Hacia septiembre de 1976, frente a la continuidad de las disidencias internas, la conducción de Montoneros aceptó la “circulación de ideas”, pero rechazó negociar el reclamo de “las partes”. Decidió, en cambio, hacer una “síntesis” de las posiciones rebeldes y conducir la Organización por medio de esa síntesis.
El congreso fue postergado. El argumento fue que, con la represión militar, la convocatoria hubiese significado “un suicidio político”. Además, la Conducción consideraba que el voto era “un procedimiento de tipo excepcional en nuestra organización” y marcaba que la toma de decisiones en los diferentes ámbitos se hacía mediante el “consenso de sus miembros”.
Por eso, para salir de las “desviaciones internistas”, presentó un sistema de votación interna restringido a oficiales superiores, mayores, primeros y segundos. Mediante dos alternativas de votación —que los disidentes calificaron como “falsas opciones”—, la Conducción logró reafirmar la “línea ideológica política del partido” y ratificar su hegemonía política.
Para entonces, Montoneros empezaba a sentir los efectos de la devastación. En octubre de 1976, las Fuerzas Armadas le asestó una sucesión de golpes de los que ya no se recuperaría. Fue a partir de la caída de una militante que llevaba en el doblez de su cartera buena parte de la información sobre las “citas nacionales” —puntos de encuentro de todos los niveles montoneros en el país— y también de las “citas federales”, del Área Federal, la estructura en la que estaban asentadas las secretarías nacionales, dependientes de la conducción montonera.
El valor y el volumen de la información obtenida fueron tales que la Marina —aun en su interés de tener la supremacía de la represión— cedió “blancos” al Ejército para que no perdiera eficacia el circuito represivo.
En dos días cayeron alrededor de cincuenta militantes montoneros. De la Columna Capital Federal, cayó la Secretaría Política, la de Organización y la de Propaganda y Adoctrinamiento. Hasta ese momento Capital Federal se había mantenido casi indemne.
La gravedad del cuadro se explica en el informe que el Secretariado de Zona Capital transmitió a todas sus secretarías, con fecha 6 de diciembre de 1976.
En la semana anterior el enemigo nos ha provocado un número no determinado de bajas. Las que están confirmadas hasta ahora son las siguientes: 1. Secretaría de Organización; 2. secretario de Propaganda y Adoctrinamiento; 3. algún o algunos oficiales de la Unidad Zonal de Informaciones; 4. un número pequeño aún no determinado de activistas y militantes. No conocemos todavía el origen de todas las caídas, tampoco conocemos hasta el momento si existen más caídas de las que mencionamos más arriba. Estamos tratando de discernir qué estructuras y qué compañeros quedan en situación de seguridad comprometida. Este secretariado se hará responsable de la conducción de las Secretarías que hayan quedado sin jefe.
En Columna Norte también cayeron en forma sucesiva dos interventores que habían llegado a corregir posturas disidentes por orden de la conducción. Uno de ellos fue Marcelo Kurlat, “Monra”, hombre de confianza de Firmenich, que había reportado al Servicio de Informaciones y había empezado a trasladar cuadros rebeldes hacia otras columnas y regionales. Cayó en diciembre. Un grupo de tareas de la Marina rodeó su casa de Boulogne, él encerró a su hija en el armario y los enfrentó a tiros. Llegó a la ESMA herido. Allí ya estaba secuestrada su esposa, “Lucy” Carazo, del Área Federal.

Marcelo Kurlat
Marcelo Kurlat
Mercedes Inés Carazo (foto actual en Perú)
Mercedes Inés Carazo (foto actual en Perú)

Con la represión, a seis meses del golpe militar, todas las estructuras de Columna Norte entraron “en emergencia”, un estado de convulsión que implicaba abandonar casas, buscar refugios, suspender citas, trasladar combatientes a otros territorios. Después cayó “Pedro”, Raúl Rossini, otro fugaz interventor, que, a diferencia de “Monra”, se había sumado al reclamo de los disidentes. Cuando iba a buscar a su hijo de 2 años, que había dejado al cuidado de una señora, lo secuestró el Ejército. Hacía dos meses habían matado a su esposa.
Algunos cuadros de Columna Norte fueron llevados a Campo de Mayo, como sucedió con “Pedro”, aunque era usual que a los que pertenecían al Área Federal de Montoneros los trasladaran a la ESMA, como sucedió con “Monra” y también con Pablo González Langarica, “Tonio”, que por medio del Departamento Internacional de Montoneros traficaba armas desde el exterior y había realizado la entrega del dinero del rescate de los hermanos Born al banquero David Graiver, “Dudi”, en Suiza, para que lo introdujera en el mercado financiero legal. Después de distintas técnicas de tortura —inmersión en seco, bajo agua, descargas eléctricas—, a “Tonio” le llevaron a su hija de cinco años a la ESMA para que se decidiera a hablar.

Raúl Rossini
Raúl Rossini
Pablo González Langarica
Pablo González Langarica

En el verano de 1977 la Conducción envió a un último interventor para suspender el funcionamiento de Columna Norte. La idea de “suspensión” significaba cerrar la actividad, abandonar el contacto orgánico entre la Conducción y la columna. Los militantes, cualquiera fuese su grado, que no contaban con el consentimiento de la Conducción para irse a otra provincia o al exterior, permanecieron en la zona norte sin documentos ni dinero, sin armas —si no las habían conservado—, y empezaron a buscar refugio donde pudieron —plazas, obras en construcción—, mientras intentaban escapar de manera “no orgánica” —es decir, sin autorización de la Conducción—, porque el Servicio Internacional del Área Federal demoraba (o impedía) la provisión de documentos para ellos.
Ese último trimestre de 1976, también fue secuestrada en la localidad de Banfield Norma Arrostito, por entonces responsable de Organización de la Columna Sur. Arrostito era una de las fundadoras de Montoneros, y había participado en el secuestro y muerte del general Aramburu. Y aunque la Marina informó que había muerto en combate, y así lo publicaron los diarios, fue conducida a la ESMA como detenida ilegal.

Norma Arrostito "Gaby"
Norma Arrostito “Gaby”

La ciudad de La Plata, que había sido uno de los núcleos más activos de la militancia montonera en el ámbito estudiantil, también fue alcanzada por la represión. En septiembre, un grupo de estudiantes secundarios —en su mayoría de la Escuela Normal Nº 3 y de Bellas Artes—, casi todos ellos ligados a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), de Montoneros, que contaban entre 16 y 18 años y reclamaban la sanción del “boleto estudiantil”, fueron secuestrados en un operativo conjunto del Batallón 601 y la Policía de la Provincia de Buenos Aires, que entonces dirigía el coronel Ramón Camps, y torturados en centros clandestinos.3
No fueron los únicos. También desaparecieron estudiantes comunistas y de organizaciones trotskistas y guevaristas en operativos consumados entre agosto y noviembre para “eliminar el semillero subversivo” en la educación media y universitaria y en el ámbito barrial, según los documentos internos de la policía provincial.
En el ámbito político, en septiembre, fue asesinado el dirigente radical de La Plata, Sergio Karakachoff, que integraba la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), fundada en 1975 en reclamo de las desapariciones.
El operativo de secuestro se produjo en la casa de su socio del estudio, Domingo Teruggi, ex titular de la Federación Universitaria Argentina (FUA). Lo esperaban cuarenta hombres vestidos de civil.
Los cuerpos de los dirigentes radicales aparecieron a la vera de la ruta 36. El frente de la casa en la que velaron sus restos, donde se encontraban Ricardo Balbín y Raúl Alfonsín, fue baleado.

Sergio Karakachoff
Sergio Karakachoff

La de La Plata fue otra de las columnas de Montoneros atravesada por la represión militar. El 22 de noviembre, en una casa del barrio Gambier, cayó la jefa Amalia D’Ippolito, que había sido trasladada de Columna Norte. Junto a ella cayeron los responsables de Política, de Logística y de Propaganda y Adoctrinamiento.

D’ IPPOLITO, Elida Aída
D’ IPPOLITO, Elida Aída

Dos días después se produjo el combate conocido como La resistencia de la calle 30, el de mayor intensidad entre las fuerzas estatales y un grupo de cinco montoneros. En la casa, que tenía la cobertura de un criadero de conejos, estaba la imprenta de la Columna La Plata.
Durante más de tres horas un profesor de Literatura, una estudiante de Letras a punto de recibirse, un estudiante de Arquitectura, un técnico antenista y un médico sostuvieron un combate a fuego contra más de cien efectivos del Ejército y la Policía, en un operativo conjunto supervisado por el jefe de la policía bonaerense, coronel Ramón Camps, y el comandante del Primer Cuerpo de Ejército, general Guillermo Suárez Mason, desde una esquina.
Las fuerzas estatales, que no podían ingresar ni por el frente ni por el patio trasero con las armas automáticas, comenzaron a disparar con un mortero de artillería —que abrió un hueco en el dormitorio—, y desde un helicóptero. Incluso un sector de la casa comenzó a incendiarse. Finalmente, después de que cesara la resistencia, fueron encontrados, debajo de los escombros, los cuerpos de Daniel Mendiburu Eliçabe, Roberto Porfirio y Juan Carlos Peiris. Un cadáver calcinado fue encontrado en el tanque de agua de la casa. Se suicidó con la pastilla de cianuro. En el limonero del fondo de la casa estaba el cuerpo de Diana Teruggi, carbonizado.

Casa de la resistencia Calle 30 1134
Casa de la resistencia
Calle 30 1134 La Plata

El cadáver encontrado en el tanque de agua fue identificado como Alberto Oscar Bossio. La hija de Diana Teruggi, Clara Anahí Mariani Teruggi, de tres meses y medio, fue sacada con vida de la casa de la calle 30. Su abuela, María Isabel “Chicha” Chorobick de Mariani, la busca desde entonces. Murieron dos efectivos policiales.

mariani_teruggi


Hacia fines de 1976 las Fuerzas Armadas ya habían perforado buena parte de la estructura de Montoneros. La Conducción fue autorizada a irse del país, lo mismo que algunos de sus cuadros de mayor confianza.
El primero que se amparó en la orden de “retirada estratégica” fue Firmenich. Se fue en diciembre. Perdía se iría en marzo de 1977. Lo mismo sucedería con Fernando Vaca Narvaja, otro miembro de la conducción, que había escapado de una emboscada de oficiales de la ESMA en las calles de Avellaneda.

Mario Firmenich (1974)
Mario Firmenich (1974)
Roberto Perdía (1974)
Roberto Perdía (1974)
Fernando Vaca Narvaja (1974)
Fernando Vaca Narvaja (1974)

 

 

 

 

 

 

 

Montoneros también preservó a Rodolfo Galimberti, pese a las disidencias: se fue del país en forma orgánica, con una identidad que le proveyó el Servicio de Documentación. Luego, en México, fue obligado a escribir una autocrítica para reintegrarse a la Organización.

Rodolfo Galimberti
Rodolfo Galimberti

En cambio, en diciembre de 1976 había caído Carlos “Pingulis” Hobert, entonces el número 3 de la conducción, y en mayo de 1977 caería Julio “Iván” Roqué, número 4, que había participado en el atentado contra José Rucci. Fue en un combate contra grupos de tareas de la ESMA en una casa de Haedo.

Carlos Alberto Hobert
Carlos Alberto Hobert
Juan Julio Roqué
Juan Julio Roqué

 

Pese a la “retirada estratégica”, y a las caídas, Montoneros se propuso continuar con el hostigamiento contra “el enemigo”.
En el citado documento del 6 de diciembre, la Columna Capital admitía que era imposible “aniquilar a las Fuerzas Armadas enemigas”, pero que debían continuar con el desarrollo de una fuerza militar propia que fuese capaz de hostigarlas, debilitar su avance, contribuir a la movilización del pueblo y alentarlo “para la guerra y la construcción de un Ejército Popular”. En esta etapa, que denominaban de “cerco y aniquilamiento”, planteaban obligar a las tropas militares al desgaste permanente y a la dispersión. Prolongar el enfrentamiento el máximo de tiempo posible para evitar un “triunfo rápido” del enemigo, mientras que Montoneros podría recomponer su poder político y militar, y realizar operaciones sorpresivas.
Montoneros confiaba en la larga duración del enfrentamiento.
Pero más que una estrategia militar, esa era solo una muestra de voluntad transcripta en los documentos, una arenga en medio del desastre. Del Ejército Montonero que había iniciado su conformación en el último trimestre de 1975 y que después del golpe militar se había propuesto encabezar la resistencia armada, solo quedaban “ajusticiamientos” aislados a empresarios y policías, cargas explosivas contra empresas del Estado y multinacionales, y un sinfín de granadas que no llegarían a estallar. Ya no hubo atentados de magnitud, como el que mató al general Cardozo o el de la Superintendencia de Seguridad Federal.
El “gran golpe” con el que imaginaban torcer el destino de la historia, como había sucedido con el secuestro y muerte del general Aramburu, no se produjo.
Las conducciones militares zonales estaban en un traumático proceso de extinción. Sin embargo, la evaluación de la conducción montonera no ahorraría optimismo.
El aniquilamiento previsto por el enemigo para fines de 1976 no se logró y continuamos organizados y encabezando la resistencia popular. Ya comenzamos a percibir el efecto de nuestros sacrificios. La lucha de este año va dando sus frutos. El peor error que se puede cometer es parar el ataque cuando se empieza a debilitar al enemigo,
escribió Horacio Mendizábal, ya convertido en jefe del Ejército Montonero, en una evaluación de abril de 1977 publicada en Evita Montonera.
Pero la calidad de los reclutamientos había ido en descenso. Las condiciones, y los requisitos, para transformar un “colaborador” en un “combatiente” se habían reducido.

Horacio Mendizábal en rueda de prensa
Horacio Mendizábal en rueda de prensa

Según el informe del Estado Mayor Zonal de Capital Federal,no debemos descartar “a priori” a ningún compañero como posible combatiente y además de tener claro el concepto de que “todo hombre del Pueblo que tenga acuerdos básicos con nuestra política y que quiera combatir contra la dictadura debe ser soldado de nuestro Ejército”.
Los únicos recaudos sobre los nuevos combatientes estaban relacionados con la seguridad, para evitar la infiltración. Los nuevos integrantes debían ofrecer su casa como ámbito de reunión y solo conocerían “lo estrictamente necesario para cumplir con las tareas que se les asignen y además deberán realizar una práctica militar paulatina que culmine con su participación en la ejecución de un cana [policía]”.
En el contexto de la desintegración de sus estructuras, además de Columna Norte, otra de las líneas críticas a la Conducción fue la que presentó Rodolfo Walsh, entonces oficial segundo de inteligencia y miembro del Servicio de Informaciones. En ese período, Walsh produjo cinco documentos que respondían a los documentos del Consejo Nacional de abril y de noviembre, que guiaron la política militarista de Montoneros durante todo el año 1976. Walsh criticó la decisión de abandonar la lucha interna en el peronismo —que lo llevó a intentar una alianza ideológica con el ERP-PRT— y la profundización de una estrategia puramente militar en vez de estar al servicio de “la lucha política”. Según Walsh, Montoneros no podía construir un ejército cuando “todavía no tenemos ganada la representación de nuestro pueblo”.
Tampoco creía que “las masas” representaran un espacio seguro para la militancia y, por ende, replegarse en ellas en medio de la represión significaba quedar en posiciones expuestas: “En los barrios nos van a golpear más duro todavía”, indicaba. Montoneros, para Walsh, debía replegarse en el peronismo, que no consideraba agotado sino como el “sujeto principal de la resistencia”, junto a la clase trabajadora.
Por último, hacía una advertencia sobre las Fuerzas Armadas: estimaba que estaban preparadas para encarar la liquidación del aparato partidario en el primer semestre de 1977, un cálculo mucho más pesimista que el de Montoneros, que confiaba en una “guerra larga”.
Cuando concluyó los cinco documentos, Walsh comenzó a preparar una carta que enviaría a Junta Militar en el primer aniversario del golpe de Estado. Se iniciaba así:
1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.

Rodolfo Walsh
Rodolfo Walsh


A lo largo de 1977, del Ejército Montonero que se había propuesto encabezar la resistencia armada a la dictadura, sólo fueron quedando ajusticiamientos de empresarios y policías, hostigamiento a empresas del Estado, reparto de material de propaganda política en colectivos, arengas a cuadrillas de obreros, un sinfín de granadas que no estallaron y la ciega voluntad de no perder el empuje ni la iniciativa. La ciega voluntad de combatir hasta el último día. No hubo más atentados de magnitud pero sí relatos de frustraciones. El gran golpe nunca se produjo, pero desde la Conducción Montonera existía la creencia de que si llegaba a producirse, la realidad se podría modificar. Ese año las conducciones de las secretarías militares zonales iniciaron un traumático proceso de extinción. Los pelotones daban el parte de sus bajas y se reacomodaban en nuevas estructuras. Pese a las caídas, los soldados que se quedaron en la Argentina continuaron el combate, con acciones armadas y de propaganda. Tenían la misión de golpear a las multinacionales y a todas las patronales en las que los obreros estuvieran en conflicto. Debían infundir miedo a los ejecutivos para que aceptaran las reivindicaciones obreras. Notificarles que ya habían sido condenados. Matarlos u obligarlos a irse del país. Sabotear el funcionamiento de las empresas estatales. Durante 1977, en la ciudad de Buenos Aires, estalló un explosivo en el estudio jurídico del ministro de Economía Martínez de Hoz; se lanzó una granada en el patio del Regimiento I de Infantería de Palermo; explotaron “caños” en las oficinas de la empresa Siemens; ametrallaron concesionarios de Ika-Renault, Fiat, General Motors, domicilios de gerentes de empresa; asaltaron el restaurante La Cantina de David para “recuperar” dinero; hicieron estallar un transformador de energía de la empresa estatal de servicios eléctricos, los rieles del ferrocarril Sarmiento; repartieron volantes en estaciones de trenes, bares, panaderías, y reiteraron las consignas de los tiempos de Lanusse: “Luche y se van”. Entre hostigamientos, propaganda y acciones armadas, los grupos de combate de Capital Federal informaron casi cien operaciones que se encuentran detalladas en el parte nacional de operaciones del Ejército Montonero. Con menor intensidad, también operaron pelotones en las zonas norte, sur y oeste del Gran Buenos Aires, haciendo blanco sobre los mismos enemigos y con los mismos recursos: cartas de acción psicológica, sentencias de muerte por vía telefónica, atentados a policías, incendio de vagones de trenes, reparto de propaganda en comedores obreros y hasta la recuperación de un bebé de la Casa Cuna, cuya madre había caído. Fracasara o no, cada acción se contaba y se sumaba al parte de guerra. Mendizábal, que a principios de 1977 se había ido de la Argentina, lo utilizaba como propaganda en el exterior y a través de su artículo publicado en Evita Montonera de abril de ese año, incentivaba a la lucha.

MONTONEROS Y LA OLP

Contactos iniciales con el PJ .

El vínculo inicial se estableció entre Rodolfo Galimberti y la Federación de Estudiantes Palestinos en España en 1972, durante uno de los viajes a Puerta de Hierro del entonces jefe de las “Juventudes Argentinas en Emancipación Nacional” (JAEN, una asociación de corte nacionalista y peronista). Jorge Antonio, de origen árabe, organizó ese contacto para Galimberti (que no formaba parte de Montoneros en ese momento) por expreso pedido de Perón.

Jorge Antonio
Jorge Antonio

Esa reunión inicial fue continuada luego por Galimberti con Mustafá Lacheraf, funcionario de la embajada de Argelia es Bs. As., con el fin de gestionar el suministro de fusiles FAL para la Juventud Peronista (JP) que aquél presidía y que, en definitiva, no llegó a concretarse.(En abril de 1973. Galimberti intentó crear milicias y Cámpora lo hechó de la JP por orden de Perón.).

Mustafá Lacheraf
Mustafá Lacheraf

Relación con Montoneros.

En 1975 Montoneros decidió actualizar y profundizar esa relación para oficializarla y así poder intercambiar “asesoramiento técnico para construir una fábrica de explosivos” por “instrucción militar” de sus miembros en campos de entrenamiento palestinos. En tal sentido se entrevistaron en España Vaca Narvaja ( Responsable de “Relaciones Internacionales” de la organización) y Juan Gelman con Abu El Est, representante de la OLP en ese país.

Durante 1976 nuevamente Vaca Narvaja presidió otra delegación que entrevistó a Faruk Kadummi, secretario político de la OLP, en la que se acordó la instalación de una fábrica de explosivos (exógeno o C2 ) financiada por los palestinos y dirigida por Montoneros ( El Ingeniero Químico Juan Carlos Marín, entre otros) Por su parte la OLP se comprometió a ampliar las relaciones internacionales de Montoneros, especialmente con gobiernos de países del “Tercer Mundo” y con los llamados “Movimientos de Liberación”.

En agosto de 1977 Firmenich y Vaca Narvaja se entrevistaron con Yasser Arafat y Faruk Kadummi. La fotografía de esta reunión, donde el líder palestino aparece flanqueado por los dos jefes terroristas ataviados con uniformes de combate, circuló profusamente por los medios de comunicación de la época,( incluyendo la revista “Evita Montonera”) conjuntamente con una declaración, firmada por ambas partes, en la que se condenaba al “sionismo, al racismo y al imperialismo”.

firmenich-arafat-vacanarvaja

En enero de 1978 y en representación de Montoneros, Miguel Bonasso (diputado nacional a la fecha) y Daniel González cumplieron una visita a Tanzania con el objeto de abrir una delegación permanente de la organización que provisoriamente funcionaría en la oficina de la OLP en ese país y cuya finalidad principal era reforzar las relaciones africanas, en razón de la cantidad de votos que podrían obtenerse en las resoluciones de organismos internacionales, como así también por la importancia de Tanzania como sede del Movimiento de Liberación para el Cono Sur de Africa. Sin embargo el intento fracasó debido a gestiones de la cancillería argentina y a una clara actitud del gobierno de Tanzania, decidido a no involucrarse en problemas que no fueran africanos.

Miguel Bonasso (actual)
Miguel Bonasso (actual)

También durante 1978 trascendieron distintos acuerdos celebrados entre la OLP y Montoneros. Horacio Mendizábal, jefe del “ejercito montonero” y dos miembros de su “estado mayor”, habían viajado al Líbano donde se entrevistaron con Yasser Arafat y Abu Jihad (miembro del comité de Al Fatah) y obtuvieron facilidades para el entrenamiento de un número considerable de militantes y el suministro de armamentos varios, entre los que se destacaban los lanza cohetes RPG7 que al siguiente año emplearían durante la denominada “Ofensiva Táctica” durante el mundial del 78 y la “Contraofensiva Estratégica” de 1979.

Abu Jihad y Yasser Arafat
Abu Jihad y Yasser Arafat

En septiembre de ese año 1978, Montoneros instaló una oficina de prensa en Beirut y comenzó a editar una publicación semanal en lengua árabe. Un mes más tarde se celebró una reunión cumbre del terrorismo internacional en Yugoslavia; allí los representantes de la OLP, Montoneros, IRA, Brigadas Rojas, ETA y Ejército Rojo coordinaron el futuro accionar de sus organizaciones ilegales.

A partir de 1978 la OLP entregó a Montoneros 5 lanzadores RPG7, 15 cohetes y varios fusiles Kalashnikov- todos de fabricación rusa- para dotar a las TEI (tropas especiales de infantería) que constituían uno de los componentes de la nueva organización armada de la organización terrorista.( Ver boletines posteriores referentes a las acciones de 1978 y 1979).

Gracias a su estrecha vinculación personal con Abu Jihad, a la sazón jefe militar de Al Fatal, Galimberti- ya escindido de Montoneros y con organización propia- concurrió al Líbano a mediados de 1979 con el grado de “oficial de la OLP”, como jefe de un pelotón multinacional de voluntarios y a cargo de un puesto de control sobre la línea divisoria de la ciudad de Beirut. En esa misión fue gravemente herido y tras corta asistencia en un hospital de Damasco (Siria), se lo trasladó a Marsella y luego al Hospital Militar de París, por una gestión oficial de miembros del ejército francés donde se restableció.(Larraquy y Caballero, libro “Galimberti, de Perón a Susana.”pag.328).

La OLP era en esa época, la organización terrorista de mayor gravitación mundial por el número de militantes, presencia operativa, capacidad logística y despliegue territorial (75 representaciones en otros tantos países).Recibió mucho apoyo financiero exterior, en especial de la URRS, Argelia, Arabia Saudita, China, Irán, y numerosas entidades europeas y comunidades árabes sitas en occidente. Prácticamente no hubo organización terrorista, revolucionaria, movimiento independentista o de liberación con el que no haya establecido relación, coordinado acciones y ofrecido colaboración para la formación de guerrilleros en sus campamentos de entrenamiento.

Se considera que Montoneros, la sucedía en orden de importancia como organización política revolucionaria armada terrorista.

De la síntesis expuesta, se deduce que la creciente relación de Montoneros con la OLP no tenía sólo como objetivo los intercambios bilaterales sino, en forma especial, aprovechar las oportunidades que le brindaba para aparecer como “una opción política argentina” en el seno de los países árabes y de ese modo incrementar sus relaciones internacionales, para lograr su apoyo en la meta de desprestigiar y aislar al gobierno nacional.

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