirigente catamarqueño residió unos días en el Hotel Nacional de Cuba, habitación 518, y su misión fue entendida por las autoridades cubanas.

Vicente Leónidas Saadi
Vicente Leónidas Saadi

Entendida, pero no aceptada, porque ya para esa época había comenzado el planeamiento de la “Operación Penélope” (algunos la denominan “Operación Sombra”), que se convirtió en el primer ataque al territorio argentino de un contingente de oficiales extranjeros (cubanos) con terroristas argentinos.

El Movimiento Peronista pasaría a ser víctima del más exitoso proceso de infiltración del castrismo, el “entrismo”, que ya tenuemente había dado sus primeros pasos. El comandante Ernesto “Che” Guevara preparaba la primera intervención castrista en el país. Su comandante segundo Jorge Ricardo Masetti, luego de dejar la dirección de la Agencia Prensa Latina e inaugurar como alumno una las escuelas especiales, las famosas PETI (Puntos de Entrenamiento de Tropas Irregulares) fundadas en 1961, había partido hacia Argelia. Fidel Castro no ignoraba nada, y el KGB menos.

Por otra parte Perón era tentado a residir en Cuba como lo muestra una carta de Cooke a él:

Traigo a Europa la misión de transmitirle, en nombre de la Revolución Cubana, una invitación fraternal y amplia. El comandante Fidel Castro lo invita a que visite Cuba, por el tiempo y las condiciones que Usted desee. Además, lo invita a que se vaya a vivir a Cuba, donde Usted será acogido como corresponde a su jerarquía de líder del pueblo argentino. Para el caso de que acepte la segunda de estas invitaciones y fije su residencia allá, el gobierno revolucionario se encargará de brindarle todo lo que sea necesario para su comodidad: vivienda de acuerdo a sus gustos y necesidades, transporte, medios de locomoción y cuanto pueda contribuir a su bienestar y a sus actividades, como así también facilidades para llevar todo lo que desee […] Cualquiera sea su decisión, hay que tener presente el papel de Cuba en el mundo socialista: en los asuntos de América Latina, su voz y su línea es determinante y decisiva.”
Muchas veces Perón se manejaba por gestos y, en esta ocasión, le respondió a John William Cooke con la designación de Héctor Villalón, en marzo de 1963, “comisionado por el Comando Superior Peronista para representarlo en las tareas de Relaciones Internacionales”.

No fue la única invitación o sugerencia que tuvo el líder peronista de parte del castrismo para salir de España. Pocos meses más tarde, el embajador cubano en Argelia, comandante Jorge Serguera Riverí, se trasladó a Madrid y, guiado por Valentín Luco —la mano derecha de Villalón—, entró en la quinta 17 de Octubre. “Le sugerí la idea de mudarse a Argel y lo interesante que sería luego aceptar residir en La Habana. [El dueño de casa] sonrió y afirmó que lo pensaría”. Luego trató de seducirlo con un maletín lleno de dinero que le enviaba el Che, y el dislate mayor lo expresa a continuación: “La unión del prestigio de Perón con la autoridad del Che y la aplicación de un método podía ser determinante para la asunción del poder por ambos”. ¿Dónde? ¿En la Argentina, Perón y Guevara juntos?

Jorge Serguera Riverí
Jorge Serguera Riverí
Valentín Luco
Valentín Luco

 

 

En cuanto a la invitación a vivir en la isla, Perón, que no respondió lo expresado a través de Cooke, sí atendió el mensaje de “Papito” Serguera. Héctor Villalón, que en persona le agradeció el gesto a Fidel Castro,  explicó:“Nosotros decidimos no aceptar amistosamente la oferta —que estaba presionada por Cooke— y en la reunión que yo mantuve con Fidel, en nombre de Perón, le pedimos no intervenir en la Argentina. Explicamos la importancia para Perón de no aparecer con apoyos o intervenciones de terceros”. Queda como constancia de su gestión una esquela que Perón le escribe a Castro en la que expresa que “el compañero Villalón lo entrevistará para llevarle mis saludos más afectuosos y transmitirle de viva voz nuestra respuesta al mensaje que usted tan gentilmente me enviara por intermedio del compañero Serguera”.
Fidel acordó y aceptó evitar intervenciones en el país. Unas son las palabras y otros son los hechos. El castrismo se preparaba para asaltar la Argentina. El mismo “Papito” Serguera confiesa en sus memorias que Guevara “no me dijo que hablara del tema Masetti con Perón”.

Carta de Perón a Castro
Carta de Perón a Castro

 

Estaba claro que “Papito” Serguera no debía tratar con Perón los planes de Guevara con Masetti. ¿Y Fidel Castro? El jefe de la revolución estaba bien al tanto de lo que sucedía y de lo que estaba por ocurrir en la Argentina. Por eso la intervención del DGI con el comandante “Barbarroja” Piñeiro a la cabeza. También Raúl Castro lo sabía, simplemente porque su hombre en esa operación era Abelardo Colomé Ibarra, “Furry”.

Abelardo Colomé Ibarra (actual)
Abelardo Colomé Ibarra (actual)

Hemos dicho anteriormente que Guevara imaginaba —ya a comienzos de 1960— instalar un “foco guerrillero” en las serranías cordobesas. Luego la situación mudó, a partir de algunos trabajos de reconocimiento y el ingreso del “Pelado” Bustos.
Ya mencionamos que, en la primera semana de agosto de 1962, luego de su fugaz encuentro con Guevara, Ciro Bustos fue llevado a una “casa de protocolo” en el barrio habanero de Miramar. “Casa de protocolo” es un eufemismo. Eran simples casas robadas a sus antiguos moradores o abandonadas por dueños que huyeron antes y después de que la revolución se declarara comunista. Estaban en poder de Seguridad del Estado, y en su gran mayoría se encontraban muy deterioradas. En este sentido, el castrismo fue un precursor: en 1990, ante la pérdida del poder, antes de entregarlo a Violeta Chamorro, el sandinismo hizo aprobar las leyes 85, 86, 87, por las cuales usurpó propiedades ajenas, asaltadas tras la caída de Anastasio Somoza Debayle. Este hecho se conoció como “la piñata”, y le costó al Estado de Nicaragua alrededor de 700 millones de dólares.

En una de esas amplias residencias con jardín, Bustos conoció a Jorge Ricardo Masetti.Las primeras preguntas que Masetti le hizo fueron: “¿Cuánto tiempo estuviste en Salta?”, “¿Hay sierras cerca del ingenio Tabacal?”. A partir de allí tocaron varios temas y conversaron como “dos argentinos en un café”.
Por ese entonces, en la Argentina presidida por José María Guido faltaban treinta días para que estallara el primer encuentro armado, principalmente, entre los grupos Azules y Colorados del Ejército. También faltaba un año para las elecciones y todavía no se sabía cuál iba a ser el destino del Partido Justicialista. Los dos coincidieron en que en la Argentina había llegado el momento de hacer una revolución y que, “de acuerdo a la ley de las condiciones objetivas y subjetivas, éste era el momento”. Según el relato del “Pelado” o “Pelao”, Masetti se inclinaba por intentar “una nueva vía de acción política” y “ésta era la lucha armada”.
A fines de 1961, Masetti ya había intervenido en la guerra anticolonialista de Argelia, llevando armas a las fuerzas de Ahmed Ben Bella junto con “Angelito” Francisco Ciutat de Miguel. También había recibido instrucción militar en la nueva Escuela de Guerra de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), organizada con ayuda soviética.

Francisco Ciutat de Miguel
Francisco Ciutat de Miguel

Las “condiciones objetivas” de las que hablaba Masetti no eran otras que las dificultades económicas y sociales del período de Guido; la proscripción del peronismo; el poder (detrás del trono) que ejercían las fuerzas armadas y la seria posibilidad de que no se realizaran elecciones presidenciales. Bajo estas condiciones, Ernesto Guevara y Masetti intentaban ubicar un “foco” revolucionario en el interior del país y, desde allí, atraer el descontento de la población. El plan, entonces, era “preparar un grupo nada numeroso, bien entrenado militarmente, que entraría a instalar en la Argentina una base guerrillera, eventualmente al mando de Masetti como comandante segundo, hasta la llegada del Che, que se produciría no bien se consolidara el grupo como vanguardia”. La jefatura total era de Guevara, y —señala Bustos— “con una independencia total de la Revolución Cubana”. Algo que no es cierto.
En menos de quince días, Bustos (cuyo nombre de guerra sería “Laureano” o el ya mencionado “Pelado”) fue llevado por el capitán Orlando “Olo” Pantoja Tamayo, o “Antonio” —un oficial cubano de Guevara, con quien iría a Bolivia—, a una casa clandestina o de “protocolo” —esta vez en el barrio del Country Club— donde lo esperaba Masetti, y volvieron a hablar del “foco guerrillero”, el “hombre nuevo” y el Che. Porque “el Che no podría integrarse si nosotros fracasábamos, ni el proyecto podría llevarse a cabo sin el Che”.

Orlando Pantoja Tamayo
Orlando Pantoja Tamayo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hermes Peña Torres
Hermes Peña Torres

 

En esta ocasión fueron apareciendo otros personajes que formarían parte de la columna guerrillera comandada por el “Comandante Segundo” (Masetti). Uno era Hermes Peña Torres, alias “Capitán Hermes”, un joven oficial de las FAR que había peleado en la Columna 8 al mando de Guevara y luego de 1959 pasó a ser su escolta. Guevara era algo más que su jefe; era su padrino de casamiento con Catalina Sibles Sánchez, en diciembre de 1959.

Boda de Hermes
Boda de Hermes

Entre los argentinos, estaban Leonardo Werthein (“Fabián”), un especialista en medicina preventiva, que oficiaría de médico de la columna armada, y los chaqueños reclutados por Alberto Granado: Federico Méndez (“Basilio”), que tenía alguna experiencia militar (había peleado contra el gobierno de Fulgencio Batista y en Argelia), y otro que pasó a ser conocido como “Miguel”. A partir de ese momento, el núcleo reducido de la columna comenzó a instruirse para llevar a cabo la “Operación Penélope”. El nombre de “Penélope” era sugestivo. Como en la Odisea, había que esperar la llegada del personaje central, que, en esta tragedia, era Ernesto “Che” Guevara de la Serna.

 

Ernesto "Che" Guevara
Ernesto “Che” Guevara

Con el paso de los días, aparecieron Abelardo Colomé Ibarra (“Furry”) y Juan Alberto Castellanos, un hombre de la intimidad del Che, en cuya casa Guevara había festejado su casamiento con Aleida March en 1959. También había combatido en la Sierra Maestra y Las Villas bajo el mando de Guevara.

Castellanos ( derecha) Y Guevara
Castellanos ( derecha) y Guevara

El grupo era seguido de cerca por Manuel Piñeiro Losada, y en los entrenamientos participaron el ya conocido español-soviético Francisco “Angelito” Ciutat de Miguel y “Olo” Pantoja. También Guevara estaba al tanto de todo. Una noche —relató Ciro Bustos— apareció en la casa clandestina y mantuvo una larga conversación con los integrantes del grupo. Para ellos no era una visita cualquiera; era el “Jefe”, el destinatario de sus primeros esfuerzos en territorio argentino, el que estaba frente a ellos. Salvo algunas variaciones, el Che repitió la misma melodía que le dio a un grupo argentino el lunes 4 de enero de 1960. El ministro de Industria dijo que su papel en la Revolución Cubana ya estaba cumplido y que “no podía ir más allá de lo que ya había hecho”. Sin ser explícito, había comenzado a despedirse de Cuba y su gobierno. Sostuvo que podía hacer “algo” y que “hacerlo en la Argentina era servir a la revolución en toda Sudamérica” y para ello contaba con el esfuerzo inicial de la “Operación Penélope”.

Bustos, según lo escuchado de Guevara, apuntó que la tarea del grupo “sería mantenerse a salvo, permanecer, asentarse en el lugar, evitando combatir antes de su llegada”. A la hora de las preguntas, “Laureano” (Bustos) formuló una, elemental: ¿habría alguna organización de apoyo al llegar a la zona fijada? La respuesta fue “ninguna”, y que había que crearla. Bustos  deslizó algún tipo de incredulidad “ante tamaña desproporción, media docena de hombres frente a millones”. La réplica inmediata de Guevara fue relatar lo que había sucedido en Cuba cuando una docena de hombres se impuso al ejército de Batista. Pero no había relación entre la experiencia cubana y la que pretendían emprender en la Argentina. Como dicen los argentinos, era pura “sanata”, y los hechos los demostrarían.
En otro tramo de la conversación, Bustos señaló: “Creo haber sostenido que los argentinos tenían un conflicto sin resolver, que era el peronismo”. Y la respuesta fue que “el conflicto es la dependencia y la miseria de la población, en medio de una riqueza en manos ajenas. El peronismo no es más que un síntoma y, en la lucha, la enfermedad es lo que importa”. De haber estado Juan Domingo Perón en la reunión, habría dicho que el peronismo es algo más que un síntoma. Este párrafo, al que pocos le prestaron atención, marcaba el grave desconocimiento de Guevara de la realidad política argentina, y ahora se entiende por qué “Papito” Serguera no le dijo nada a Perón durante la entrevista en Madrid; por qué el Movimiento Peronista no hizo nada cuando trascendió el operativo en el Norte Argentino y por qué los delegados del jefe justicialista le solicitaron a Castro que no interviniera en la Argentina.
Luego del período de instrucción en la ciudad y en la zona de Pinar del Río, donde el Che instaló su cuartel durante la Crisis de los Misiles, el grupo se preparó para salir vía Praga con el respaldo técnico (pasaportes y documentos falsos) de la Inteligencia de Piñeiro Losada. Permanecerían en la capital de Checoslovaquia mientras otro grupo del Departamento Liberación o MOE (Operaciones Especiales), recientemente fundado para coordinar la revolución continental, se encargaba de las tareas de infraestructura en la frontera boliviana. El objetivo, entonces, era entrar por Salta, en la zona bordeada por el río Bermejo.

La tarea principal: aniquilar al Ejército Argentino

La partida del contingente se realizó en noviembre de 1962, y en el aeropuerto de Rancho Bolleros, contó Bustos, estuvieron “Barbarroja” y parte de su equipo para despedirlos. Lo que quiere decir que se marcharon con la bendición de Fidel Castro. No lo hicieron dentro de las normativas de la “Operación Manuel” —que comenzó a funcionar en diciembre—, de allí que su paso no esté asentado en los archivos del Ministerio del Interior checoslovaco. El grupo estaba integrado por “Segundo” Masetti, “Luciano” Bustos, “Furry” Colomé Ibarra, “Hermes” Peña, Leonardo Wertheim y los chaqueños “Basilio” Federico Méndez y “Miguel”. En Praga los esperaban Serguera y su equipo para guiarlos en el aeropuerto y llevarlos a un hotel.
Los días en Praga se convirtieron en interminables. Primero fueron a un hotel de turismo del Partido Comunista pegado al lago Slapi; más tarde se acercaron al centro de la ciudad. La mayoría se alojó en el Hotel Internacional, y “Furry” y “Segundo”, en un departamento privado.

 

En diciembre el grupo se encontraba varado y sin respuestas a la vista. Sin consultar con Piñeiro, el 30 de diciembre de 1962, la petite armée viajó a París y, de ahí, en enero llegó a Argelia, donde consiguió, luego de tres días de trámites, el apoyo necesario de Ben Bella y Boumédiène.

Ahmed Ben Bella
Ahmed Ben Bella
Houari Boumediene
Houari Boumediene

Las fuerzas argelinas los mantuvieron en una “casa de seguridad” y les hicieron realizar un intenso programa de entrenamiento físico, uso de armas, infiltración y análisis de operaciones tácticas militares. “Recién en febrero o marzo del 63 apareció ‘Papito’ Serguera como siguiéndonos los pasos, en su función de flamante primer embajador cubano en la nueva República Socialista de Argelia”, contó Bustos. No es lo que dice Serguera en Caminos del Che —en ese libro manifiesta su desprecio por Bustos, a quien trata de “traidor” al Che por haberlo delatado en Bolivia—, donde aduce que, además de sus obligaciones diplomáticas, llevaba un mensaje de Guevara para Masetti: “Dice el gaucho que espera noticias tuyas”. El nivel de improvisación con que habían salido de La Habana comenzaba a encarrilarse: los argelinos cooperarían con la Inteligencia cubana, “siendo la primera acción conjunta insurreccional anticolonialista en Latinoamérica”, afirma Serguera.
Allí, en Argel, la “Operación Penélope”, “como parte de un plan concebido por el Che”, tomó forma, tras el acuerdo con el gobierno y una larga charla a solas de Serguera con Jorge Masetti. El comandante-embajador Serguera Riverí indicaba:
Había que “abrir un frente guerrillero en el Norte la de Argentina con un doble propósito: crear las condiciones para provocar una revolución en ese país similar a la cubana y dar apoyo estratégico y extender con ello una modalidad de respuesta a las agresiones de Estados Unidos, susceptible de ser generalizada”.
“La penetración en la Argentina debía realizarse por Bolivia” y, para facilitar la tarea, oficiales de la Inteligencia argelina compraron en Bolivia una propiedad cercana a la frontera con la Argentina.
Masetti coincidía con Serguera en que la situación en la Argentina era favorable y esperaba que las condiciones objetivas mejoraran con un golpe militar.
El problema [en la Argentina] era el Ejército. La última refriega política iba a estar destinada a mantener la institución a cualquier precio. El Ejército era una institución a vencer, no a convencer, y, consecuentemente, a desaparecer. Vacilar en esto era comprometer el triunfo a mediano plazo. Situar al movimiento social en precario. En la Argentina, como en cualquier país latinoamericano, era la clave del problema.
“Estuvimos de acuerdo”, contó Jorge “Papito” Serguera Riverí, en ese momento el vocero de Fidel Castro, Ernesto Guevara y Manuel Piñeiro Losada. Los dos llegaron a la conclusión de que la “Operación Penélope” no era un “arañazo”. “¡Es un zarpazo! [y] la cuestión sigue siendo la lucha armada […] Jorge, esto hay que hacerlo con mucho cuidado, pero de todas maneras se va a armar una gran cagazón”.
En consonancia con esta operación, con la mirada puesta en el proyecto revolucionario andino del Che, “Olo” Pantoja llevaba a cabo una tarea de coordinación con la futura guerrilla peruana, que sufrió su primer golpe cuando una columna de 40 guerrilleros del ELN (Ejército de Liberación Nacional), al mando de Héctor Béjar Rivera, fue rechazada en la frontera boliviano-peruana.

Héctor Béjar Rivera (2015)
Héctor Béjar Rivera (2015)

El primer fusilado, antes de partir a la Argentina

Poco antes de emprender el viaje a América se presentó una crisis con “Miguel”. Se lo acusó de haber violado normas de seguridad, rechazar la autoridad de Masetti y manifestar su deseo de no formar parte de la expedición. Se consideró que, a partir de ese momento, “Miguel” ponía en riesgo la operación y se decidió realizarle un juicio sumario. Bustos ofició de fiscal y “Basilio” Federico Méndez de abogado defensor. La sentencia, unánime, fue el fusilamiento. La ejecución la llevó a cabo un pelotón argelino por pedido de Masetti, Serguera y “Furry” Colomé Ibarra.

Fusilamiento
Fusilamiento

Alrededor del 5 de mayo, el grupo partió de Argel vía Roma y San Pablo, encubierto dentro de una supuesta delegación diplomática argelina integrada por los agentes Mohamed y Abdel (o Masmut, según Serguera), que recorría América del Sur en plan de promoción comercial. Una vez en el Brasil, la delegación se dividió. “Segundo”, “Hermes” y “Furry” viajaron en avión a La Paz. Los argelinos, con el grupo restante (“Fabián”, “Basilio” y “Laureano”), lo hicieron en tren hasta Santa Cruz. Todos volvieron a encontrarse en Tarija, mientras “Furry” hacía de administrador de una propiedad y con una camioneta recién adquirida tanteaba el terreno buscando el mejor lugar para cruzar la frontera. También se encargaba de la logística (armas, víveres, remedios y la entrega de uniformes del Ejército de Argelia fabricados en Yugoslavia). Para llevar a cabo su tarea, el grupo contaba con la colaboración de otros agentes de Piñeiro y militantes del Partido Comunista de Bolivia (PCB), o que habían militado en sus filas, como los hermanos “Inti” y “Coco” Peredo. En esta ocasión, los comunistas bolivianos ayudaron como una forma de impedir que se instalara una guerra de guerrillas en su país. Para Mario Monje, el secretario general del PCB, la experiencia cubana era “única e irreproducible”.

Guido Alvaro Peredo Leigue-Inti-
Guido Álvaro Peredo Leigue-Inti-
Roberto-Coco-Peredo
Roberto-Coco-Peredo
Mario Monje
Mario Monje

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como si esto fuera poco, Cuba, que todavía mantenía relaciones diplomáticas con el gobierno de Víctor Paz Estenssoro, tenía como embajador a Ramón Aja Castro, un hombre cercano a Guevara.
No solamente Monje estaba en desacuerdo con la “vía armada”. Ernesto Guevara, durante una conversación privada, le reprocharía a Aleksander Alexeiev, el embajador de la URSS en Cuba: “Ustedes no aprueban mi política de desatar una guerra de guerrillas en los países de América Latina”, como lo había escrito en un artículo de la revista Cuba Socialista. Alexeiev dejó constancia en su diario: “No entré en polémicas con él, en lo que respecta a la cuestión de la posición de Guevara sobre la guerra de guerrillas, diciendo que no había leído sus artículos en la revista Cuba Socialista. Esto sorprendió mucho a Guevara y señaló que él pensaba que su artículo había sido leído por nosotros de manera exhaustiva, como expresión de una política prochina”.

Alexander Alexeiev
Alexander Alexeiev

La rivalidad entre Moscú y Pekín seguía profundizándose. No era cuestión de si se estaba a favor o no de la “guerra de guerrillas”. La cuestión era quién lo decidiría; el dónde y el cuándo.

El presidente Osvaldo Dorticós Torrado no conversó sobre este tema con Alexeiev, en una entrevista personal realizada el mismo mes. Sin embargo, el debate chino-soviético se hizo presente cuando el embajador le mostró una última carta de Jruschov a Mao Tse Tung, intentando aplacar la situación. Se expresó diplomáticamente: “Si los dirigentes del Partido Comunista de China entienden correctamente la carta y responden a la apelación de N.S. Jruschov, entonces muchos malentendidos y conceptos erróneos en el movimiento obrero y comunista desaparecerán y la amenaza de una división será liquidada”. En opinión de Dorticós, la iniciativa de Comité Central del PCUS expresada en la carta era especialmente valiosa para Cuba y una serie de partidos comunistas de América Latina.
Para nosotros —dijo Dorticós— siempre ha sido doloroso entrar en polémicas abiertas sobre problemas ideológicos, dado que se extienden más allá de los límites de la discusión amistosa y se desplazan hacia las relaciones internacionales. Hemos sentido que ambas partes desean que tomemos una posición que llevaría a reforzar las relaciones con uno de ellos y la interrupción de la amistad con el otro.

Osvaldo Dorticós Torrado
Osvaldo Dorticós Torrado

El paso del tiempo demostró que no había reconciliación posible. Lo sabían Alexeiev, Guevara y el presidente de Cuba. El mandatario le expresó al diplomático soviético que la jefatura cubana había tenido la intención de conversar sobre este tema durante la visita que Jruschov había prometido realizar a La Habana (en 1964) y que no se concretó porque fue depuesto. A renglón seguido, Dorticós dejó el debate ideológico y fue más práctico, cuando mencionó que “el gobierno cubano pedirá al gobierno soviético conceder nuevamente a Cuba un crédito comercial para 1964”. En palabras del presidente, “se tardará dos o tres años para comenzar a pagar los créditos”.

Comienza la Operación

“Junio 21 de 1963 —apuntó ‘Hermes’ Peña en su diario de campaña— a las 22.00 prestamos juramento como miembros del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) y entramos en el país. El día 22 a la mañana nos cayeron las personas que creíamos que eran de Gendarmería, ese día caminamos hasta las 2 de la tarde e hicimos campamento y una exploración para saber en qué lugar estábamos. El 23 cruzamos el río de Toldo [Los Toldos]” y en tierra firme “encontramos un campo de cañas y comimos”. “Hermes” se refiere a las cercanías del pueblo Los Toldos, en el departamento de Santa Victoria, próximo a la frontera con Bolivia, y describe, someramente, la “Operación Trampolín” —escalón inicial de “Penélope”—, que consistía en una tarea de reconocimiento del terreno, observar el movimiento de la Gendarmería y estudiar la posibilidad de instalar una radio de alta frecuencia. Luego de unos pocos días, el grupo inicial volvió al territorio boliviano para ultimar detalles.

 

El 7 de julio se produjo en la Argentina un hecho político que ponía en riesgo una de las “condiciones objetivas” para iniciar la lucha armada, tal como la consideraban Guevara y Masetti. Ese día la ciudadanía eligió presidente de la Nación al médico de Pergamino, radicado en Cruz del Eje, Arturo Umberto Illia, candidato de la Unión Cívica Radical del Pueblo. No se había llevado a cabo —gracias a José María Guido— el golpe militar previsto. La lucha no sería contra una clásica “dictadura”, sino contra un gobierno constitucional que asumiría el 12 de octubre siguiente. La situación fue puesta en consideración por Masetti, consultada con La Habana, y se decidió seguir adelante. La mejor manifestación de la confirmación de la aventura fue que llegó para incorporarse al grupo Juan Alberto “Mono” Castellanos, que tomó el nombre de “Raúl Moisés Dávila Sueyro”, alias “Alberto” o “el Cubano”. El “Mono” no era un cualquiera, de allí que muchos interpretaron la pronta llegada del Che.

Se ha escrito mucho sobre la “Operación Penélope”, aunque la mayoría no dice que fue el primer ataque armado de la Cuba castrista contra la Argentina. Que, en general, la sociedad vivía al margen de lo que sucedía, como casi siempre ha sucedido, y que las fuerzas armadas no estaban preparadas para enfrentar la ofensiva armada que se iniciaba. Lo que empezaba a mitad de los años sesenta se proyectaría a la década siguiente y, aunque no se quiera ver, fue necesaria la vuelta de Juan Domingo Perón para iniciar el duro repliegue del “modelo cubano” que se pretendía imponer. Simplificando, los que se negaban a reconocer la vigencia del líder del justicialismo —fueran dirigentes civiles, empresarios, militares o poderes externos— eran los que años después lo recibieron con los brazos abiertos. Habían cambiado y, justo es decirlo, Perón no era el mismo de 1963.
Cuatro días más tarde del comienzo definitivo de la “Operación Penélope”, la Inteligencia checoslovaca tenía muy en cuenta su contacto con “Justo”, un hombre de confianza de Manuel Piñeiro Losada que había pasado por Praga. La situación en Bolivia fue atentamente observada.

La “Operación Penélope” se inició entre el lunes 23 y el martes 24 de septiembre de 1963, con otra operación táctica a la que pusieron el nombre de “Dorado”, con el cruce del río Bermejo cerca del paraje Aguas Blancas, y que consistió en la instalación de campamentos para depositar distintos pertrechos. La operación fue más importante y se alcanzó a establecer las bases “Anta Muerta”, “San Ignacio”, “La Calería”, “La Toma”, “El Alisal” y “Río Piedras”. El planteo permitiría diversificar las maniobras y ampliar el radio de actividad. Ese día ingresaron Masetti, “Hermes” Peña, Ciro Bustos, Federico Evaristo Méndez, Juan Héctor Jouvé, Alberto Castellanos, “Pirincho”, “el Correntino” (o “Surubí” Stachioti) y “Pupi” (Adolfo Rotblat). En este contingente, Masetti, Bustos y Méndez habían recibido instrucción en Cuba. Peña y Castellanos eran oficiales de las FAR.
La iniciativa subversiva terminó en mayo de 1964 y el mejor relato del fracasado episodio sale de la propia boca de los sobrevivientes del Ejército Guerrillero del Pueblo, una vez que cayeron presos en manos de la Gendarmería. Son las revelaciones formuladas durante las declaraciones indagatorias a los detenidos, testimonios de la época que se intentó alterar con el paso de los años, pero que ya no es posible modificar.

 

No se puede dejar de reseñar que los altos mandos militares trataron de pasar a la Justicia Militar la dilucidación de los hechos, pero el presidente Illia se mantuvo firme y envió la causa a la Justicia Federal (aplicando el Código Penal). Al mismo tiempo, cuando se desarrollaban los escarceos armados en el selvático Chaco salteño, el Ejército y algunos legisladores insistieron en que fueran las fuerzas armadas las encargadas de tomar la conducción de la represión. Sin embargo, en esta ocasión, el ministro de Defensa, Leopoldo Suárez, decidió que las fuerzas de seguridad enfrentasen a la guerrilla cubano-argentina.

Leopoldo Suárez
Leopoldo Suárez

Todo está puntillosamente escrito en el sumario Nº 10/64 del Escuadrón 20º Orán de la Gendarmería Nacional, al mando del comandante principal Roberto Bogado, y del Grupo Policial, iniciado el 4 de marzo de 1964 y elevado el 4 de junio de 1964 a la Cámara Federal de Apelaciones de Tucumán en la causa “Asociación ilícita e intimidación pública, contrabando de armas, municiones y explosivos, Ley de Aduana (t.o. 1962), homicidio calificado y conspiración para la rebelión”. A este documento hay que agregarle un relato escrito por el cubano Horacio Peña Torre (a) “Capitán Hermes” en su diario de campaña.

El miércoles 4 de marzo de 1964, en el paraje Río Colorado, una patrulla de la Gendarmería Nacional (GN) procedió a la detención de Raúl Moisés Dávila, alias “Alberto” o “el Cubano”; Lázaro Henry Lerner, alias “El Serrano”; Federico Ramón Frontini, alias “Grillo”; Oscar del Hoyo, Víctor Eduardo Fernández y Alfredo Campos, descubriendo que integraban un campamento guerrillero perteneciente al Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP). Vestían uniformes, calzaban botines iguales y coincidían en todo su aspecto con los guerrilleros de Fidel Castro. Respondían a las órdenes del Comandante Segundo, el que, con el “Capitán Hermes”, el “Teniente Federico” y otros guerrilleros, se encontraba en período de exploración y entrenamiento, con la finalidad de, empleando las tácticas castrocomunistas a cuya ideología pertenecían, iniciar en el país la guerrilla para derrocar al gobierno constituido, cambiar las estructuras de la Nación y establecer un gobierno de izquierda.
Víctor Eduardo Fernández y Alfredo Campos habrían de declarar que llegaron al campamento engañados. Se dieron cuenta de que no eran militantes justicialistas sino guerrilleros castrocomunistas y aprovecharon una marcha con el guerrillero “Diego” para de­sarmarlo y huir a Toma Nueva, Colonia Santa Rosa, Departamento de Orán.

El día 5 se desmanteló el campamento guerrillero “La Toma”, secuestrándose armas automáticas, munición explosiva, documentación castrocomunista, víveres envasados, comestibles en general, equipos y demás elementos necesarios para la vida en el monte, los que se concentraron en dos grandes depósitos cavados en la montaña y camuflados.

A partir del viernes 6 se destacaron patrullas y comisiones a toda la zona de acción de los guerrilleros, en procura de ubicar su campamento interior y detener al “Comandante Segundo” y sus hombres, que, según referencias, eran aproximadamente 30. El mismo día se secuestró en Salta la camioneta pickup IKA, chapa 511.356 de Córdoba, conducida por el guerrillero Agustín Enrique Bollini Roca, que fue detenido y a quien se secuestró del Residencial España, donde se alojaba, equipos guerrilleros, documentación, mercaderías y ropas civiles.

El vehículo estaba a nombre del doctor Canello y que era utilizado para aprovisionar el campamento de Río Colorado y transportar “gente nueva” (refuerzos). Durante la requisa se encontró una carta que le enviaba Emilio Jouvé, alias “Omar” o “José”, al “Comandante Segundo”, “cuyo texto permitió la ubicación de la casa de los guerrilleros en Salta, propiedad de María de los Ángeles Morales, viuda de Cantarero, la detención de la misma y la de Delfo Oscar Rey, que iba a reemplazar a Bollini en la conducción de la camioneta”. A partir de los informes que “Omar” (Emilio Jouvé) daba a Segundo por carta se pudo detener a Carlos Francisco Sánchez de Orán y Santiago Garrido, de El Quemado (Jujuy). De la investigación surge que Sánchez intervino, a pedido de Emilio Jouvé, para conseguir que la viuda de Cantarero y Santiago Garrido se incorporaran a la guerrilla. También “Omar” Jouvé logró que se incorporara Jesús Moreno, de Jujuy, para efectuar propaganda entre los obreros de los ingenios “La Esperanza” y “Ledesma”, para lo cual se habían dejado ejemplares de la “carta al campesino” firmada por “Segundo”. La investigación permitió detener días después, en Salta, a Salvador María del Carril, que había sido apalabrado por Jouvé y Bollini para informar sobre la actividad gremial del plan de lucha en Salta y buscar otra vivienda para el movimiento. Sirvió de enlace entre “Omar” Jouvé y Del Carril el periodista comunista Eduardo Masullo. Entre el 5 y el 10 de marzo las patrullas secuestraron mochilas con munición y equipos que fueron abandonados por un grupo guerrillero al mando de un tal Diego, integrado por los aspirantes Ariel, Federico, Alfredo, “Carlitos” (Carlos Alberto Bandoni) y Fernández.

Según consta en el expediente judicial, a partir del 22 de marzo el Comando de Agrupación Salta instaló en Santa Rosa la agrupación contraguerrillas “Tala”, y en Calilegua (Jujuy), la agrupación “Verde”, rodeando la zona montañosa de operación de los guerrilleros en Salta y Jujuy y estableciendo patrullas en los caminos de acceso. El domingo 12 de abril fueron liberados y separados de la causa los detenidos Fernández y Campos, por haberse comprobado que eran agentes del Servicio Secreto de Coordinación Federal, DIPA (Dirección de Investigaciones Prácticas Antidemocráticas), que habían logrado infiltrarse entre los castrocomunistas para descubrir sus actividades. El miércoles 15 de abril una patrulla del Escuadrón Orán de GN detuvo en el curso del Río Piedras al “Teniente Federico” (Federico Evaristo Méndez) y a los guerrilleros Alberto “el Tano” Moisés Korn, Miguel Colina y “Tucu Tucu” (Jorge Wenceslao Paul), que habían bajado de la montaña, debilitados por el hambre, en busca de víveres. Dos días más tarde cayeron detenidos en la zona del Río Piedras el teniente “el Cordobés” y el guerrillero “Carlitos”, “que vivían comiendo solamente pastos y raíces desde hacía varios días” [sic en el expediente].

El sábado 18 de ese mismo mes, a poca distancia del lugar anterior, otra patrulla del Escuadrón Orán interceptó al “Capitán Hermes” y al guerrillero “Jorge”, que bajaban aligerados desde el alto Río Piedras en busca de víveres, logrando el citado “Hermes” emboscar y abatir al gendarme Juan Carlos Romero, con su carabina M-2. Ese mismo día, “Hermes” y “Jorge” habían asesinado por la espalda al capataz Bailón Vázquez, ante la evidencia de haberlos delatado a la Gendarmería. El niño de 6 años Froilán Vázquez fue tomado como rehén por el “Capitán Hermes” para escudarse al fugar, y asesinado con dos tiros en la nuca cuando no lo necesitó más.
El sumario 10/64 habla de dos guerrilleros fusilados por orden de Jorge Masetti, el “Comandante Segundo”. El primero fue Adolfo Rotblat (a) “Pupi”, a pedido de “Hermes” Peña, “por mandarse la parte” (“no aguantaba las marchas y se tiraba al suelo”), y el segundo, el 19 de febrero de 1964, César Bernardo Groswald (a) “Nardo”, por intentar desertar.

De acuerdo con las declaraciones testimoniales que figuran en el expediente judicial, el EGP estaba organizado jerárquicamente con los grados de comandante, capitán, teniente, combatiente y aspirante. Al ingresar, juraban con el lema “Revolución o muerte” y se les colocaba una insignia del movimiento en la manga, un sol rojo y negro de 24 puntas. Se regían por un código de justicia militar. Resumiendo las declaraciones de los miembros más destacados de la columna guerrillera ante la Justicia argentina, tenemos que:

Alberto Castellanos (a) “Raúl Moisés Dávila”, “Alberto” o “el Cubano”, que se benefició de la ignorancia informativa argentina y se hizo pasar por peruano (“inmigrante clandestino”), dijo que había llegado de Bolivia con Lázaro Peña (“al cual conoció en Córdoba”) a la zona con una carabina calibre 30 (M-2) y una Browning calibre 9 “para cazar pavas del monte”. Aseguró que “no conoce el campamento guerrillero ni a los demás detenidos”. Después amplió su indagatoria afirmando que “no sabe nada de lo que se le pregunta”. Sin embargo, a fojas 145/146, dijo que “se rectifica […] y que se incorporó al EGP estando en Bolivia por la prédica en el diario Compañero, [la investigación prueba que la declaración es falsa, por cuanto formó parte de los primeros efectivos que, al mando del “Comandante Segundo”, invadieron el país el 23-9-63] haciendo toda la campaña de exploración por río Pescado, San Ignacio, arroyo La Calería y Campamento La Toma”.
Cuando retornó a Cuba, a Castellanos (que estuvo preso cuatro años en Salta) le prohibieron hablar de su “misión internacionalista” en la Argentina. Luego de diez años le relató a su familia la verdad. Hasta ese entonces decía que había estado capacitándose en la Unión Soviética por orden de Guevara.

Federico Ramón Frontini (a) “Grillo”, de 27 años, primero manifestó llamarse “Federico Contini” y que había llegado a la zona de operaciones “contratado como fotógrafo, ingresando en esta forma a un campamento guerrillero próximo a Colonia Santa Rosa, donde tenía que efectuar los trabajos”. Fue detenido con Oscar del Hoyo el 4 de marzo de 1964 por la GN, que le secuestró una pistola ametralladora Thompson. Hablando como simple observador, dijo que “el objetivo inmediato de los guerrilleros era el adiestramiento, suponiendo que debían estar listos para, en un momento dado, iniciar las guerrillas contra el Estado para cambiar el gobierno en procura de un mejor régimen de vida”. Más adelante (fojas 106/107) reconoció “que estuvo en Cuba en viaje de turismo, aproximadamente un mes, en el año 1961”. La investigación realizada por las autoridades legales revelaría que Frontini “llegó al campamento guerrillero el 23 de noviembre de 1963 y no en la fecha posterior que él indica, así como que estuvo presente en el campamento La Toma juntamente con Henry Lerner, Oscar del Hoyo, César y Diego, y los guerrilleros que formaron el tribunal que condenó a muerte al guerrillero César Bernardo Groswald. Con el paso de los días, Frontini recordaría que recibió instrucción guerrillera en Cuba.

Federico Evaristo Méndez (a) “Teniente Federico” o “Basilio” comenzó su declaratoria mintiendo. En fojas 288, afirmó que conoció a Masetti en Bolivia “donde trabajaba como mecánico”. Luego contó que, cuando regresó a la Argentina en 1963, se encontró en Resistencia, Chaco, con el “Petizo” Alberto Granado y que, a través de él, el “Comandante Segundo” le ofreció incorporarse a la guerrilla. “Que llegó al campamento guerrillero —seguiría mintiendo— cuando se encontraba ubicado en los montes de río Pescado”. Su relato continúa con una serie de detalles de la organización guerrillera y de su jefe Masetti, y explica que la “intención” de éste era “formar en esta zona por lo menos 40 guerrilleros bien adiestrados, con depósitos de víveres en la montaña para iniciar una propaganda armada en la zona de los ingenios” [por caso, Ledesma y La Esperanza]. “El propósito era preparar un estado especial que permitiera incorporar más gente para aumentar la guerrilla y ampliar los objetivos militares hasta lograr los fines del EGP”; o sea, la toma del poder y el cambio de las estructuras del país. Como en los casos anteriores, a fojas 436, Méndez “se rectifica de sus anteriores declaraciones en los siguientes aspectos: que sí estuvo en Cuba en 1962 como invitado del gobierno para conocer el país y las obras que realizaba Fidel Castro”. Nada dice de su instrucción en un PETI, en Cuba, ni de su paso por Argelia.

Lázaro Henry Lerner, 25 años, primero se niega a declarar; luego, en fojas 156, amplió sus anteriores indagatorias y se rectificó, expresando que ingresó al EGP por medio de “Omar” o “el Gordo” Emilio Jouvé. Que viajó de Córdoba a Salta junto con Enrique Bollini y desde allí a Colonia Santa Rosa en la camioneta que conducía el doctor Canello, siendo acompañado por “el Cordobés”, Juan Héctor Jouvé y “Omar” o “Teniente Emilio”. Que en el campamento conoció a Masetti, “Hermes” y al “Teniente Federico” (Federico Evaristo Méndez) y varios guerrilleros más, cuyos nombres cita. La investigación resalta que miente. La pericia judicial detalla que había tomado contacto con la organización subversiva en 1963.
María de los Ángeles Morales, viuda de Cantarero, una española de 51 años, dueña del Residencial España, contó que el escribano Carlos Sánchez, de la ciudad de Orán, le confesó que “estaba en un movimiento nacionalista para derrocar al gobierno y que necesitaban una casa de personas no comprometidas ni que actuaran en política a los fines de alojamientos transitorios de agentes del movimiento. Que si venían del Norte la contraseña iba a ser ‘de parte de Pablo’ y si venían del Sur ‘de parte de José’. Que a los pocos días se hizo presente el nombrado Emilio Jouvé […] que el 5 de marzo de 1964 se presentó un individuo ‘de parte de Pablo’, alojándolo y dándole de cenar que se llamaba Delfo Oscar Rey”. La viuda reconoció que había estado en España durante la Guerra Civil y “en Francia en la época de la actuación de los maquis”. En fojas 136 Delfo Oscar Rey relató que ingresó a la organización guerrillera por invitación de Emilio Jouvé, siguiendo la prédica de la revista Compañero.

Juan Héctor Jouvé (a) “Teniente el Cordobés”, de 23 años, domiciliado en Córdoba. Relató a fojas 304 que fue miembro del Partido Comunista y que se incorporó al EGP por su máximo contacto, “el Pelado” o “Laureano”, Ciro Bustos, “con el fin de actuar […] de acuerdo a lo manifestado por el jefe [Masetti] en el diario Compañero. Se incorporó en octubre de 1963 [miente] cuando el campamento estaba en la zona de río Pescado, habiendo viajado con ‘el Correntino’ o ‘el Negro’. Que ascendió a teniente en febrero de 1964. Que uno de los propósitos iniciales de Masetti era ‘instalar un equipo de comunicaciones en un lugar inexpugnable y llevar víveres a los cerros para iniciar la guerra de guerrillas’”.
Jouvé hizo un largo relato sobre los enormes obstáculos y desgracias que conmovieron a la columna del EGP. Todo se relacionaba con hambre, cansancio, huida, heridos, muertos de inanición. El 16 de marzo de 1964, mientras buscaba salvar su vida, fue detenido por una patrulla de la Gendarmería, que le secuestró el fusil FAL que le había dejado “Hermes” Peña.

El grupo investigador comparó su declaración indagatoria con una anotación de “Hermes” en su “diario de campaña”, cuando dice: “El día 4 de octubre [de 1963] en el campamento El Bate prestaron juramento ‘el Cordobés’ y ‘el Correntino’”. En fojas 259, Juan Héctor Jouvé se rectifica diciendo que había ingresado a la guerrilla en agosto de 1963, habiendo viajado a Tarija, Bolivia, junto con “el Correntino”. Hizo constar que él presentó a su hermano “Gordo” Emilio Jouvé a “Laureano” (Ciro Bustos) para que se incorporara al EGP. Luego realizó un detallado relato de la organización subversiva, con nombres y anécdotas, hasta el día de su detención. En fojas 434 reconoció una serie de efectos de la guerrilla, armas, el “cuaderno de campaña” de “Hermes” Peña, la bandera del EGP (celeste y blanca con sol negro y rojo), radio CIA, etc. También relató el fusilamiento de “Nardo”. El investigador anotó en el expediente: “Coincide con indagatoria de ‘Federico’ (Méndez), en parte”. En fojas 451, Jouvé tuvo que reconocer su participación en el juicio y fusilamiento de “Nardo”.

Guerrilleros Méndez y Jouvé
Guerrilleros Méndez y Jouvé
Guerrilleros detenidos
Guerrilleros detenidos

 

 

Con el cerro San Bernardo de fondo en la cárcel salteña: Lerner, Jouvé, Alvarez y Frontini
Con el cerro San Bernardo de fondo en la cárcel salteña: Lerner, Jouvé, Alvarez y Frontini

 

Hermes y detenidos

 

 

El Estado argentino reacciona.
El espionaje checoslovaco

Los diarios del 26 de marzo de 1964 publican unas declaraciones del director general de Gendarmería Nacional Argentina, general de brigada Julio Rodolfo Alsogaray: “Éste es el primer paso de la guerra revolucionaria. No es un hecho aislado. Se trata de una organización importante y seria, dentro de su tipo de acción revolucionaria, que cuenta con conexiones dentro y fuera del país”. Después agregó que “ciertas autoridades y el público se muestran remisos a creer la realidad. Sin embargo, en la Argentina la guerra revolucionaria ya empezó”.

General JulioRodolfoAlsogaray
General JulioRodolfoAlsogaray

El escritor Carlos Manuel Acuña, en su obra Por amor al odio, es el único que revela la visita a Buenos Aires de una delegación militar venezolana interesada en intercambiar experiencias y analizar la posibilidad de adoptar “medidas conjuntas para frenar el crecimiento” de la subversión castrista. Ellos ya habían sufrido, por parte de Cuba, en 1960, el intento de asesinato del presidente Rómulo Betancourt. Contemporáneamente, también visitó secretamente la Argentina una delegación militar francesa para aportar sus experiencias en Indochina y Argelia.
La Argentina, como escenario de la Guerra Fría, había entrado abiertamente en la “guerra revolucionaria”, de la que no saldría por muchos años. Una nueva forma de conflicto de la que la clase política en general descreía. Ni siquiera lo imaginaba. Llamó la atención cómo se pudo establecer una red de abastecimiento, manejada por un oficial extranjero (capitán Horacio Peña) con colaboración logística externa (Abelardo Colomé Ibarra, alias “Furry”), bajo el paraguas protector de un Estado (terrorista) extranjero con capital en La Habana y “colaboración” —como hemos visto hasta ahora— del KGB soviético, que seguía atentamente la conducta de la Inteligencia de la República de Checoslovaquia. Ambos, socios en el Pacto de Varsovia.

En esos días, desde la Central de Praga, el servicio del Ministerio del Interior remitía a La Habana el siguiente texto:
Enviamos la segunda copia de un manual militar para el entrenamiento de unidades contra la guerrilla en la Argentina, a los efectos de que dicho material sea entregado a los amigos cubanos, a los cuales les puede resultar interesante si aún no lo tienen. El entrenamiento en contra de la guerrilla está enfocado justamente en contra del movimiento, sobre el cual los Estados latinoamericanos aseguran que está estimulado por Cuba. A los amigos cubanos podría interesarles de qué modo se están preparando las unidades en estos Estados que tienen por finalidad la represión de los grupos armados.
El documento LK 30/5/64 está firmado y tiene una impresión de sello del MI con el número 00567-64 y, escrito a mano: “Adjuntos: tomo”.
Ya el 17 de marzo de 1964, cuando era de público conocimiento que algo estaba sucediendo en la zona de Orán, Salta, la 1a Sección del 4º Departamento del Ministerio del Interior de Checoslovaquia, a través del informe Nº 45 de esa fecha, firmado por “Dominik”, advertía a La Habana:
Le comunicamos al agente residente que en conformidad con las noticias desde Buenos Aires, dentro del marco de las provocaciones en contra del Partido Comunista de la Argentina la policía “descubrió” un campamento guerrillero de entrenamiento en Cosquín y un depósito de armas y explosivos belgas en Salta. Presuntamente, junto a los detenidos fueron encontrados planos de suministros de armas desde el extranjero, materiales de propaganda cubana, aparatos de recepción y emisión.
Según Gustavo Rodríguez Ostria, profesor de la Universidad Católica de Bolivia, en su trabajo Bolivia en el ciclo guerrillero, 1963-1970. Continuidades y diferencias:
…en los planes preconcebidos, la guerrilla de Masetti funcionaría como catapulta de un levantamiento rural en la región de Tucumán, y debería ser acompañada por otro grupo similar, así como de acciones urbanas a cargo de los equipos trotskistas al mando del “Vasco” Ángel Bengochea, ex militantes de Palabra Obrera (PO), y organizados ahora en las Fuerzas Armadas de Revolución Nacional (FARN). Uno de sus dirigentes, Luis  Stamponi Corinaldesi [(a) “Gerardo”], de 33 años, operaba como responsable del tráfico de armas entre Bolivia y Argentina. […] Stamponi era un importante cuadro de PO. Había formado parte de la expedición a Cuba en 1962, en compañía de Ángel “el Vasco” Bengochea y otros tres trotskistas. Ya libre, se trasladó a La Habana hasta enfriar la persecución.

Ángel Horacio Bengochea
Ángel Horacio Bengochea
Luis Stamponi Corinaldesi
Luis Stamponi Corinaldesi

 

 

“El Furry”, Abelardo Colomé Ibarra

 

Colomé Ibarra Y Guevara
Colomé Ibarra Y Guevara

Uno de los más importantes dirigentes de la “Operación Penélope” desarrollada en Orán, Salta, fue el oficial cubano Abelardo Colomé Ibarra, alias “Furry”, fundador de la Dirección de Inteligencia del Ejército Revolucionario (DIER), jefe de la Policía Nacional Revolucionaria (1962), jefe de la Misión Militar Cubana en Angola, ministro del Interior (1989) y miembro del Comité Central del PCC (1965). Años más tarde, Colomé relataría su tarea en Bolivia a Luis Báez, en Secretos de generales:
…buscar una ubicación para crear una base de apoyo y hacerme de una fachada para recibir el personal, las armas y pasarlos para Argentina. No siempre se iba por el mismo camino. En una ocasión, a la semana de haberlos despedido, los veo que regresan. Me dijeron que aquello era un monte intrincado, salvaje, no había campesinos, ni comida, y que jamás llegarían a su destino. Tuvimos que buscarles otra vía. Con la cooperación de un profesor de Cochabamba compré una finca de cuatro hectáreas en Emborozú, sitio ubicado al sur de Tarija, muy cerca de la frontera con Argentina. Un moro llamado Jandan nos alquilaba un tractor. Contábamos con un jeep Willys y otro Toyota. La comida, la gasolina y el petróleo lo adquiríamos en la frontera.
Báez: ¿Cómo supo de la situación de Masetti?
“Furry”: Al regresar de Argentina, José María Tamayo “Papi” me informó que Masetti se había quedado estancado en un lugar de las montañas de Salta. En unión de “Coco” Peredo, saqué unos pasajes en avión y nos fuimos a la Argentina para tratar de hacer contacto con Masetti.
Báez: ¿Adónde llegaron?
“Furry”: A la casa de uno que le decían “el Cordobés”, que se encontraba alzado con Masetti. Al llegar, la esposa nos comunicó que la Gendarmería lo había cogido preso ese propio día en horas de la mañana, cuando iba con suministros para Jorge Ricardo.

Báez: Según su información, ¿qué fue realmente lo que pasó?
Masetti mandó a “Hermes” Peña y a un argentino a casa de un campesino a buscar alimentos y le dejaron el dinero con el compromiso de recoger los víveres al día siguiente. El hombre se asustó y los denunció. Cuando salieron con los brazos llenos de paquetes, los dos fueron acribillados a balazos. Pienso que Jorge Ricardo Masetti , en su intento de huir, se internó en la selva y murió. A ciencia cierta, nunca se ha podido saber realmente qué le ocurrió.

La explosión en Buenos Aires

El 21 de julio explotaba por accidente la bomba en el primer piso del edificio de la calle Posadas 1168, quedando destrozados por sucesivas explosiones la PB y siete pisos del edificio. Se encontraron, bombas y partes para fabricarlas, munición de varios calibres, una ametralladora PAM, un fusil Beretta, varias armas cortas, más de cien granadas, proyectiles antitanque elementos de comunicaciones, revistas cubanas, literatura marxista, panfletos, planos y croquis de unidades militares, comisarías e ingenios azucareros de Tucumán y del noroeste argentino y Córdoba.
En la explosión murieron terroristas que fueron identificados como Lázaro Saúl Feldman -cabecilla del grupo-, Hugo Pelino Santilli (médico de FOTIA), Raúl Reig y Carlos Schiavello; también murió Angel Bengochea, líder de las FARN (Fuerzas Armadas de la Revolución Nacional), que manifestaba simpatías por el peronismo, aunque su doctrina era trotskista y partidaria del accionar violento.
La documentación hallada permitió establecer la directa relación entre ese grupo y los planes cubanos para el Noroeste Argentino, que desde hacía un año venía montando el EGP de Masetti en Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja, Tucumán, Córdoba y Santiago del Estero, lo que reveló no solamente la existencia de esa célula, sino también una notable capacidad operativa con buena logística, demostrada por la calidad de los trabajos realizados, especialmente en lo referido a los datos de inteligencia de las Fuerzas Armadas y de Seguridad.
Con este descubrimiento se pusieron en evidencia no sólo planes estratégicos y tácticos para la guerrilla rural, sino también la urbana, sobre la base del “Manual del Guerrillero Urbano” del brasileño Carlos Marighella, con lo que se estaba anunciando lo que pasaría después con el estímulo, cooperación e instrucción del Partido Comunista de Cuba.

Carlos Marighella
Carlos Marighella

Años más tarde, en 1999, el hijo del “comandante segundo”, Jorge Masetti (h), quien pasara por las filas del castrismo y del ERP, se fugó de Cuba con su familia y escribió un libro, titulado “El furor y el delirio”. En uno de sus párrafos dice: “Hoy puedo afirmar que por suerte no obtuvimos la victoria, porque de haber sido así, teniendo en cuenta nuestra formación y el grado de dependencia de Cuba, hubiéramos ahogado el continente en una barbarie generalizada.
“Una de nuestras consignas era hacer de la Cordillera de los Andes La Sierra Maestra de América Latina, donde, primero hubiéramos fusilado al enemigo, después a los opositores y luego a los compañeros que se opusieran a nuestro autoritarismo”.

Masetti con sus hijos
Masetti con sus hijos

 

Jorge Masetti (h)
Jorge Masetti (h)

 

FUENTE 

“Fue Cuba”  autor Juan Bautista “Tata” Yofre

One thought on “OPERACIÓN PENÉLOPE : EL INICIO DE LA GUERRILLA EN LA ARGENTINA”

  1. Eramos jovenes…., se nos vino la Guerra !!!!, fueron estas tareas impuestas por las circunstancias, nosotros no estabamos preparados para esto [el enemigo lo sabia], hicimos lo que pudimos con los elementos que teniamos….en realidad no estabamos preparados para este tipo de combate, veniamos de una escuela para la guerra de la II da guerra Mundial, entramos en una como el Vietnan…., nos llevaron a combate en localidades…, vestidos de civil!!!!!, no sabiamos esas cosas, tuvimos que inventar….., lo hicimos bastante bien…., Los DESTRUIMOS, fuimos mejores y finalizo la primera parte de esta bomba de tres tiempos…., ahora …el segundo tiempo sigue complaciendo el negocio de los Juristas “Abogados”, que ganan plata con la desgracia ajena…., no se preocupen Argentinos, el 90 % de los soldados y los mas combatientes, no dejaron rastros…, sabian lo duro del combate y habian leido el Reglamento “El soldado Aislado y la Patrulla”, resistencia a interrogatorio, y evasion y escape.
    Tercer Tiempo, : es mucho mas Duro y definitivo….hacia eso vamos, nacimos patriotas y peleamos como soldados ….., obedecer es nuestro estilo de vida, el mejor enemigo es aquel que esta muerto, quedara alguno????, buena pregunta, porque todos estos giles [ Politicos ???, es una definicion demasiada bondadosa.., Delincuentes ??, es insultar a los que delinquen…, Narcotraficantes…les queda grande….”IDIOTAS UTILES”, eso es!!! ] no tienen idea lo que es el Combate…., por eso algunos como Firmenich, rajaron …es un perejil publicitado, saben cuantos no estan ????, y no estaran en este Tercer Tiempo, Gracias Argentinos.Viva la Patria.

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