FAL: Regimiento de Infantería “Patricios”

El 5 de abril se produjo el copamiento de un vivac del Regimiento de Infantería  ‘Patricios’ en la Guarnición de Campo de Mayo, por un comando terrorista que, aunque la operación fue perfecta, logró llevarse pocas armas, pues el día anterior se habían retirado de allí 700 fusiles de asalto FAL. Con esa operación, ‘firmada’ un año después por el Frente Argentino de Liberación (FAL – ELN sector 2: ex militantes del Partido Comunista Argentino), irrumpía en el escenario político una organización de tipo paramilitar que, al atacar al Ejército, declaraba formalmente la guerra al Estado.

Sábado 5 de abril de 1969

Guarnición Campo de Mayo. Provincia de Buenos Aires

El Teniente General Juan Carlos Onganía preside el gobierno surgido del golpe de Estado de junio de 1966

A las 03:00 horas un Jeep conducido por un Sargento acompañado de un Teniente Coronel y seguido por un camión Unimog con diez soldados, atravesó la Puerta 4º de la gigantesca Guarnición de 8.000 hectáreas y se dirigió al vivac donde acampaban tropas del Regimiento de Infantería 1 ‘Patricios’ en periodo de instrucción de tiro.

Tras desarmar al personal de guardia se dirigieron a la carpa donde, según sus informaciones, había 700 fusiles FAL; pero para su sorpresa sólo encontraron cuatro y una pistola Ballester Molina (1). A continuación, con la misma serenidad y sigilo con la que entraron en la Guarnición y controlaron la situación (60 soldados que dormían en otras carpas no se enteraron de nada), se retiraron cortando las alambradas del perímetro, se quitaron los uniformes y se dispersaron dejando allí los falsos vehículos militares.

El Comando General del Ejército recién hizo público el suceso el día ocho, y el doce relevó por negligencia al jefe del Regimiento, Coronel Hugo Omar Elizalde. De todos modos, los diarios se limitaron a mencionar un intrascendente “intento fallido de desarmar a un centinela en la guarnición de Campo de Mayo”. Algo que, por cierto, en esos meses había sucedido en tres unidades e instalaciones militares.

1- Causa N° 8.897/69 del Juzgado Federal en lo Criminal Correccional N° 1 de San Isidro, a cargo del juez Jorge Luque.

Nadie reivindicó esta acción. El misterioso grupo o comando lo haría un año después, y forzados por las circunstancias, pues como norma venían operando bajo un estricto anonimato desde el 16 de junio de 1962, día en que robaron del Instituto Geográfico Militar 44 pistolas y 5 subfusiles por el simple procedimiento de forzar una ventana. Posteriormente, tras una larga etapa dedicada a tareas organizativas y a estafas bancarias para financiarse, el 10 de diciembre de 1968 robaron 56.000.000 de pesos del Banco Popular Argentino, sucursal Liniers, Capital Federal. También con la misma facilidad y sin disparar sus armas; entraron por una ventana y esperaron todo un fin de semana a que el lunes llegara el director y abriera la cámara acorazada.

De esta operación en Campo de Mayo pueden sacarse dos conclusiones: militarmente hubo buena planificación y perfecta ejecución, aunque malogradas por una información no actualizada respecto a las armas (2). Políticamente supuso un humillante desafío al Ejército y al Estado: que un grupo armado de civiles insurgentes penetrara en la principal Guarnición del país, se retirara ordenadamente sin que se activara ninguna alarma (y por azar sin 700 fusiles), demostró la increíble vulnerabilidad de un Ejército que no podía garantizar la seguridad de sus cuarteles. Algo que en los años siguientes se confirmaría nada menos que en siete ocasiones, correspondientes a otras tantas unidades copadas por fuerzas insurgentes: tres Batallones, un Regimiento, una Guarnición, un Comando (sanidad), y una Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos, que pudieron ser ocho si una compañía del ERP no hubiera sido detectada cuando se aproximaba al Regimiento de Infantería Aerotransportada 17 en Catamarca.

2- En entrevista publicada por el diario oficial cubano GRANMA en diciembre de 1970, uno de los fundadores del grupo, Carlos Alberto Malter Terrada, contó que luego se enteraron de que los 700 fusiles se habían trasladado el día anterior a otra dependencia de la guarnición.

Pero la euforia por una operación, que a pesar del magro botín fue perfectamente ejecutada, se convirtió en pánico pocas horas después, cuando uno del grupo comentó a sus compañeros que había comprado legalmente los neumáticos del camión en un taller donde conocían su identidad.

Tras esta noticia (los neumáticos tenían numeración) todos pasaron a la clandestinidad, menos Juan Carlos Cibelli, empleado de banca y ex militante del Movimiento Izquierda Revolucionaria PRAXIS. Se tomó esa decisión porque Cibelli vivía en una casa ignorada por el resto del grupo, donde se guardaba el armamento del Instituto Geográfico Militar y el dinero del Banco de Liniers.

Sin embargo, debido a la eficacia de la investigación policial que, como era de esperar, se inició con los neumáticos, el 7 de mayo de 1969 la División de Asuntos Políticos de la Policía Federal detuvo a Cibelli, pero a pesar de ser torturado no ‘cantó’ la casa de seguridad y logró convencer a sus interrogadores de que era un pobre diablo que solo conocía superficialmente a las personas que le nombraban. De todos modos, el juez Jorge Luque lo recluyó en la cárcel de Olmos por asociación ilícita.

Al año siguiente (16.03.1970) la Policía de la Provincia de Buenos Aires allanó un galpón en la calle San Vicente Nº 116 de Luján, alertada por los vecinos que veían movimientos raros y una enorme antena de radio. Allí encontraron a uno de los prófugos (Carlos Della Nave) camuflando dos camionetas como de la Fuerza Aérea que el grupo pensaba utilizar en una próxima operación: un tren pagador del Ferrocarril San Martín con 150.000.000 de pesos. Asimismo, hallaron uniformes de la Fuerza Aérea, explosivos, material quirúrgico y un radio-transmisor. Esa noche dejaron una guardia que al día siguiente capturó a Alejandro Baldú (el comprador de los neumáticos). Tras ser torturado por ‘la bonaerense’ durante una semana, Della Nave fue derivado por el juez Jorge Luque a la División de Asuntos Políticos de la PFA, donde siguieron picaneándolo.

Por aquellos días, una célula terrorista que operaba en la Capital Federal bajo el liderazgo de Luis María Aguirre (alias ‘Zárate’, ‘Tato’ y ‘Lucho’), médico pediatra del Hospital Rawson y del Policlínico de Lanús, tenía refugiados en una casa de seguridad a todos los prófugos del grupo de Cibelli: Bjellis, Malter Terrada, Henríquez, Baldú, Della Nave y otros.

Para que dejaran de torturar a Della Nave y apareciera Baldú, ambos grupos secuestraron en marzo al cónsul de Paraguay en Ituzaingó, Prov. de Corrientes, Waldemar Sánchez, y tras unirse en una organización bautizada Frente Argentino de Liberación, distribuyeron un comunicado reivindicando el secuestro y exigiendo que Baldú y Della Nave fueran mostrados ante la prensa. Dos días después, el juez Jorge Luque exhibió a Della Nave en Coordinación Federal y dijo que Baldú era un fugitivo de la Justicia. El 27, las FAL emitieron un segundo comunicado reivindicando el asalto a Campo de Mayo, y el fallido y menos conocido al Regimiento de Infantería 7 de La Plata (23.12.1969). Al día siguiente, tras comprobar que Della Nave vivía, y dar por hecho que Baldú había sido asesinado, liberaron al cónsul.
Hasta que salieron a la luz como FAL, el grupo de Cibelli era conocido en ambientes de la extrema izquierda como ‘la organización’, y el de Aguirre como ‘el francés’.

Durante estos hechos que dieron origen a las FAL, surgieron otros grupos faluchos como el ‘Benjo Cruz’ en La Plata y ‘Máximo Mena’ en Córdoba. También se formaron pequeños grupos en Rosario, Tucumán y Mendoza que apenas llegaron a operar. Más adelante, el Frente Argentino de Liberación fue rebautizado definitivamente como Fuerzas Argentinas de Liberación. Todos estos grupos o comandos eran autónomos, pero compartían armas, dinero y vehículos robados. Recurriendo a un símil actual, podría decirse que las FAL fueron una franquicia, o una Red, tipo Al Qaeda.

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