Para mediados de 1977 los grupos guerrilleros habían sido diezmados por la ofensiva militar en todos los frentes.

Sólo quedaba Montoneros, organización que para ese momento había “sufrido grandes pérdidas en su aparato político y militar, así como en su apoyo exterior; de sus cuatro jefes nacionales, ha sido abatido uno y otro se asiló”.
En ese año, Montoneros generó innumerables atentados terroristas y ultimó empresarios, oficiales de las Fuerzas Armadas y miembros de las Fuerzas de Seguridad. Pero, también en ese año, la organización fue seriamente diezmada. Un rápido inventario de los diarios de la época marca el grado de su aniquilamiento. Aunque, debe advertirse que las informaciones de los medios públicos, en gran parte, no reflejaban con exactitud toda la verdad. O por lo menos, con los detalles que se conocieron años más tarde.

Ya a partir del comienzo del año , en enero , comenzaron las bajas por enfrentamientos y detenciones.
El miércoles 5, La Opinión informó que cayeron 17 terroristas.10 El jueves 6, La Nación publicó que fueron ultimados 24 extremistas en varios enfrentamientos. El viernes 7, La Opinión informó que habían sido abatidos 12 miembros de la organización Montoneros, entre otros José Pablo Ventura, ex dirigente de la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y Leonardo Bettanin.

José Pablo Ventura
José Pablo Ventura
Leonardo Bettanin
Leonardo Bettanin

Anteriormente había caído Miguel Ángel Zavala Rodríguez.

Miguel Ángel Zavala Rodríguez
Miguel A. Zavala Rodríguez

Ambos habían llegado a diputados nacionales, en reemplazo de Carlos Kunkel y Santiago Díaz Ortiz (renunciaron en 1974 por sus disidencias con la reforma al Código Penal del ex presidente Juan Domingo Perón).

El sábado 8 se informó que el dirigente Dardo Cabo había sido abatido en un enfrentamiento. Cabo, ex jefe de Descamisados, había intervenido junto con Horacio Mendizábal en el asesinato del dirigente Augusto Timoteo Vandor;11 dirigió publicaciones de la organización y cayó preso en 1975 cuando se disponía a cobrar, junto con otros miembros de Montoneros, parte del secuestro de los hermanos Born. Con el tiempo se supo que no murió en un enfrentamiento, sino que le habían aplicado la “ley de fuga”.

Dardo Cabo
Dardo Cabo

El 28 de enero de 1977 Montoneros puso una bomba en la comisaría de Ciudadela en la que murieron 3 policías. En los días siguientes, en hechos distintos, mueren cerca de 40 personas.
El 18 de febrero de 1977, el avión Tango 01 sufrió un atentado mientras carreteaba por la pista de Aeroparque, transportando al presidente Videla y el ministro José Alfredo Martínez de Hoz entre otros funcionarios. El ataque había sido preparado por un comando del PRT-ERP y se lo denominó “Operación Gaviota”. Consistía en hacer explotar una bomba instalada bajo la pista del Aeroparque Metropolitano, a través de las tuberías del arroyo Maldonado. La carga se activó tarde y el avión apenas se conmovió.
Un mes más tarde, sábado 19 de marzo, se informó la caída de María Antonia Berger (a) “Anita”, una dirigente histórica de Montoneros, que había participado de la fuga del Penal de Rawson de 1972, y había salvado su vida tras la matanza del 22 de agosto de 1972.12 (Los otros que lograron salvar su vida fueron Alberto Miguel Camps (a) “Gervasio” o “Felipe”, que cayó el 16 de agosto en Lomas de Zamora, y Ricardo René Haidar, que desapareció en 1981.)

María Antonia Berger
María Antonia Berger

La semana anterior, 11 de marzo, La Nación dijo que el ex diputado nacional Diego Muniz Barreto había muerto en un accidente. No fue así, murió tras ser detenido el 16 de febrero en Escobar.

Diego Muniz Barreto
Diego Muniz Barreto

“La subversión está en retirada”, declaró Luciano Benjamín Menéndez, comandante del Cuerpo III, el 20 de marzo. El 23 de marzo, a través de un Parte de Guerra, el ERP se adjudicó “el ajusticiamiento del capitán de navío Luis María Bardi”.
En el exterior, de uno y otro lado, se observaba con extrema preocupación lo que ocurría en la Argentina. En Le Monde del 27 de marzo de 1977 se publicó una solicitada firmada por numerosos intelectuales y hombres de la cultura de diferentes nacionalidades, en defensa de los derechos humanos de un sector. Entre otros: Lionel Jospin, Michel Foucault, Yves Montand, J.-P. Sartre, Alain Touraine, Simone Signoret, Gian Maria Volonté, Bettino Craxi, Joan Manuel Serrat, Felipe González, Santiago Carrillo, Enrique Tierno Galván, Neil Kinnock y Gunnar Nilsson.
El 22 de abril, a través de los diarios, los argentinos se enteraron de que los jefes de la organización Montoneros habían dado una conferencia de prensa en Roma, en la que presentaron demandas al régimen militar, a la vez que anunciaron el repliegue táctico de su conducción. Hablaron Mario Firmenich, Fernando Vaca Narvaja y Rodolfo Galimberti. También estaban presentes Oscar Bidegain, Ricardo Obregón Cano, Rodolfo Puiggrós, Adriana Puiggrós, Miguel Bonasso, Juan Gelman, Adriana Lesgart y “Lili” Massaferro.
Las ediciones matinales del 20 de abril de 1977 ofrecieron una amplia cobertura a las conferencias que dieron el día anterior, en el Edificio Libertador, los generales Jorge Rafael Videla; Roberto Eduardo Viola (Estado Mayor); Carlos Martínez (Inteligencia) y Luciano Jáuregui (Operaciones). Tanta publicidad sólo era entendible en el marco del descubrimiento de lo que dio en llamarse la “Causa Graiver”. Es decir, había estallado un escándalo de proporciones que extendería su onda expansiva sobre sectores de las Fuerzas Armadas, el periodismo, la sociedad, la política, la diplomacia, la industria y el mundo de los negocios. El ojo de la tormenta pasaba por las actividades que en vida había desarrollado el empresario David Graiver. Entre otras, la administración de los fondos de la organización Montoneros.
“Los fondos montoneros son limpios y su origen claro”, informó el Comunicado N° 14 de la Oficina de Prensa del Partido Montonero, firmado por Jorge H. Salazar. Y entre las ocho páginas expresó que “los montoneros contamos con grandes sumas de dinero. Ese no es un secreto para nadie. Esos fondos se originan en reparaciones económicas pagadas a nuestra organización (y a través de ella al pueblo argentino) por empresas y personas pertenecientes a la oligarquía o imperialismo. Se trata de fondos mal habidos por sus anteriores poseedores. […] Cuando se descubrió que habíamos viabilizado fondos a través de David Graiver, el que entra en colapso es el régimen, no el Partido Montonero. […] El caso Graiver es sólo un episodio de la crisis de la dictadura militar. Ninguno de los dos bandos puede reunificar el fraccionado partido militar si no derrota claramente al otro. Como la corrupción es un tema que salpica a todos los sectores del régimen, los otros enfrentamientos serán sobre otras cuestiones.”
El sábado 7 de mayo, como una muestra más del estado de guerra interna que se vivía, un comando montonero atentó contra el canciller César Augusto Guzzetti en el interior de una clínica privada. Lo abandonaron dándolo por muerto después de pegarle varios tiros en la cabeza, usando una almohada para tapar las explosiones. Fue reemplazado en la Cancillería por el contralmirante Oscar Antonio Montes. El 11 de mayo el general de división Luciano B. Menéndez volvió a hacer declaraciones: “La parte armada de Montoneros y el ERP en toda la jurisdicción del Tercer Cuerpo de Ejército… está absolutamente aniquilada”.
El inventario cotidiano de la violencia también ofrecía explicaciones tras la noticia de las muertes de 17 extremistas: “El comando de Zona 1 informa a la población otro éxito obtenido contra la subversión marxista, gracias a la espontánea y valiosa colaboración de vecinos del lugar, que advirtieron a las fuerzas legales sobre movimientos sospechosos en la noche del 23 de mayo en una vivienda sita en la calle Uriburu 1151 de la localidad de Monte Grande. Ante la advertencia formulada se ordenó en la madrugada del día 24 de mayo una rápida movilización de efectivos…”.
De los altos mandos de la conducción montonera, Firmenich ya vivía en el exterior; Pingulis” Hobert murió en un enfrentamiento en diciembre de 1976 y el 29 de mayo de 1977, en un combate que mantuvo tras ser rodeado, cayó Juan Julio Roqué, “Lino” o “Mateo”. Tenía un largo historial: estuvo vinculado al asalto de un camión del Ejército, donde murió el teniente primero Mario César Asúa en 1971; llegó a Montoneros a través de las FAR (como Quieto y Osatinsky, entre varios); responsable del operativo que termina con el asesinato del general Juan Carlos Sánchez en abril de 1972. Hacía un mes que Roqué había entrado en la Argentina para conducir personalmente a la organización. Como en otros casos anteriores, la Jefatura Militar hizo constar que había caído “ante las denuncias formuladas por los vecinos” de la calle Ceibo 1275 de Haedo. El comando que lo ultimó estuvo conformado por efectivos de la ESMA.

Carlos Alberto Hobert
Carlos A. Hobert
Juan Julio Roqué
Juan Julio Roqué

Como consecuencia de los golpes sufridos, algunos miembros decidieron separarse de Montoneros formulando severas críticas a la conducción nacional a quien catalogaban de “una elite burocrática”. El documento distribuido a los medios lo firmaron Jorge Todesca (a) “Quique”, Juan José Robualdo (a) “Lucas” y Virginia Belaute (a) “Coca” o “Petiza”. A pesar de los golpes sufridos, la conducción de Firmenich, desde el exterior, hizo circular un comunicado advirtiendo: “Usted y todos los de su misma especie o condición, expresión directa de la Oligarquía y los Monopolios argentinos y extranjeros, son para el Partido Montonero Objetivos Militares”.
Frente a los grandes fracasos militares, la conducción montonera se dedicó a la política internacional. Primero aparecieron en Roma con una conferencia de prensa. Luego, establecieron una “oficina permanente” en Dar Es Salam, Tanzania, tras firmar un comunicado con el partido gobernante “Chama Cha Mapindizi”. Hasta establecerse definitivamente compartirían el escritorio con la Organización de Liberación de Palestina (OLP). Luego se dedicaron a visitar las bases de la OLP y Firmenich y su “secretario internacional”, Fernando “El Vasco” Vaca Narvaja, se entrevistaron con Yasser Arafat. Y posteriormente, la organización inauguró una sede en la ciudad de México, con la asistencia de un funcionario de la embajada de la Unión Soviética. Bastó una queja oral del embajador Federico Barttfeld, director de América Latina, para que el gobierno mexicano la cerrara. Estas y otras veleidades los argentinos las pagaban muy caras. Los jóvenes montoneros que los seguían porque ponían el cuero mientras sus conductores paseaban por el mundo. Los dirigentes políticos democráticos, porque ante estas noticias los militares se aferraban aún más al poder, hablando de la Tercera Guerra Mundial.

Fuente: Fuimos todos.Cronología de un fracaso, Juan B. Yofre

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