Jueves 19 de septiembre de 1974
El golpe

Horas de la mañana
Norte del conurbano, provincia de Buenos Aires

8.00 Juan Carlos Pérez, el chofer más experimentado de Bunge y Born, detiene el Ford Falcon de color gris metalizado, con patente C-614832, frente a la casa de Alberto Bosch, gerente de Molinos Río de la Plata. La empresa, una de las tantas ramificaciones del grupo, domina el rubro de alimentos. Pérez busca a Bosch en la calle Iñiguez 3126, de Punta Chica, antes de recoger a los hermanos Born, los herederos del holding, quienes viven a solo diez cuadras, en Béccar, San Isidro.

8.05 Como cada día de lunes a viernes, Jorge y Juan Born, de 40 y 39 años, dejan las viviendas que habitan con sus familias: ambos están casados y cada uno tiene cuatro hijos. Se encuentran con el chofer sin pisar la vereda: sus casas se ubican dentro de una manzana amurallada con puntos de vigilancia en cada esquina, a la que se ingresa por la calle Florencio Varela al 672. Adentro, las dos mansiones comparten una pileta de natación olímpica y una cancha de tenis. Ocupan un terreno alto, que permite una vista magnífica al Río de la Plata.

8.11 Con los herederos en el asiento trasero, Pérez dirige el auto, como es su rutina, hacia la Avenida del Libertador a la altura del 17.000, en dirección al sur. El equipo de seguridad de Bunge y Born ha evaluado que el tránsito tupido —habitual en la mayor vía de ingreso a la ciudad de Buenos Aires desde la zona norte del conurbano— protege a los hermanos: nada que ocurra sobre Libertador puede pasar inadvertido.
Viajan hacia la casa central de Bunge y Born, en Lavalle entre 25 de Mayo y Leandro N. Alem: un edificio de once pisos encargado al arquitecto belga Pablo Naeff en el estilo neogótico flamenco que evoca el paisaje natal de los fundadores de la compañía, comerciantes de cereales del puerto de Amberes. Los dueños lo llaman, simplemente, La Maison: La Casa.

8.12 El auto de custodia los sigue a quince metros: una distancia lo suficientemente holgada como para que pueda frenar sin chocar mientras avanza a una velocidad promedio de sesenta kilómetros por hora, pero al mismo tiempo estrecha como para impedir que otro auto se interponga. Fernando Huebra, suboficial retirado del Ejército de 57 años, conduce el Ford Falcon con patente C-095572, también de color gris metalizado; lo acompaña Conrado Santoro, de 40 años, empleado de la agencia de seguridad Rastros.
Las placas de los dos coches terminan en número par: desde el 21 de marzo, una medida para bajar el consumo de combustible prohíbe que los jueves circulen vehículos con número impar. A Born y a sus choferes poco les importa la campaña “Martes ahorran las chapas pares. Jueves las impares”: cuentan con una flota de cinco Ford Falcon, un Peugeot 504 y otro 404, y rotan entre ellos según las limitaciones de cada día.

8.13 Un tercer auto, que no ha llamado la atención de Pérez ni de los custodios, se acomoda detrás para seguirlos. Sus ocupantes saben que ninguno de los Falcon se apartará del curso de la Avenida del Libertador: el Servicio de Informaciones de los Montoneros ha estudiado el recorrido de los Born al detalle y recomendó que la operación se realice uno de los días de menor circulación de coches: martes o jueves gracias a las restricciones.

8.16 Falta un kilómetro para que la comitiva pase frente a la Quinta de Olivos que ocupan la presidenta Isabel Perón y el ministro de Bienestar Social, José López Rega. El tercer auto se adelanta a los otros dos. Cruza la calle San Lorenzo un minuto antes que los hermanos Born.
Ese movimiento pone en marcha la Operación Mellizas.

8.17 Un operario de casco amarillo, pantalón y camisa arena, avanza sobre la avenida con otros dos hombres vestidos de mameluco. Su intención es cortar el tránsito de Libertador en la mano hacia la ciudad de Buenos Aires, antes de cruzar San Lorenzo. Entre los tres colocan un semáforo portátil idéntico a los de Vialidad Nacional (una luz verde y otra roja sobre un palo que sale de un tacho de aceite al que han pintado de amarillo, donde va la batería), un cartel de “DESVÍO” y otro de “GAS DEL ESTADO”.

8.18 Se instalan como si se dispusieran a comenzar una reparación en la vía pública. Agitan banderas para hacer que los dos Ford Falcon plateados —el de los hermanos y el de los custodios— se desvíen y giren a la derecha. El semáforo cambia al rojo para detener al resto de los autos.

8.20 De improviso, en la Avenida del Libertador aparece un coche Torino de color rojo; una sirena encendida y una antena corta en el techo revelan que pertenece a las fuerzas de seguridad. La irrupción de un elemento azaroso en el teatro de operaciones pone en alerta al equipo de protección de la guerrilla peronista: otros tres hombres de mameluco, con picos y palas, que simulan trabajar en la vereda y esconden entre sus pertenencias una pistola ametralladora y un Fusil Automático Liviano (FAL).
Los Montoneros habían montado el operativo otras dos veces, y ambas lo habían levantado por considerar que no se cumplían las condiciones óptimas para el secuestro. Esta vez no querían fallar.
Con gestos ampulosos y mientras agita un trapo, el presunto operario de casco amarillo le indica al conductor del Torino que puede seguir su ruta hacia la ciudad, y el auto pasa de largo. Luego vuelve a colocar el semáforo en rojo para aislar a los hermanos Born durante dos minutos.

8.22 Los militantes, caracterizados de trabajadores con picos y palas, doblan hacia las calles donde se hará la emboscada. Deben cubrir ahora a los dos equipos de ataque que esperan para entrar en acción.
Los autos que manejan Pérez y Huebra avanzan una cuadra y giran de manera obligada a la izquierda. San Lorenzo se interrumpe en las vías del Ferrocarril Mitre: no les queda otra alternativa que tomar la calle Ada Elflein. Cuando doblan se topan con más carteles apoyados sobre caballetes —uno dice “PELIGRO”, otro “GAS DEL ESTADO”— que anulan el segundo carril y los obligan a moderar la velocidad.
Ajenos a todo lo que ocurre, los hermanos Born leen los diarios. La Central General de Trabajadores (CGT) participó de una reunión con la presidenta y su gabinete en la Casa de Gobierno: le pidió que convocara a una Gran Paritaria Nacional y decretó un paro para el día siguiente por un aumento salarial que compensase la inflación. Mario Roberto Santucho anunció represalias por las bajas que el ERP sufrió en la provincia de Catamarca. En Córdoba enterraron al ex vicegobernador, Atilio López, asesinado por la Triple A. El caos de cada día.
Cien metros más adelante, en el cruce de Ada Elflein con Acassuso —un paisaje de casas bajas y veredas arboladas de un barrio muy tranquilo— aguarda Roberto Quieto, el responsable militar de toda la operación, Oficial Superior de los Montoneros.
No ha leído las noticias del día. Está a punto de crear una de impacto internacional.

Los carteles falsos de empresas públicas que usaron los Montoneros para desviar el tránsito.

Mapa de la emboscada
Mapa de la emboscada

Mapa de la emboscada publicado en un suplemento especial de Evita Montonera del año 1975 sobre Operación Mellizas.
8.23 Quieto aplasta contra el piso la colilla de un cigarrillo Particulares sin filtro y acciona su cronómetro.
0:00.
Disponen de dos minutos.

0:15 Dos camionetas —una amarilla, otra azul— esperan estacionadas sobre Acassuso. Aceleran y entran a contramano en Ada Elflein, justo delante de un cartel publicitario con un afiche de Ginebra Bols.

0:20 La Chevrolet de matrícula B-1.046.777 embiste de frente al auto en el que viajan los hermanos Born.

0.21 La Dodge con patente B-837.976 choca, también de frente, al auto de los custodios.
Detrás de las cabinas de ambas camionetas asoma una estructura rectangular grande, recubierta con una lona oscura y un cartel que dice “Entel” a cada lado, como si estuvieran al servicio de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones. La lona oculta el peso extra que le han agregado a los vehículos para garantizar la contundencia de los impactos que acaban de ocurrir. También se han reforzado los cinturones de seguridad para proteger a los conductores.

0.24 Cada uno de los grupos de ataque —dos unidades de cinco hombres, incluido el chofer de la camioneta— se dirige hacia el auto que tiene asignado, con las armas en alto. Ambos abren fuego.
En un gesto reflejo, Jorge y Juan se agachan.
Acaso Pérez o Bosch intentan accionar el botón de alarma, ubicado bajo la guantera, que se había agregado al Falcon; no lo logran. Una ráfaga de ametralladora hace añicos el parabrisas. El gran agujero que se abre donde estaba el vidrio permite ver que se han quedado inmóviles.

 

El parabrisas y las ventanillas del auto de los herederos, tras las ráfagas de ametralladora.
El parabrisas y las ventanillas del auto de los herederos, tras las ráfagas de ametralladora.

0:35 Rodolfo Galimberti, jefe de la Columna Norte de los Montoneros, da las órdenes mientras Quieto supervisa la operación.
—¡Alto, comunistas! —gritan sus hombres.
Los equipos de ataque visten los uniformes azules y la gorra de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
—¡Comunistas hijos de puta!
El equipo de planificación había concluido que la emboscada se desarrollaría en territorio enemigo: un barrio de familias ricas —oligarcas en la jerga de la guerrilla peronista—, aliadas naturales de Bunge y Born. Por eso planearon engañar a los vecinos: simulan un operativo oficial contra las fuerzas subversivas. Un ojo experto los habría descubierto: entre sus armas portaban una ametralladora Madsen, de origen sueco, ajena al arsenal policial. Pero nadie observa el detalle y la farsa continúa:
—¡Dejame que a este comunista lo mato yo!

0:45 En un movimiento sincronizado, los equipos de ataque abren las puertas de los asientos ocupados en ambos autos.

1:00 Los custodios, confundidos, gritan que ellos no son comunistas, que pueden aclarar el equívoco. Los Montoneros disfrazados de policías les ordenan que coloquen las manos sobre el volante y la guantera, y en seguida los obligan a arrojarse boca abajo en el asfalto con los brazos detrás de la espalda.
Dos uniformados inmovilizan a Huebra y le arrebatan la pistola calibre 45 que había utilizado mientras prestó servicios en el Ejército, antes de que la fuerza cambiara a las 9 milímetros. Lo dejan esposado.
Los otros dos integrantes de ese equipo tienen más trabajo con Santoro, un hombre muy corpulento. Uno de ellos amaga con disparar, pero el otro se lo impide con un gesto: le han sacado el revólver Dillon calibre 32 que le había provisto la agencia de seguridad: aunque se resista un poco, el custodio ya está reducido.

1:15 Un manotazo arroja al piso a Pérez, y otro a Bosch.
Jorge Born baja del auto por sus propios medios, aunque aturdido. Mientras lo esposan, observa que su hermano sale corriendo, en un intento inútil por escapar:
—¡Pará, Juan! ¡Paraaaá! —le grita.
Teme que lo baleen por la espalda. Pero lo atrapan de inmediato.

1:30 Con el rabillo del ojo Jorge Born alcanza a ver a Bosch, su amigo desde el jardín de infantes. Tiene sangre en la boca, pero es difícil evaluar su situación apenas con un atisbo.
Su perspectiva le impide observar que Pérez, el chofer, también ha quedado tendido sobre el asfalto, y pierde sangre.

1:35 Los hermanos reciben la orden de caminar. Dan unos pasos y les tapan la visión con una capucha. Los coches de escape —tres en total— se encuentran estacionados unos metros más adelante, sobre la calle Ada Elflein, al cruzar Acassuso. Cuatro ocupantes por auto, doce en total: los diez miembros de los equipos de ataque más los hermanos Born. Arrancan.

Quieto detiene el cronómetro: marca 1:45.
Misión cumplida.

8.25 Para no correr el riesgo de verse limitados a una vía de escape única, los Montoneros han dispuesto un auto en una calle con salida hacia la Avenida del Libertador. Al volante, una joven rubia de ojos celestes espera por Quieto y los tres operarios del equipo de protección.
Jorge Born siente el golpe seco de la culata de una ametralladora contra su cabeza. Ya estaba confundido; ahora ha quedado mareado. Cree que Juan va a su lado, pero las imágenes del hermano a toda carrera se mezclan con las de su amigo herido…
El coche que los transporta, y los otros dos designados para el escape, avanzan una cuadra hasta la calle Roma y giran a la izquierda. El camino para cruzar la vía está despejado.

8.26 Alberto Luna, el guardabarreras de turno en ese paso, actúa bajo las órdenes de dos jóvenes vestidos de pantalón y saco que diez minutos antes han ingresado a su cabina para exigirle —a punta de pistolas de calibre grueso, 45 o 9 milímetros, como las reglamentarias de la policía— que cumpla unas pocas instrucciones.
Luna ha dejado que pasen dos trenes; en ese momento escucha tiros y un estruendo. Los militantes le indican que se interponga en la vía con su bandera y la agite para interrumpir a los vehículos que van hacia la Avenida del Libertador. De esa manera queda aislado el teatro de operaciones, mientras ellos mantienen la barrera alta para que el tránsito fluya en la dirección contraria, a la espera del auto que transporta a los Born.
Por eso habían elegido esa locación para la emboscada: permitía un escape fácil hacia la Avenida Maipú. Al otro lado de Libertador, en cambio, habrían quedado encerrados contra el río si algo hubiera salido mal.

8.27 Por el meneo del auto Jorge Born comprende que cruzan una vía. Ha de ser el Ferrocarril Mitre… pero ¿en qué dirección cruzan?
El guardabarreras recibe la orden de regresar a la garita y la indicación de no mirar atrás.

8.28 Mientras avanzan por la calle Roma en dirección a Maipú, los guerrilleros les quitan a los hermanos sus relojes y sus zapatos con cordones. Según el Manual Único de Instrucciones Tácticas para Operaciones Especiales, los tacos o el mecanismo de los Rolex pueden esconder un dispositivo de rastreo geográfico.
Todo ha salido según el plan. Solo les resta dejar a los Born en el lugar donde permanecerán cautivos y devolver las armas y los coches en los sitios ya designados. Algunos volverán a sus trabajos, meras coberturas para la militancia; otros permanecerán en la clandestinidad más absoluta.

8.30 En la comisaría 1ª de Vicente López, Provincia de Buenos Aires, suena el teléfono. Atiende el oficial principal Oscar Trejo.
Aunque esposado por la espalda, uno de los custodios ha logrado que un vecino confíe en su historia, lo ayude a liberar las manos y le permita hablar con la policía.
Informa que se acababa de producir un tiroteo en Ada Elflein entre San Lorenzo y Acassuso. Que cuatro autos han quedado abandonados sobre Ada Elflein e impiden la circulación. Que se han llevado a dos personas secuestradas. Que hay por lo menos dos heridos de gravedad. Que un médico que pasaba por el lugar ya ha llamado a la ambulancia. Los llevarán al Hospital de Vicente López.

8.33 El comisario a cargo, Rodolfo Trentini, el oficial Trejo, dos sargentos y un cabo encienden las sirenas de dos patrulleros y se dirigen al lugar.


13 horas
Servicio de Informaciones de la Provincia de Buenos Aires

Parte a: la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado) – Seguridad Federal – Comando del Primer Cuerpo del Ejército – Jefe de Inteligencia – Batallón 601 – Asuntos Policiales del Ministerio del Interior – Comisión Nacional de Inteligencia.

SAN MARTÍN – LA LUCILA
Carácter: MUY URGENTE

En la fecha, siendo las 8.30 horas, en la localidad de La Lucila, calle Ada Enfle (sic) y Acassuso de Olivos, 15 N.N. armados con armas largas, quienes vestían uniformes de obreros de la empresa ENTEL y viajaban en dos camionetas, una con inscripción de la citada empresa.
Detuvieron el automóvil en el que viajaban Jorge y Juan Born, de la firma BUNGE Y BORN, los que fueron secuestrados, asimismo en el vehículo viajaba un alto ejecutivo de la empresa MOLINOS RÍO DE LA PLATA el cual fue herido junto al chofer de apellido Pérez.
Los mismos fueron hospitalizados en el nosocomio de VICENTE LÓPEZ, dejando de existir poco después. Al parecer los disparos fueron efectuados con escopetas ITAKA.
Se ampliará.

La camioneta con peso extra en la parte trasera que embistió contra el auto de los Born.
La camioneta con peso extra en la parte trasera que embistió contra el auto de los Born.

Horas de la tarde
Avenida del Libertador al 3500, Capital Federal.
Residencia de Jorge Born II y Matilde Frías

Aunque los vespertinos han dado la noticia, ni la familia Born ni la empresa han denunciado los hechos. No confían que el desgobierno de la viuda de Perón pueda garantizar la vida de los herederos. Prefieren esperar a que un llamado de los secuestradores les diga quiénes son y qué quieren.
Por la trascendencia del caso, se han sumado hombres de la Brigada de Investigaciones y del Servicio de Informaciones de la Provincia de Buenos Aires al trabajo que realiza la comisaría 1ª de Vicente López.
La familia no coopera.
Bajo instrucciones de Jorge Born II, sus nueras han sacado a los chicos de la escuela y no han regresado a sus casas. Un patrullero de la Policía de la provincia de Buenos Aires llega a la mansión de Béccar para hablar con la familia de los secuestrados, pero un guardia le informa que no hay nadie.
El gerente de Relaciones Laborales de Molinos Río de la Plata le facilita a la policía dos números de teléfonos a los que podrían llamar los secuestradores. De inmediato se solicita la intervención de esas líneas con fines de escucha vigilada.

Extractado del Capítulo 1 del libro Born de María O´Donnell

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