Nace la Triple A. El “Documento Reservado”
(que se hizo público)
Para muchos el acta fundacional de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) fue el 1º de octubre de 1973, seis días más tarde del asesinato de José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT, durante una reunión que presidió el propio Juan Domingo Perón como presidente electo de la Nación. Estuvieron presentes Raúl Lastiri (en ese momento presidente interino de la Nación); los ministros del Interior, Benito Llambí, y de Bienestar Social, José López Rega; el senador nacional y secretario general del PJ, José Humberto Martiarena, fue el que leyó el trabajo, y los gobernadores y vicegobernadores que, por las dudas, llegaron con los textos de sus renuncias en los bolsillos y respiraron con alivio cuando observaron que la cumbre no era contra ellos. Su concurrencia —sin excluir a los cinco que estaban enrolados en la “tendencia revolucionaria”— obedecía a la obligación que adquirirían para implementar en todo el territorio nacional el funcionamiento de una estructura especial, encargada de defender al gobierno y al Movimiento e impedir por la fuerza cualquier acción en su contra.
En la ocasión, Perón reiteró a los presentes que “tendrán la más amplia libertad de elección de sus colaboradores… y que la aptitud es la primera condición para justificar un nombramiento en áreas de responsabilidad técnica e, incluso, política”, pero una sola excepción debe tenerse en cuenta: “la de los militantes de la ultraizquierda que llegan al peronismo en función del copamiento”. Tras la cumbre, cada uno de los presentes se llevó una copia de un “Documento Reservado” que fijaba directivas para terminar con el “entrismo” de la izquierda. En otras palabras, se creó a la vista de toda la sociedad un Estado al margen de la ley dentro del propio Estado de derecho.
En el primer punto se definía al enemigo: “El asesinato de nuestro compañero José Ignacio Rucci y la forma alevosa de su realización marca el punto más alto de una escalada de agresiones al Movimiento Nacional Peronista, que han venido cumpliendo los grupos marxistas terroristas y subversivos en forma sistemática y que importa una verdadera guerra desencadenada contra nuestra organización y contra nuestros dirigentes. Esta guerra se ha manifestado de diversas maneras”.
A renglón seguido se observaba: “Ese estado de guerra que se nos impone no puede ser eludido, y nos obliga, no solamente a asumir nuestra defensa, sino también a atacar al enemigo en todos los frentes y con la mayor decisión. En ello va la vida del Movimiento y sus posibilidades de futuro, además de que en ello va la vida de los dirigentes”.
Otra de las directivas establecía: “Se utilizarán todos los medios que se consideren eficientes, en cada lugar y oportunidad. La necesidad de los medios que se propongan será apreciada por los dirigentes de cada distrito”.
Para aquellos miembros que no obedecieran las directivas se contemplaban sanciones: “La defección de esta lucha, la falta de colaboración para la misma, la participación de cualquier clase en actos favorables al enemigo y aun la tolerancia con ellos, así como la falta de ejecución de estas directivas, se considerará falta gravísima, que dará lugar a la expulsión del Movimiento, con todas sus consecuencias”.
El documento fue publicado en La Opinión del 2 de octubre de 1973 bajo el título “Drásticas instrucciones a los dirigentes del Movimiento para que excluyan todo atisbo de heterodoxia marxista”. Nadie desde el poder lo desmintió, ni lo negó. El 13 de octubre de 1974, renunció el ministro de Educación, Jorge Taiana, y Rodolfo Puiggrós, rector de la UNPBA (antes y después UBA), fue reemplazado por el conservador Vicente Solano Lima. La respuesta de Montoneros llegó once días después: se fusionó con las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), una organización guerrillera con marcada orientación marxista.

Extractado de Nadie fue de Juan B. Yofre

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